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jueves, 21 de octubre del 2021

El voto, una guillotina sin filo

En un paí­s con un sistema viciado, corrupto y demagogo las elecciones no sirven para lo que deberí­an. No ir a votar o anular su papeleta dejará solo una sensación de autosatisfacción o efecto placebo. Pero la verdad es que los partidos polí­ticos, los que realmente gobiernan el paí­s, no van a perder.

Las encuestas de opinión dejaron al descubierto el clima de frustración, rabia y descontento que genera la clase polí­tica en la sociedad. Sin embargo, ellos siguen en su burbuja señalándose unos a otros para adularse o culparse, según convenga.

Pero ninguno de los diputados por sí­ solo ha podido ni podrá resolver los problemas del paí­s porque son peones que se mueven en manada para apoyar lo que las cúpulas de sus partidos ordenan (y linchar mediáticamente al que se sale del redil).

Caras repetidas en cada elección, voces bélicas y propuestas sin fundamento. Pareciera que reciclan sus frases trilladas y promesas en cada campaña.

“Vamos a sacar a las pandillas de su comunidad”, “tu familia es primero”: diputados que llevan una década en la silla ofrecen cosas que no han podido hacer en ese tiempo. Su propaganda, más que favorecerlos, los hace quedar como mentirosos o poco fiables.

Sin embargo, las voces optimistas han invitado a “no desperdiciar esta ocasión” y reservar el voto para los rostros nuevos. La decisión es personal, al final de cuentas.

No dudo que más de alguno tendrá la voluntad sincera de querer aportar soluciones a los problemas del paí­s. Pero difí­cilmente algo cambiará porque no se trata de rotar rostros, sino de alentar un cambio en la forma de hacer polí­tica, en la forma de gobernar.

Mientras los partidos no abandonen su lucha ideológica (más inútil que una discusión entre fanáticos) la situación no cambiará.

Ya no se trata de socialismos contra capitalismos. Se trata de ofrecer soluciones. Mismas que no han llegado de ninguno de los actuales bandos porque cada partido no ha hecho más que tratar de obtener beneficios de los problemas de la gente.

Usted decide qué hacer con esa bala de salva que la Constitución le ha dado. Pero puede hacer más por el paí­s ayudando a otro salvadoreño que marcando banderas o rostros en una papeleta.

No sé. Piénselo.

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