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viernes, 30 de julio del 2021

El Diario Co Latino: cuna de las mejores páginas culturales

Los dueños y directores de medios pusieron el grito en el cielo ¿cómo era posible la creación de un sindicato si ya existía una gremial como la APES?

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Septiembre, 1989

El edificio de Diario Latino quedó dañado por el terremoto del 10 de octubre de 1986. Tenía cuatro pisos, estaba pintado de gris y parecía que en cualquier momento un soplido haría caer sus paredes cual dominó de ladrillos.

Por el riesgo que implicaba permanecer en su estructura dañada, la redacción se trasladó a una bodega contigua de techos de lámina donde se ubicaba la rotativa, una mole ruidosa de cuatro o cinco unidades de tinta que en minutos imprimía miles de periódicos en formato tabloide. La máquina se encontraba cercada por malla ciclón debido a razones de seguridad.

Solo quien haya trabajado en un diario conoce esa sensación placentera de escuchar girar las bobinas de papel y el olor a tinta fresca que invadía la nariz.  

En la planta baja, en un salón polvoso y oscuro estaba el archivo, muchas veces me metí ahí a consultar sus ediciones empastadas, miles de periódicos ordenados por años que dormían en su historia.

El primer piso tenía una puerta metálica por la que se salía a la terraza, en el lugar estaban colocados tres restiradores desde los que se diagramaba el periódico. En el costado había unas escaleras por las que se bajaba a recepción y a la sección de deportes.  

Debajo de la terraza quedaba el cuarto oscuro junto a fotomecánica, las antiguas rotativas imprimían con base a planchas metálicas. Todo el proceso de elaboración de un diario era artesanal y especializado.

El rincón más alejado en la bodega, y el único con aire acondicionado, era una oficina cerrada donde se “levantaban” los textos en máquinas IBM, similares a máquinas de escribir, estos salían impresos en columnas de papel grueso como cartulina a los que se les llamaba “galeras”.

Era septiembre de 1989, los trabajadores encabezados por el periodista Francisco Valencia habían asumido la responsabilidad de dirigir su fuente de trabajo. Hacía muy poco se había conformado el Sindicato de Periodistas y Similares de El Salvador, SINPESS.

Los dueños y directores de medios pusieron el grito en el cielo ¿cómo era posible la creación de un sindicato si ya existía una gremial como la APES?

Elder Gómez y Sandra Idalia Reyes tuvieron que renunciar al Noticiero de Canal 6 por el hostigamiento a raíz de una foto en la que aparecieron formando parte la primera junta directiva del SINPESS.

Otros eran Guillermo Mejía “El Mensaje” de Diario El Mundo y Margarita Arteaga de ACAN-EFE, además de Francisco Valencia.  En El Salvador prevalecía la tara de todo el que se organizara para exigir el derecho que fuera, de inmediato era estigmatizado y calificado de comunista.

Diario Latino se perfilaba para resurgir como tantas veces de una etapa complicada, abandonado a su suerte por el que había sido su director el Dr. Waldo Chávez Velasco, un personaje siniestro por su adicción y asesoramiento a tantos regímenes espurios y contradictoriamente romántico por haber contraído nupcias con Irma Lanzas, una poeta fina y exquisita.  

Desde ese momento las agencias de publicidad excluyeron a Diario Latino  en las pautas de sus anunciantes, era un medio no grato al que debía marginarse. Esto era un secreto a voces jamás admitido.      

Por mi parte, a mis 23 años me había incorporado para coordinar el Latino Cultural que se publicaba los sábados y que era herencia del escritor Eugenio Martínez Orantes, la sección por lo general aparecía en las páginas 2 y 3, justo al reverso de la portada que contenía la foto de alguna modelo famosa.

Mis primeros textos fueron patéticos pero exitosos, eran crónicas imaginarias en las que sus personajes eran monumentos o animales, escribí una sobre la terminal de oriente, otra de la Plaza Libertad y una última del zoológico. Abusaba del lenguaje coloquial y los modismos, caricaturizaba personajes tipo y en esta época seguramente mis crónicas  ya hubieran sido candidatas a la hoguera.

Recuerdo la gran camaradería y confianza de Francisco Valencia, a medida que pasaban las semanas me dieron más espacio, pude publicar textos de los poetas Julio Iraheta Santos, Luis Antonio Chávez y Orlando Jiménez, además de otros narradores.

