El inmenso espacio en que no estás – Carta a Pablo Milanés.

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Nos dimos un abrazo primerizo. Y quien nos viese, pensaría que éramos viejos amigos. Y realmente ya éramos más que eso: hermanos auténticos en la Canción Latinoamericana, recuerda el nicaraguense

Por Carlos Mejía Godoy

Querido Pablo:

Nos conocimos en Zaragoza, España en 1977. En el escenario fueron desfilando: Noel Nicola, Silvio Rodríguez y vos. Tres de los perfiles más visibles de LA NUEVA TROVA, movimiento que transformó para siempre la música cubana.

Nos dimos un abrazo primerizo. Y quien nos viese, pensaría que éramos viejos amigos. Y realmente ya éramos más que eso: hermanos auténticos en la Canción Latinoamericana.

Aquella noche después del evento en Casa Emilio, vos brindaste con un trago de ron nicaragüense. Yo levanté mi mojito cubano; con yerbabuena aragonesa, sembrada en maceteros en el corredor del poeta y cantor Labordeta. Este, con sus cejas pobladas y su bigote de brocha- estilo Luis Buñuel- celebró el encuentro con una jota improvisada, en la que salieron a bailar: La Habana, Zaragoza y Somoto. Quién diría: dos urbes universales, mimando a mi humilde pueblito, colgado -cual nido de oropéndola del cuello del Cerro Picudo.

A partir de aquella noche se inició una hermandad que se afianzó con nuestras mutuas visitas a Cuba y Nicaragua. Alguna vez coincidimos en Londres, París o Berlín. Y, por qué no? en Totogalpa. Porque fue ahí, en el lindo rincón segoviano, donde Epifanío Úmansor, mi amigo zapatero, tenia un cachipil de casetes enteipados con todas tus canciones. Y lloraba escuchando Yolanda, de pura cabanga, porque “de plano Carluchin, esa mujer de Susucayán me dejó como cucaracha en visagra”.

Y cuando le dije que vos y yo éramos muy amigos, no disimuló su duda y pensando en voz alta dijo: Fachento el somoteño!

Recuerdo, Pablo, una anécdota que por puro rubor contaré por vez primera. Era el FESTIVAL DE VARADERO año 83. Al pasar por el bar del hotel, me dijiste a quemarropa: oye Mejía. ¿Nadie te ha dicho que eres un hereje musical ?. En aquel silencio espeso, opté por retirarme, ante lo que -ingenuamente- consideraba la típica provocación del que está bien encalichado. Pablo fue más explícito:

-Coño chico. Sólo a un hereje se le ocurre cantar el nombre de un héroe de la talla de Carlos Fonseca con once notas repetidas-.

Será que en ese instante descubrió que yo estaba a punto de hacer “cucharitas” porque se bajo del barquito y me dio el abrazo más cálido que he recibido. Ahí descubrí que se trataba del piropo más original que he recibido.

Querido Pablo. Menos de una hora antes de que la redes Internacionales se llenaran con la noticia de tu partida, estaba escuchando EL BREVE ESPACIO EN QUE NO ESTAS. Y pienso: Imposible llenar ese inmenso vacío. Pero luego reflexiono y rectifico. Lo van a llenar justamente esa marejada de jóvenes talentos que en los sitios más apartados del planeta seguirán acercándose al fuego perenne de tu creación, para decirnos a todos que LA PALABRA SIGUE CARGADA DE FUTURO.

Y aquí no habrá postdata, porque EL POETA ERES TU.

Carlos

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