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viernes, 30 de julio del 2021

El otro lado de la Medicina…

La medicina posee un lado estructurado, científico, formal y clínico muy riguroso; pero también convive con otra dimensión complementaria antropológica, sociológica, anecdótica y cultural. ¿Qué médico salvadoreño en sus turnos de emergencia no recuerda haber recibido pacientes con heridas pre tratadas con cabello, cal o café cómo técnica anti hemorrágica?, ¿qué decir de la “primera línea rural” sobadores y curanderos?, o todos los episodios pediátricos del “mal de ojo” y otras circunstancias de la medicina cultural o ancestral.

En el libro “Los conceptos de salud y enfermedad en el Oriente Medio Antiguo y en el mundo griego” del Dr. David López (filólogo) nos enseña que en las culturas antiguas se desarrollaron las ideas sobre la salud y enfermedad a partir de sus creencias religiosas, míticas o mágicas, considerando la enfermedad como castigo divino por el pecado; y esto, en muchos lugares sigue operando. El sujeto, antes de ser paciente, es ser humano, y ésta realidad antropológica supone creencias, valores y costumbres, es decir cultura. Una cosa es lo que se piensa y se escribe en los grandes gabinetes médicos, revistas prestigiosas, facultades, secretarías de salud u organismos internacionales como la OPS u OMS, y otra lo que sucede en lo cotidiano de las comunidades rurales y urbano marginales. No debería dejar de lado en la discusión otros aspectos alternativos a la medicina alopática, los enfoques homeopáticos o naturalistas que también operan en nuestras sociedades.

Durante mi formación médica en Venezuela –que no terminé, pero que me ha servido para trabajar en aspectos curriculares de educación médica en las universidades- realicé mucho trabajo de campo; recuerdo cuando fracasaban los proyectos de “letrinización” en las áreas rurales; mientras la oficina de USAID se esmeró en los años 80, con estudios técnicos para diseñar una letrina abonera eficiente y que combatiera el cólera, la disentería o la transmisión de parásitos intestinales, descuidaron un aspecto fundamental: Los campesinos no hacen sus necesidades sentados, sino en  “cuclillas”, menos en una caja con un hoyo, y peor en un lugar dónde no había hojas –el papel higiénico no era común-; las letrinas terminaron como pequeñas bodegas…

Los aspectos sociológicos y antropológicos son claves para entender la cultura y resolver problemas epidemiológicos; hoy, con la pandemia de COVID19, la epidemiología de campo, la observación, el registro y la visita in situ son aspectos esenciales para resolver una patología con características sociales (distanciamiento). Más allá de los grandes debates científicos y económicos sobre el origen del virus, sobre aplanamiento de la curva, sobre los tratamientos farmacológicos y sobre las necesidades nosocomiales, debemos centrarnos en otros aspectos para controlar el contagio.

Será importante considerar, también, que esta pandemia de COVID19 estamos “infoxicados” de videos, noticias, recomendaciones, materiales e informes; mucha de esta información se contradice, otra es falsa, y la gente va perdiendo la confianza. Las redes sociales, si bien son un canal de comunicación fundamental, vehiculizan mentiras y teorías que afectan a los ciudadanos, lo cual genera una desconfianza generalizada, ¿a quién le cree Usted?, ¿qué es cierto o mentira?  

Los seres humanos somos empáticos y gregarios, nos cuesta el distanciamiento, y la pandemia de COVID19 se resuelve con distanciamiento y medidas de bioseguridad, entonces la pregunta es: ¿Cómo hacemos para que la gente se distancie? Un camino inadecuado es el “miedo”, otro más positivo es la “educación e información”. Pero no basta una campaña educativa general, lo pedagógico debe llegar a la casa a través de estructuras Municipales y ADESCOS. También será importante entregar en las casas “protocolos domésticos” sencillos y con indicaciones claras; y, por último, crear mecanismos –o mapas- de riesgos: ¿dónde está el virus y por qué me tengo que alejar de él?

El debate actual se ha centrado en el tema de “cuarentenas” y está intentando encerrar a los sujetos enfermos y también a los sanos (en otras epidemias sólo se cercan a los enfermos); pero lo central es cómo nos distanciamos, como hacemos nuestra vida a dos metros del otro, cómo entendemos que el contagio es por microgotas de saliva o flugge y que el uso de ciertas mascarillas nos ayuda a evitar el contagio.

Nadie quiere contagiarse, entonces, si sabemos cómo o dónde está el riesgo, creo que cada quién tomará distancia; pero el asintomático no lo sabe y muchos otros no creen que se contagiarán, entonces se debe intensificar una campaña educativa local y focal para concientizar a la gente, cosa que no se está haciendo y que es realmente urgente.

Cada comunidad, caserío, barrio, residencial, urbanización, edificios, empresa, oficinas, etcétera, debe crear sus propios protocolos de seguridad: evitar fiestas o reuniones sociales, informar si hay o no sospechosos o contagiados (cuidado con los argumentos de estigmas, esto no es lepra, debemos saber si hay o no contagiados o sospechosos) y de haberlos enviarlos a aislamiento domiciliar; pegar rótulos y carteles preventivos en lugares públicos, tiendas, supermercados, farmacias o cajeros; desinfectar todo lo que ingrese a las casas. Si logramos esto, podemos vencer al SARS-Cov2.

(*) Oscar Picardo Joao, PhD

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