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domingo, 17 de octubre del 2021

La libertad de prensa cojea en El Salvador

Creo que sí ha existido un periodismo valiente en el país, que ha enfrentado a los poderes y sobre todo a los poderes mafiosos y corruptos, dice el periodista Chinchilla

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La libertad de prensa cojea en El Salvador y sobre todo que tiene unos nubarrones muy preocupantes frente así.  ¿Acaso se puede hablar de una libertad de prensa real en un país donde más de un centenar de periodistas han sido despedidos en el último año y  ejercen su oficio con medidas de inseguridad diaria? Con un proyecto de ley de protección integral a los periodistas archivada ¿dónde un funcionario con censura previa decide que periodista entran o no a su conferencia de prensa?

La libertad de prensa está amenazada también por la incomprensión de la naturaleza de la labor periodística, que es trastocada por la policía respondiendo molesta cuando los periodistas concurren “in situ” a cubrir hechos de violencia;  hoy no solo te amenazan los pandilleros,  se han sumado “algunos policías” que se siente trastocados y ven con desprecio la labor de la prensa. En el centro de monitoreo de la Asociación de Periodistas de El Salvador, hay registros de periodistas que han sido intimidados por policías, quienes se toman toda la autoridad de impedirte que cumplas con tu deber profesional, te decomisan tu material, te piden que borres tus registros y toman fotos de tus documentos y las placas de los vehículos en que te conducís.

Si a esto le agregamos los problemas de calidad del periodismo, la situación laboral de los periodistas, con salarios precarios y  la incidencia de la pauta oficial, la impunidad y la aparición de otros asuntos como personajes oscuros que mueven la cuna de algunos espacios de redes digitales, que nadie sabe con certeza quienes los manejan y que se han convertido en generadores de rumores y publirreportajes; hay entonces que reconocer una situación se agrava.

Todo ello me lleva a pensar que la situación es elevadamente compleja y si a ello le sumamos la actitud de desprecio hacia los periodistas que algunos colegas encargados de generar mala imagen con su comportamiento poco profesional,  mal asesorando a sus jefes y creando un boomerang que tarde o temprano les afectará a ellos mismos con el paso del tiempo, haces realidad el dicho: “quien es tu peor enemigo, el de tu propio oficio”.

Los periodistas hacemos a diario esfuerzos para que se respete la libertad de prensa. El problema es que esta no solo es nuestra, ni de los medios de comunicación; la libertad de prensa le pertenece a toda la sociedad, por eso es intolerante que se limite la labor de dos medios de comunicación digitales como El Faro y Factum,  con el argumento de que son irrespetuosos; que de ser cierto ese argumento, bastaría haber hablado con sus directores para revertir esa supuesta conducta no profesional. Pero a todas luces a quien se le ocurrió esa excusa tiene poca imaginación y creatividad para actuar en situaciones de crisis institucional.

Quienes hemos andado en las conferencias de prensa y hemos lidiado con los últimos secretarios de comunicaciones de los últimos 30 años sabemos que este argumento no es cierto y que parte del problema está en que cometieron un error al dar esta instrucción, que lejos de ser positiva es una bofetada a la libertad de expresión, que ni en los tiempo de los gobiernos militares se le ocurría negar el ingreso a los periodistas.

Pero partamos que se trata de su conducta neófita y apresurada. Revertir ese  error será una demostración profesional, es necesario mejorar esas relaciones con el gremio sin exclusiones es una manera de interiorizar la libertad de expresión y una respuesta positiva de que el llamado de atención del relator de libertad de expresión de la OEA,  Edison Lanzas y de la oficina del Alto  Comisionado de la Naciones Unidas, no ha sido completamente en vano.

Creo que sí ha existido un periodismo valiente en el país, que ha enfrentado a los poderes y sobre todo a los poderes mafiosos y corruptos. Ese periodismo que ha investigado la corrupción, que ha denunciado la existencia de grupos violentos, la poca transparencia, que le ha hecho seguimiento al crimen organizado o al desastre de la mentira, que se ha inmiscuido en las entrañas de las instituciones para revelar el mal usos de los fondos públicos. Ellos no quieren ser héroes, han procedido así, porque es su trabajo y hacen un periodismo responsable.

La fractura de este impase deberá superarse con profesionalismo y humildad,  ya la irrupción de las nuevas tecnologías, la pérdida de confianza de la sociedad y las instituciones, la transformación de las audiencias, la desobediencia de las agendas predeterminadas desde las salas de redacción, la competencia con los medios emergentes, es una realidad, no respondamos con intolerancia una profesión que busca transparentar las promesas que sus audiencias han creído. Y sigamos trabajando que hay muchos temas igual de importantes en este país por resolver. Saludos a mis colegas periodistas.

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Rigoberto Chinchilla
Periodista salvadoreño. Graduado en la Universidad de El Salvador (UES); colaborador y columnista de ContraPunto
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