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jueves, 13 de mayo del 2021

El poeta Alfonso Hernández en mi memoria

Homenaje a Alfonso Hernández, conocido en la guerra civil, como "Comandante Gonzalo". Asesinado después de haber resultado herido el 10 de noviembre de 1988

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Conocí­ a Alfonso Hernández en La Habana, en 1978, por medio de una delegación de la Resistencia Nacional (RN), que por primera vez llegaba a Cuba y la encabezaba Ernesto Jovel y Eduardo Sancho. Nos reunimos con ellos en nuestra casa y nos contaron en detalles, a mi madre , a mis hermanos y a mi, sobre el asesinato de mi padre. Eso lo dejo para otra anécdota.

Alfonso y yo, desde el primer instante nos hicimos amigos; fue a uno de los compañeros que llegué a querer como hermano mayor, y la verdad que era mayor, no solo en edad, sino especialmente en tamaño: era realmente un gigante. A mí­ me doblaba, que no es algo muy difí­cil. 

Después de aquel encuentro Alfonso se perdió por un tiempo. Su seudónimo era Gonzalo ,  pero él mismo me decí­a: Unas veces me dicen Gonzalón, otras Chiquitón, otras Pantalonzón. Entre los recuerdos que guardo con el más grande de los cariños está un libro que Alfonso nos dedicó a mi madre, a mis hermanos y a mi , con su letra y firma.

Nos separamos por un tiempo. Yo como miembros de las FPL me fui a la guerra. No estuve mucho en el frente, pero fue intenso mi paso en la guerrilla: de periodista pasé a fundador con Sebastián (El Tamba Aragón) y Felipito y Merlin, de las Fuerzas Especiales (FES)… La historia es conocida: estuve en varios combates con armas prestadas (sólo Sebastián tení­a entonces un G-3 propio, porque se lo arrebató a un guardia); me hirieron y me capturaron herido; estuve en las cárceles clandestinas de la Policí­a de Hacienda (PH), en el llamado Castillo Negro, y finalmente con un grupo del Pelotón Atonal de la RN, inauguramos en Sector 2 de Mariona.

El caso es que después de tantas peripecias nos volvimos a ver. Alfonso llegaba a La Habana a misiones clandestinas. Nadie sabí­a a qué iba. Pero allá en Cuba estaba de representante de la Resistencia Nacional (RN), otro Alfonso (el Quijada Urí­as), alias "El Poe"; así­ es como la gente que lo conocí­a y como le han dicho siempre, pero en la RN era su seudónimo clandestino.

"El Poe" una vez me llamó aparte en la oficina que tení­amos en La Habana: La representanción del FMLN, y me dijo: "Un compita te quiere conocer. Está en mi casa. Así­ que llegate en la noche". Misión cumplida: llegué en la noche a la casa de "El Poe" y de pronto sale del cuarto aquel gigante Gonzalo y yo me quedé sorprendido y bocabierta porque no me esperaba que fuera él. Y nos dimos un gran abrazo y me levantaba como 50 centí­metros del suelo.

Como la RN era la "izquierda chévere", entre historias e historias, una cervecita y así­ fue la de nunca acabar. Aquella gran estructura humana no se rendí­a; no recuerdo a "El Poe", pero yo "fondié"… 

Al amanecer, con aquella goma, ya los dos Alfonsos estaban desayunando y me dice Gonzalón: "Primo, te quiero felicitar por el paso que diste anoche… " Y se levanta y me abraza… Otra vez yo en el aire.  

"¿Qué pasó? ¿Qué hice?", les pregunté intrigado. Y los dos Alfonsos se reí­an a carcajadas y me decí­an: "¡Ya sos miembro de la RN! Anoche firmaste tu inscripción  y nosotros la aprobamos, así­ que ya va en camino para que la dirección dé la última palabra… jajajajaja".

Fue una de esas jornada inolvidables. Hubo más: Gonzalo me llamaba por telefono desde Managua, Costa Rica o México para decirme que ya iba a llegar y que le preparara ceviche.  Todo esto lo hací­a sin el conocimiento de las FPL, porque con su cadradez me podí­an sancionar. Entonces, donde manda Capitán no manda Soldado. Iba a la pescaderí­a de por mi casa y compraba varias cajas de picadillo de pescado que llegaba de Bulgaria; le echaba cebolla picada, sal y limón y el ceviche estaba hecho…, con la caja de cervezas bien heladas para celebrar la llegada de Alfonso.

Las despedidas eran de grandes abrazos… Un dí­a se fue y no lo volvió a ver. La noticia de su muerte me partió el alma y me arrancó un pedazo de mi corazón.

Supe de su captura herido y de cómo fue asesinado atrozmente por el ejército en noviembre de 1988.  Su muerte no fue en combate; en combate resultó herido y ya herido fue asesinado y decapitado. Su asesinato fue un crimen de guerra: está tipificado como Violación al Derecho Humano Internacional en Combatientes Heridos

Este crimen está impune, como miles, ingratamente olvidados. Estamos en deuda con Alfonso Hernández. Y nuestro homenaje debe ser para que haya justicia para semejante hombre, poeta y revolucionario. 

Aquí­ uno de sus poemas, de su bello libro: Paí­s: Memoria de muerte (Escrito y publicado en 1976 o 1977).

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