miércoles, 11 de mayo del 2022
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“El Llanto” y “La Viuda” en peligro: etnocidios y boom urbanístico

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"A 90 años de la masacre de 1932, en El Salvador continúa el Etnocidio, entendido como un proceso sistemático de destrucción de un pueblo y su cultura, en donde el Estado y las empresas privadas", dice Carlos Flores Manzano

Por Carlos Flores Manzano

A 90 años de la masacre de 1932, en El Salvador continúa el Etnocidio, entendido como  un proceso sistemático de destrucción de un pueblo y su cultura, en donde el Estado y las empresas privadas tienen una responsabilidad directa ya que concilian, consienten, se lucran y guardan silencio ante la destrucción irracional del Patrimonio Cultural de la Nación.  Tal es el Caso de Nuevo Cuscatlán que ha enfrentado una explosión urbana en los últimos 10 años, acelerada a pasos agigantados desde mediados de 2021, causando una notable destrucción al patrimonio arqueológico que existe en la zona.

Construcción arrasa con sitios históricos

En diciembre de 2021 se incrementó exponencialmente el tránsito de maquinaria pesada para construcción saliendo de Nuevo Cuscatlán; filas interminables de camiones de volteo que transitan a diario se pueden observar descansando sobre el Boulevard Luis Poma, en Antiguo Cuscatlán. Proceden de los Sitios Arqueológicos conocidos como “La Viuda” y “El Llanto” donde remueven los vestigios de ocupaciones ancestrales.

El Sitio B “El Llanto” posee la única estructura monumental del Preclásico Tardío, Fase Zaguan  registrada por el momento en la zona (Earnest 1999). Esta estructura denominada “Estructura 1” está asociada a todos los surcos de cultivos localizados en el Área Metropolitana de San Salvador, en 1995 la excavación en el montículo se detuvo dado que el dueño del terreno decidió que el sitio se preservaría y protegería de cualquier proyecto urbanístico.

Figura 2. Hallazgos en el Sitio C, “La Viuda”: Izquierda, Vaso Estucado, relacionado a tierras bajas mayas en Peten (Earnest et al 1996, Pág. 16); Centro: Vasija cilíndrica con soportes trípodes con una serpiente estilizada incisa, esta cerámica se relaciona con los sitios del pacifico de Guatemala (Earnest et al 1996, Pág. 16). Derecha, Pectoral de Jade, relacionado a un entierro. Todos del Periodo Clásico.

Por otra parte, El Sitio C “La Viuda” es un sitio arqueológico único en su clase. Aquí se registra el período más temprano de reocupación humana, para el 550 d.c. (Earnest et al 1996),  posterior a la erupción de la Caldera de Ilopango acontecida, según Dull (et al 2019) en el 539 d.c. Este sitio arqueológico es presentado como una ciudad multiétnica relacionada con los sitios mayas del Periodo Clásico tanto de tierras altas y bajas como de Peten y Yucatán, así como del Pacifico de Guatemala;  Cabe destacar que “La Viuda” es contemporánea con Joya de Cerén, dado que la erupción de Loma Caldera esta datada para el 630 d.C. (Sheets et al, 2012, Pág. 265) y presenta rasgos distintivos de ocupación sobre la erupción del Ilopango.

El Sitio C “La Viuda” es el único que posee una fase cerámica del Clásico Tardío Temprano, previo a la influencia de Copan, denominada “Fase Viuda” (Earnest et al 1996) o “Fase Regalado” (Earnest 1999).

Según el Detalle de Inventario de Bienes Culturales Muebles de la Colección Nacional de Arqueología Procedentes de Nuevo Cuscatlán se han registrado 365 Items, sin tomar en cuenta los encontrados en diversas colecciones privadas.

El sur de lo que ahora denominamos como el Área Metropolitana de San Salvador, ha sido escenario de distintos poblamientos, cuyo registro más antiguo data del 850 a.C. para el Preclásico Medio. Parte de esta ocupación fue cubierta por la erupción del Plan de La Laguna.

Esta zona siempre ha sido poblada por diversas razones, principalmente por la otrora abundancia de recursos hídricos –ya escasos y puestos también en riesgo por el avance urbanístico-, la riqueza y fertilidad de su tierra de origen volcánico y por su ubicación, su paisaje cultural y  cosmovisión, cuya topografía lo vuelve un lugar fácilmente defendible militarmente.

El 11 de abril de 1853, Francisco Dueñas, Presidente del Estado (Lardé y Larín, 2000, Pág. 296-298) funda Nuevo Cuscatlán en el paraje de Joya Grande, en medio del boom del café.  Posteriormente las Cámaras Legislativas aprueban, en la sesión del 13 de marzo de 1854, el establecimiento de este municipio (Lardé y Larín, 2000, Pág. 296-298).

Los terrenos donde se erige Nuevo Cuscatlan eran propiedad de Francisco Escalón quien, para tal efecto, ofrece 16 caballerías de tierra (Lardé y Larín, 2000, Pág. 296-298). El objetivo de esta población era ser lugar de descanso para los comerciantes que transitaban entre el Puerto de La Libertad y San Salvador; pero,  el 16 de abril de 1854 ocurren los terremotos del Domingo de Pascua de Resurrección, que destruyen San Salvador. En  este contexto adviene una temporal refundación de la capital en la Nueva San Salvador, instaurada en la Hacienda Santa Tecla y, por lo tanto,  Nuevo Cuscatlán pasa a un segundo plano.

