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jueves, 21 de octubre del 2021

El término “cúpula” como mala palabra

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Dilema ético: el principal problema para el FMLN

Revisando diversas publicaciones, me conduce a identificar que uno de los principales problemas polí­ticos del FMLN es el dilema ético en la conducta de algunos de sus dirigentes. Razón por la cual los dos aspirantes Martí­nez a la candidatura presidencial buscan desesperadamente distanciarse de la "cúpula".

Invención editorial de las mesas de redacción de las empresas de información afines al conservadurismo, se desprenden diversas acepciones alrededor de la palabra “cúpula”, que connota rigidez, cerrazón, aprisionamiento.

Usada convenientemente para describir a las dirigencias de los dos partidos más fuertes: ARENA y FMLN, pero por razones distintas, en el marco contextual del desprestigio de los partidos a razón de la debacle en la imagen de ARENA después de la derrota en 2009. Los casos de corrupción en ese partido convirtieron en inservible a la marca ARENA para los propósitos de la derecha rancia, al menos por un tiempo, y por eso habí­a que cargar todas las plumas para desgastar a los partidos, meterlos en el mismo cajón y anular toda diferencia entre ellos.

"Cúpula" para el caso de ARENA, para cuestionar la conducción en ese partido pero sin connotaciones confrontativas en el marco del pleito intestino entre grupos empresariales: la oligarquí­a rancia tirando a su caballo joven, el español-estadounidense Carli Calleja y el grupo árabe emergente representado en la poderosa familia Simán.

Para el caso del FMLN, la acepción es utilizada para atizar y subrayar la distancia entre el discurso polí­tico y la conducta de algunos dirigentes a saber: Sigfrido Reyes, Mauricio Funes, José Luis merino, Óscar Ortiz, Eugenio Chicas, entre otros. Los estilos de vida de funcionarios de "izquierda" se convirtieron en lí­nea editorial de ataque, tal como ha sucedido desde siempre en la prensa corporativa latinoamericana.

Como si se tratara que los funcionarios/as de “izquierda” debieran ser faquires, monjes tibetanos o ascetas polí­ticos. Tal parece que para los medios corporativos afines al conservadurismo y la sociedad mojigata no perdonan la osadí­a que ajenos a su élite usufructúen las usanzas del poder. El FMLN, como todos los partidos polí­ticos salvadoreños y más por ser un partido de amplia participación, exhibe las contradicciones inherentes a la sociedad. Fuera de eso, es un asunto de coherencia polí­tica.

Me lleva a pensar en el dilema ético en algunos dirigentes otrora "anti sistema", convertidos en empresarios. ¿Cómo se le explica este aspecto al electorado? ¿Cómo se asume el discurso anticapitalista cuando se amasan fuertes sumas en diversas inversiones y en un paí­s con el fisco quebrado?

Mi aproximación a respuesta parece simple: si un funcionario del estado o del FMLN quiere hacer negocios y prosperar empresarialmente (si lo dejan) o incrementar su patrimonio familiar, ¡que lo haga!, con libertad, pero sin usar su posición polí­tica y sin usar al FMLN para sus negocios personales y viceversa. Todo empresario miembro de la dirección del FMLN, debe ser separado y dejarlo irse a hacer sus negocios. No porque sea ilegal, sino porque es ilegí­timo. Es decir, incoherente. De lo contrario el FMLN pierde su blindaje moral, mismo que les ha llevado a superar los peores escenarios en la historia.

Al prevenirle a Fidel Castro sobre la posibilidad de atentados a su llegada a Nueva York en 1979, le preguntaron si usaba chaleco blindado, a lo que el comandante contestó sin pestañear: "tengo un chaleco moral es fuerte, ese me ha protegido siempre” al referirse a la enormidad que representa la conducta.

Superado este dilema ético, la gente podrí­a volver a confiar en el FMLN.

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Herbert Vargas
Colaborador
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