¿Hablamos? Una larga conversación pendiente II: A la Derecha de Gengis Khan

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Por Hans Alejandro Herrera Núñez


Érase una vez una pareja que no se querían hablar. Ella le ha tirado los platos, él la ha abofeteado, en un momento más alguien se va y todo, una vida entera juntos, años de años, se pueden perder con un paso en falso. La casa, los niños, las deudas con el banco. Una vida que se rompe, es eso, una vida que se rompe. Ella lo bloquea de sus redes, él ni siquiera la llama, se dicen cosas, se gritan a la distancia. Él cree tener la razón. Ella cree tener la razón. Ambos tienen la razón: están equivocados.

Todo pudo empezar años atrás, cuando todo estaba bien, o parecía estarlo. Pero ya habían signos de molestia, irritaciones. En la cama la distancia entre sus cuerpos se ensanchaba como una tierra de nadie entre las sábanas. Empezó como silencios largos, luego suspiros, oraciones sin terminar. Una mirada clavada. Silencio. Una mirada al techo tras una pregunta o reclamación. Silencio. Luego , por alguna insignificancia, una pelea. Una discusión intermitente. Luego paz que no lo era. Tiempos de tregua y otra vez a discutir. Cada vez estar juntos era difícil. Una piedra en el zapato. Habían aprendido a memorizar sus espaldas. Más peleas, cada vez más serias, más fuertes, y se empezaban a gritar. En un momento las discusiones fueron todos los días, del desayuno a la cena. Y después dormir en cuartos separados. Más peleas, palabras enposadas salían como un drenaje roto y la casa entera se anegaba. En un momento solo había insultos. Y luego los platos volando y una bofetada.

Un país es como una pareja. No son dos personas, no son una persona, son un proyecto de vida en común. Esta pareja se llama Perú, pero también podría ser Chile o Brasil. Podría ser tu país. Podrían ser tus papás. Y tú en medio tapándote los oídos. Perú, mi país, se parece mucho a un matrimonio a punto de romperse.

HATE

Para mis amigos de izquierda yo soy un facho neoliberal, para mis amigos de derecha soy un comunista radical. Hoy en Perú como en Brasil no hay lugar para el centro y sin centro no hay lugar al entendimiento. Hoy los discursos de odio están ganando, y entretanto el país se está perdiendo.

En redes sociales esto se puede ver de manera salvaje.

“Si no les gusta vayanse a vivir a Venezuela, a Cuba. Asamblea Constituyente para qué?”

“Hay una solución para todo esto y todos la conocemos. La contemplación no está permitida a estas alturas. Respeto y derechos humanos son solo frenos y basura, en estos momentos estamos ante una Revolución manipulada por delincuentes”

“Si el costo que sugieres, significa que exterminemos al Comunismo y todas sus liendres, bienvenido sea, es preferible a convertirnos en una Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, una Argentina, un México. Insisto en que el gran error en los 90 es haber dejado con vida a las liendres, pero la vida nos está dando otra oportunidad!!”

“Con el terrorismo no se negocia, ni se le muestra una gota de empatía, de ceder el Estado peruano, sería una victoria para estos desadaptados sociales”.

“Discrepo, no todas las opiniones, ideas y reclamos son atendibles, respetables e inofensivas”.

“Porque 1,000 o 2,000 personas se levanten haciendo destrozos y matando tu negocias? Primero los eliminas y con los que queden te sientas a conversar, crees que con Abimael se podía negociar?

“La solución es repeler a los DELINCUENTES, COMUNISTAS Y TERRORISTAS, con toda la Fuerza de la ley.”

Estas no son frases extraídas de esa batalla campal llamado Twitter o si quiera de Facebook. Estos comentarios salen del amigable LinkedIn, la red social más políticamente correcta, dónde todo es aplauso o indiferencia. Pero está vez la animadversión entre los peruanos se ha hecho evidente.

Estos comentarios son el resultado de un artículo mío que compartí en LinkedIn, un artículo que en ningún momento ofende a nadie, sino más bien hace una propuesta desde las ciencias sociales tomando como base el pensamiento de dos LIBERALES, Parsons y Dahrendorf. Sin embargo un artículo en apariencia inofensivo y hasta aburrido tuvo una reacción en LinkedIn que sorprende y aterroriza. La sola mención de una Constituyente ha despertado insultos, burlas e incluso, como se lee arriba, ha hecho aflorar un desprecio al derecho a la vida del otro, a los DD.HH. y por ende a toda la democracia. Ciertamente estas son solo palabras, actitudes de matones de colegio. Pero el problema es que no se trata de unos locos de Facebook, lo dicen gerentes, CEOs, consultores, abogados y personas a cargo de organizaciones. Esto es lo preocupante. Ha aflorado un dogmatismo que niega toda negociación precisamente en una red enfocada a negocios.

