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jueves, 4 junio 2026

Homenaje a Roque Dalton García y Roque Dalton, Hijo

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Discurso para la siembra de dos árboles en la memoria de Roque Dalton García y Roque Dalton, Hijo.

Por Francisco Vicente Flores.


Nos encontramos hoy aquí, en la tierra sagrada del Bosque Memorable San Oscar Romero, un lugar donde la memoria de nuestros mártires echa raíces para florecer en esperanza. Nos congrega un acto de vida, un acto de futuro: sembrar dos árboles. Pero no son árboles cualesquiera; son el testimonio vivo de dos vidas entregadas, de un mismo nombre y una misma causa: Roque.

Hoy honramos a Roque Dalton García, el poeta. El hombre que nos enseñó que la palabra podía ser, al mismo tiempo, una caricia de ternura y un disparo de pólvora. Roque, el de la ironía afilada y el amor profundo por este país de volcanes y dolores. Sus poemas fueron la trinchera desde la cual combatió el olvido, la injusticia y la mentira. Con su pluma, dibujó el rostro de El Salvador, con sus contradicciones, su belleza herida y su inquebrantable anhelo de libertad.

Para él, para el poeta universal, sembramos hoy este primer árbol. Que sus raíces se anclen en la tierra que tanto amó, esa que describió con el “dolor de cabeza” de ser salvadoreño. Que su tronco crezca firme, como sus convicciones. Y que sus hojas susurren al viento los versos que nunca pudieron silenciar, recordándonos que la poesía, como la vida, siempre encuentra una forma de renacer. Este árbol es su palabra hecha materia, su legado creciendo hacia el sol.

A su lado, con la misma reverencia, honramos a su hijo, a Roque Dalton, el combatiente. El joven que heredó no solo un nombre, sino un compromiso ineludible. “Roquito”, como le conocieron, llevó el ideal de su padre del verso a la acción, del papel al fragor del bosque y la montaña. Él encarnó la entrega total de una generación que creyó posible construir una patria más justa, aun a costa de la propia vida.

Para él, para el guerrillero valiente, sembramos este segundo árbol. Que crezca aquí, en este bosque que es un santuario de la memoria combatiente. Este árbol es un monumento a su sacrificio silencioso, a sus pasos por las veredas de la lucha. Sus raíces se entrelazarán con las de su padre, simbolizando la unión inseparable entre la idea y la acción, entre la palabra que inspira y la mano que la ejecuta. Son dos Roques, padre e hijo, poeta y guerrillero, unidos en la misma tierra, bajo el mismo cielo.

Al sembrar estos árboles, no enterramos su memoria. Al contrario, la plantamos para que crezca, para que dé sombra y cobijo a las futuras generaciones. Para que quienes caminen por este bosque memorable sepan que aquí viven dos Roques Dalton, cuya sangre y cuyos sueños alimentan las raíces de un El Salvador que aún lucha por florecer en la justicia y la paz.

Que la savia de estos árboles sea el torrente de su legado. Que su sombra nos recuerde siempre el altísimo precio de la libertad y nos inspire a seguir construyendo la patria que ellos soñaron.

Por Roque padre, el poeta. Por Roque hijo, el combatiente.

Por su memoria, que hoy se hace vida.

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Francisco Vicente Flores
Francisco Vicente Flores
Licenciado en Ciencias Políticas, Facultad Cesare Alfieri, Florencia Italia. Estudio libre de Filosofía, Historia y Arqueología (UES).

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