Tuve absoluta libertad de editar lo que quise y además escoger mi equipo de trabajo, así fue como se incorporó César Ramírez Alvarenga “Caralvá”.         

Tres Mil, la práxis de la democracia publicada cada sábado

El histórico edificio del Latino, testigo de tantas loqueras, tantos juegos, tantas risas, era divertidísimo editar el suplemento, Caralvá chiflando y los de fotomecánica contestando al unísono con mentadas de madre, Rogelio el gordo operador de la Speedmaster con su camiseta con hoyos llena de grasa, la música de Soda Stereo o de Depeche Mode o de Duran Duran arreciándonos para terminar la última página (siempre teníamos alguna sorpresita bajo la manga), Javier Alas puteando al diagramador en turno (o Luis o Víctor u Orlando) hasta que se cansaba y terminaba haciéndolo él, Valencia gritándome desde abajo que cuando llegara la madera se cerraría la edición y por lo tanto quedaríamos fuera, no estaban en boga las maravillosas computadoras hacíamos todo en galeras, los errores de dedo de Celmira a la orden del día, las piernas morenas de Sonia inspiradoras, de repente aparecían las visitas que eran muchísimas y algunas antagónicas; poetas, cuentistas, pensadores y diletantes pero el diario era un territorio liberado y el Tres Mil una imagen de lo debió haber sido siempre el país porque era la praxis de la democracia publicada cada sábado, llegaba André Cruchaga con su bolsita de plástico con una botella de Chaparro Reserva Especial, y por supuesto, Denominación de Origen (era exquisito no le envidiaba nada al mejor tequila), las masas pedían que lo abriera cosa que solo lo hice una vez, se oía la rotativa el diario estaba por salir, en la entrada del enrejado que cercaba a la maquinota ponían una mesa, el Rana empezaba a repartir los diarios recién impresos, la tinta se pegaba en los dedos, los canillitas formados y listos para esparcir la historia….eso es inolvidable….luego la Boom y sus nuditos con ajo, la pizza era lo de menos, jarras después, partíamos a planear la siguiente semana….               

En el Latino coincidimos todos

Mucho, pero mucho antes que El Faro y Factum existía Diario Latino con un modelo periodístico alternativo, el medio era incómodo y el país estaba en guerra. Esas no eran condiciones para nada favorables en el ejercicio profesional de informar.

No obstante las limitaciones, el Latino desplazó con facilidad al otro vespertino que era Diario El Mundo y se convirtió en referente de veracidad. La gente esperaba el periódico y lo leía con avidez.

Éramos jóvenes y muy descarados y nos complementábamos con periodistas de mayor experiencia, recuerdo a Odir, a Fausto, a Brunilda, a Ricardo “La Tota”, a Silvia Orellana, a Nelson López, a Nelson González, a Néstor Martínez, a Jorge Armando “El Negro” Contreras”, a Eudoro, a Mangandi, a Matoca, a Carlos Alberto Zas, entre muchos otros.

Era en extremo atrevido publicar las entrevistas y notas de Juan José García, seudónimo de Juan José Dalton y las caricaturas de Alecus. Ellos eran los colaboradores misteriosos que martillaban conciencias.

Las mejores páginas culturales

En El Salvador se omite por ignorancia o dolo, o ambos, pareciera que esto último es la constante. Muchos ensayos o artículos que se refieren a la difusión de la cultura o promoción literaria de los últimos años tienen serias limitaciones de investigación, se equiparan revistas universitarias de poco alcance con publicaciones misceláneas que han dado espacios marginales a la creación.   

Diario Latino ha sido históricamente cuna de las mejores páginas culturales desde que Juan Felipe Toruño fundó Sábados, una sección de fomento literario que se publicó de 1930 a 1980. El Suplemento Tres Mil cumplió 31 años el pasado 24 de marzo. Ningún periódico en el país posee 81 años de páginas literarias y culturales con cientos de escritores publicados. ¿Cuántos libros han surgido en estos espacios?

Entre 1990 y 1993, en el diario, coincidieron el Tres Mil, Trazos Culturales de Néstor Martínez, Arte y Letras de Jorge Armando Contreras y La pinta de Otoniel Guevara. ¿Qué periódico ha tenido cuatro secciones diferentes y simultáneas dedicadas a la cultura?

La inminente desaparición impresa de Diario Co Latino de 130 años de antigüedad es una tragedia para la cultura y literatura nacionales.

Es una lástima que nuestra mirada se extravié en la inmediatez.

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Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.
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