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lunes, 25 de octubre del 2021

Las desaparecidas páginas literarias

Lo he dicho siempre: los Medios de Comunicación Social (MCS) no son malos, lo malo es el uso que, a veces, se hace de ellos. Y en aras de la libertad de expresión, nadie puede impedirles que expongan lo que su lí­nea editorial crea conveniente, toda vez que no se dañe la moral y el orden público.

Sin embargo, la decisión de algunos MCS, en las últimas décadas, de suprimir las páginas o suplementos culturales dominicales, aunque, por inevitable, haya sido aceptada, nunca ha sido compartida por un gran sector de la sociedad; al contrario, es una decisión muy cuestionada por la población amante de la cultura.

Informar sobre arte y literatura no les es rentable. Un dí­a, sin decir agua va, los llamados grandes MCS impresos, cortaron aquel verdadero aporte socio-cultural, al suprimir sus tradicionales paginas o suplementos literarios de los fines de semana. Una trayectoria de varias décadas, que satisfací­a los afanes de los creadores y las aspiraciones de los amantes del arte y la cultura.

Muchos de nosotros, entonces jóvenes con vocación creadora, experimentamos ahí­ la satisfacción de ver impulsados nuestros inicios literarios. Hoy la oportunidad de divulgación/promoción para los poetas y escritores, ha sido reducida a mí­nima expresión.

Aquel Periodismo Cultural contribuí­a al desarrollo socio-cultural-educativo del paí­s, a través de las páginas literarias de los principales periódicos: “Filosofí­a, Arte y Letras” y “El Magazine” de El Diario de Hoy; “Revista Dominical” de La Prensa Gráfica; “Sábados de Diario Latino”; “Pagina Literaria” sabatina de Tribuna Libre, todas acertadamente conducidas por excelentes escritores, algunos mencionados a continuación, indistintamente del medio: Luis Mejí­a Vides, José Enrique Silva, Ricardo Trigueros de León, Juan Felipe Toruño, Luis Fuentes, Rolando Elí­as y Serafí­n Quiteño, entre otros. Aquellas páginas literarias de mediados del siglo pasado, eran hermosas muestras de Periodismo Cultural. Yo las releí­a con fruición en mi niñez-adolescencia, allá en mi natal Villa El Rosario, al norte de Morazán.

Era una quijotada, por amor al arte. Ahora, solo sobreviven el suplemento literario sabatino “Tres Mil”, a cargo de Mauricio Vallejo y otros espacios literarios en revistas, pequeños periódicos y suplementos en las que, si bien hay expresiones culturales, casi siempre son anulados por artí­culos de tijera; es decir, publicaciones importadas.

Aquellas páginas, que antes eran surtidores de expresiones artí­sticas, hoy son apenas recuerdo. Pasan totalmente desapercibidas, saturadas de espectáculos y farándula en las ediciones de cada dí­a, con mí­nimos rellenos diz que literarios al final del periódico, por no dejar de poner algo que parezca cultural. Son apenas remedo de aquellas páginas nostálgicas.

A partir de los años sesenta, ajenas a los grandes medios, inapropiadamente llamados grandes (la grandeza no se mide por el potencial económico ni por la gran cantidad de páginas), conocí­ varias de las revistas y paginas literarias existentes. También fui colaborador de algunas. Hasta mis recuerdos, en los primeros meses de aquellos años y siguientes circularon: la Revista “Gallo Gris”, dirigida por el poeta Oswaldo Escobar Velado; “Vida Universitaria” y “La Pájara Pinta”, órganos literarios de Extensión Universitaria de la Universidad de El Salvador(UES); la Revista “Tastalutz”, del Cí­rculo Universitario Oswaldo Escobar Velado, del cual formé parte; la “Página Literaria de la Asociación de Escritores Salvadoreños (AES)”, de cuya plana de redacción también formé parte; la “Página del Taller Francisco Dí­az”, mantenido por el grupo del mismo nombre; “El Gato en el Mundo”, de diario El Mundo y otras. También, de omisión involuntaria, otras páginas con mucha calidad, a cargo de escritores o grupos literarios.

Inevitable, el cierre de aquellas páginas es un hecho consumado, por criterio empresarial. Por eso, merecen reconocimiento quienes, contra lo ingrato del medio, mantienen espacios literarios impresos a base de esfuerzo y dedicación al arte. Y tales esfuerzos seguirán, porque, pese a los avances vertiginosos de la comunicación digital, la literatura impresa no pasará, son complementarias.

Además serí­a imposible dejar de disfrutar el olor a tinta y el susurro inspirador del papel; sobre todo, si la escena es complementada con una humeante taza de café…

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