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jueves, 05 de agosto del 2021

Las nostálgicas páginas literarias

Las páginas literarias de mediados del siglo pasado y un poco del presente, fueron hermosos tiempos del Periodismo Cultural. Un día, sin decir agua va, los llamados grandes Medios de Comunicación Social (MCS) impresos, dejaron atrás una estela de verdadero servicio socio-cultural, cuando, casi de manera simultánea, clausuraron sus tradicionales páginas o suplementos literarios de los fines de semana.

Una trayectoria de varias décadas, que satisfacía los afanes y las aspiraciones de los amantes del arte y la educación.

Aquel Periodismo Cultural, que venía desde hacía muchas décadas, contribuía al desarrollo socio-cultural-educativo del país. Eran las páginas literarias de los principales  periódicos: “Filosofía, Arte  y Letras”  y “El Magazine” de El Diario de Hoy; “Revista Dominical” de La Prensa Gráfica; “Sábados de Diario Latino”; Página Literaria sabatina de Tribuna Libre, todas acertadamente conducidas por excelentes escritores, algunos mencionados a continuación, indistintamente del medio: Luis Mejía Vides, José Enrique Silva, Ricardo Trigueros de León, Juan Felipe Toruño, Luis Fuentes, Aldef, Rolando Elías y Serafín Quiteño, entre otros.

Deleite del espíritu de todas las edades, yo las releía con fruición en mi niñez-adolescencia, allá en mi natal Villa El Rosario, al norte de Morazán.

También, aunque de vida efímera, hubo páginas y colaboraciones desinteresadas y de mucho valor, casi siempre sin remuneración para los artistas que las mantenían. Una quijotada, por amor al arte. Por espacio y tiempo, imposible una referencia completa de todos los medios y paginas literarias, de entonces y de toda época. 

Hoy, aquellas páginas, que antes eran surtidores de expresiones artísticas, son apenas amargo recuerdo. A veces, pasan totalmente desapercibidas. Y cuando no, sin informaciones de importancia, en las ediciones de cada día, son apenas remedo de aquellas páginas, con rellenos casi al final del periódico, entre amplias informaciones de espectáculos, por no dejar de poner algo que parezca cultural.

A partir de los años sesenta, ajenas a los grandes medios, injustamente llamados grandes (la grandeza no se mide por el potencial económico ni por la gran cantidad de páginas), conocí varias de las revistas y paginas literarias existentes. También fui colaborador de algunas.  

Hasta mis recuerdos, en los primeros meses de aquellos años y siguientes circularon: la Revista “Gallo Gris”, dirigida por el poeta Oswaldo Escobar Velado; “Vida Universitaria” y “La Pájara Pinta”, órganos literarios de Extensión Universitaria de la Universidad de El Salvador(UES); la Revista “Tastalutz”, del Círculo Universitario Oswaldo Escobar Velado, del cual formé parte; la “Página Literaria de la Asociación de Escritores Salvadoreños (AES)”, de cuya plana de redacción también formé parte; la “Página del Taller Francisco Díaz”, mantenido por el grupo del mismo nombre; “El Gato en el Mundo”, de diario El Mundo y otras. De omisión involuntaria, otras páginas con mucha calidad, a cargo de escritores o grupos literarios.  

También, mucho después, bien como parte del Suplemento Tres Mil o como hojas sueltas, hubo páginas a cargo de escritores o grupos literarios, como “La Iguana en Flor”, mantenida por el poeta Rafael Mendoza; “Signo Más” que mantuvimos el poeta Ramón Pacheco y yo; “La Salamandra”, “La Quincena”, “Cinco Negritos”, y muchas más…

Pero en fin, el golpe fue dado por los MCS impresos, con el cierre de las páginas literarias de antaño, apenas convertidas ahora en triste recuerdo. Para su Libertad de Empresa -y no Libertad de Prensa- informar sobre arte y literatura no les es rentable.

Pero, se sobrevive. Y por lo mismo, merecen reconocimiento quienes, contra lo ingrato del medio, mantienen espacios literarios impresos a base de esfuerzo, dedicación y amor al arte. Y tales esfuerzos seguirán, porque, pese a los avances vertiginosos de la comunicación literaria digital, la literatura impresa no pasará; y así, tanto para el legendario lector como para el acucioso de hoy -lector de ambas- sería imposible dejar de disfrutar el olor a tinta fresca y el susurro inspirador del papel; sobre todo, si la escena es complementada con una humeante taza de café…  

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