¿Por qué?

Trato de comprender las motivaciones emocionales de los comentarios más histéricos, y hasta cierto punto puedo considerar comprensible la irritación, la molestia en un contexto de desorden gubernamental arrastrado desde 2018, sumado a la incertidumbre en los negocios que el panorama produce. Quienes emplean personas o manejan una organización saben lo difícil que es tener que cumplir con las deudas, el pago a empleados, cerrar contratos, las cobranzas, los acreedores. Es mucha la presión que tenemos. Y en algunos con este clima de inseguridad política que cada vez empeora, la actitud resultante es una reproducción de la atmósfera de violencia que nos rodea. Hay una cultura de odio, resultante de una división que se ha develado. Este discurso de enfrentamiento se ve igual de feroz en la extrema izquierda. Pero la izquierda no tiene los cuadros organizacionales que si tiene la derecha, especialmente un sector privado que sabe hacer, pero que ahora, en un grupo que quiero estimar minoritario revela una idiosincrasia preocupante que solo echa gasolina a este incendio llamado Perú.

Se busca Derecha Democrática cama adentro

“Todo es triste, esto no debió haber pasado, todos tienen la culpa. No echemos la culpa a la PNP ni FF.AA. hay que ponernos en el caso, que los llevo a usar las armas, los que protestan también han ido con todas las ganas de destruir su patrimonio y eso tambien no esta bien. Tienen que usar intermediarios por favor. Ya basta de enfrentamientos. Los que puedan aportar ideas y puedan buscar lazos por favor ayúdenlos.”

“Creo que hemos llegado a un punto en el que la gente de LinkedIn (que no representa ni al 5% del país) cree que la gente que reclama no es gente con la que discrepa sino un “enemigo” al que hay que matar. Y cree que lo que ellos creen, lo cree la mayoría. Hablan de hacer respetar la ley, pero cuando la ley también incluyen Derechos Humanos, se zurran en ellas.”

“Estoy en las mismas que tú, ojalá se concrete, quiero ver si puedo seguir estudiando, pero sobre todo zafar, la verdad, no se puede vivir así, es malo para la vida. No se puede hacer empresa, no se puede vivir, no se puede viajar, no se puede emprender, no se puede ahorrar o levantar capital. En realidad, debimos partir a USA hace mucho, ojalá se concrete te juro, este o el siguiente año. Uno propone y Dios dispone. Acá, pienso que el panorama pinta para peor y cada vez se pondrá peor (siendo objetiva, no negativa).”

Estos son otros comentaristas de LinkedIn quienes evidencian una exigencia tácita: la necesidad de una Derecha Democrática.

Más que nunca se hace urgente una alternativa dentro de la derecha que favorezca el diálogo. Cabe resaltar que las soluciones consensuadas, los acuerdos son exigencias de esa otrora derecha civilizada que en Perú como en Brasil y Chile parecen haber desaparecido en los últimos años.

Una Derecha Democrática es la única alternativa real para solucionar la actual situación y conducir un proceso de diálogo. Cómo menciona Hugo Otero, comunicador peruano, se trata de alcanzar el espacio para sentarnos a dialogar y a partir de ese largo proceso llegar a una Constituyente. La Constituyente puede llegar o no. Pero lo importante ahora, la meta, es sentarnos a dialogar.

Y sin una derecha democrática esa oportunidad no existirá.

En negocios se habla de la plasticidad neuronal para adaptarse a los cambios. Desde una perspectiva de negocios se trata de leer el signo de los tiempos en que estamos. Si nos aferramos a la Constitución de 1993 por un régimen económico que nos ha favorecido pero que no ha resuelto las exigencias de esos otros peruanos que se perciben excluidos del crecimiento de nuestro PIB, el resultado será que nosotros, tarde o temprano, acabemos perdiendo todo el pastel por no saber ceder una tajada del mismo. Es una vulgar cuestión de negocios. En una eventual Constituyente, es precisamente quienes llegan organizados quienes tienen la ventaja de ganar más en una negociación. La derecha tiene esa ventaja, pero cuánto más demore mayor será su margen de negociación. La única manera de contener una revolución es dirigiéndola.

Ni el gobierno de Boluarte es una dictadura cívico militar como pregona la izquierda ni los manifestantes son terroristas cómo dice la derecha. Es una cuestión de conversar. O hablamos o hablamos. Lo otro es tirarse los platos al aire, la bofetada, y después ya sabemos cómo acaba ese matrimonio.

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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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