El cultivo del café en Nuevo Cuscatlan, viene acompañado de la creación de latifundios y es en este contexto que comienza el descubrimiento de yacimientos arqueológicos en el área. Al excavar los “cajones” para sembrar los cafetos, se registran diversos hallazgos, entre estos destacan montículos con entierros “en estado oleoso… …con insignias pectorales de piedra de jaspe [jade] en bajo relieve” (Gómez Menéndez, 1992, Pág. 323)  en las planicies del municipio.

En la década de los 80, durante la guerra civil y en el proceso de urbanización del sur del AMSS,  se identifica, en la Finca Las Pileta, un sitio arqueológico cuya ocupación se registra para el Periodo Clásico; ulteriormente en la década de los 90, diversos hallazgos llevan al registro de sitios arqueológicos en la construcción de la Residencial Vía del Mar y principalmente en el proyecto “Ciudad Nuevo Cuscatlan”, realizado en 1994, dirigido por el arqueólogo Howard Earnest Jr. (de grata recordación). En éste se identifican tres sitios arqueológicos denominados: Sitio A, Sitio B y Sitio C; de los cuales, el Sitio B y el Sitio C son de suma importancia para la arqueología salvadoreña y el sur de Mesoamérica, tal como ya fue expuesto.

Es imprescindible proteger estos sitios arqueológicos dado que su estudio es fundamental para conocer el proceso de repoblamiento posterior a la erupción del Plan de La Laguna (Sitio B “El Llanto”) del 850 a.c. (Amaroli 1998), y el repoblamiento posterior a la erupción de la Caldera de Ilopango en el 539 d.c (Dull et all 2019).

Si bien han existido iniciativas para la protección de la zona, entre ellas la realizada el 7 de mayo de 1993, por el arqueólogo Paul Amaroli, amparado en la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural, donde propone a CONCULTURA, a través de la arquitecta Claudia Allwood de Mata, extender el polígono con Declaratoria como Bien Cultural desde Antiguo Cuscatlán hasta Nuevo Cuscatlán y Vía del Mar, lastimosamente estas nunca han dado buenos resultados.

La misma inoperancia e incompetencia por parte del Estado, que permitió la destrucción del Sitio Tacuscalco, se ve evidenciada en la destrucción de los sitios La Viuda y El Llanto.

Es necesario dejar atrás la mentalidad obsoleta en la cual se ve al patrimonio cultural como obstáculo para el desarrollo. Debemos asumir como país que el Patrimonio Cultural forma parte de la Riqueza de los Pueblos; es su derecho, por tanto, participar de las decisiones que lo involucran más allá de los intereses privados, para consensuar modelos de gestión y desarrollo de los territorios que no abonen a la destrucción de las practicas, saberes y expresiones de nuestra cultura ancestral y que a la vez ponga al centro la vida y el respeto a la integralidad de los sistemas vitales.

Si bien es cierto los  sitios “La Viuda” y “El Llanto” han sido constantemente depredados y su parte monumental ha sido parcialmente destruida, es necesario proteger lo que queda, basado en la importancia de los diversos hallazgos descritos (como una zona monumental del Periodo Preclásico Tardío, una zona domiciliar maya del Periodo Clásico Tardío Temprano, así como el registro de múltiples hallazgos) que destacan no solo el potencial arqueológico de la zona, para el estudio y el conocimiento de nuestro pasado remoto, sino la necesidad de reconocer nuestro pasado y respetar los derechos culturales de los pueblos originarios.

Carlos Flores Manzano, Arqueólogo e investigador en contenidos de patrimonio cultural y natural; miembro de Asociación Cultural Cabezas de Jaguar

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1 COMENTARIO

  1. Yo no habia entendido porque sta insistencia acerrima mediatica en Mexicanizar alos salvadoernos/Centroamericanos…y ahoar me doy cuentaq No es uan estrategia Nueva..Los poderos oligarquicos globalistas seimer ah usado la CULTURA para borrar el ID/DNA de muchas culturas..quiza para hacerlas mas sumisas, subyugarlas al poder Oligarquico entralista de las elites Globalistas. Un dia dee estos estaremos viendo un SOLO notociero de TV en espanol simultanemantwe transmitido desde MEXICO para Toda centroamerica..esta estrategia de Supremacismo Imperilaista Mexicano es apoyado por los grandes corporativos mediaticos del mundo poque BAJA los costos$$ de produccion, marketing, USo/REuso de contenido visual y estandariza la cadena preoductiva audiovisual/Industrial/Comercial…Los SALVADORENOS NUNCA debemos permitir q nos MEXICANIZEN y borren nuestra identidad etnica/nacional…podriamso llegar a arrepentirnos…pasareiamsoa ser subditos de las ambicones narco/virreynales expansionistas MEXICANAS..

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Carlos Flores Manzano
Arqueólogo e investigador en contenidos de patrimonio cultural y natural; miembro de Asociación Cultural Cabezas de Jaguar; colaborador de ContraPunto
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