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jueves, 16 de septiembre del 2021

El asedio de Acajutla

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Si bien es cierto Cuzcatlán no vislumbraba con el oro a los conquistadores, por ser escaso (A diferencia de la gran Tenochtitlán), avanzando el proceso de conquista y colonización, esta tierra proveo productos más  valiosos que el oro: Bálsamo del Perú, el cacao de los Izalcos y algodón. Todo esto originario del suelo fértil de lo que ahora es parte del territorio salvadoreño. El Huizilsúchit o Bálsamo del Perú (Myroxylom  Balsamum) cuya flor: se asemeja a un colibrí por su etimología náhuat: Huizil: Colibrí, Súchit: Flor; su extracción es todo un arte y técnica, que incluye: incisión, el chamuscado y golpeado de su corteza, decocción  para extraer  su oleosa y  medicinal resina.

Que en el siglo XVI era un producto novedoso y codiciado en Europa por curar muchas enfermedades. Así también la Almendra del Xocolat o Chocolate, que en tiempos prehispánicos fue una bebida designada a la nobleza, de los pueblos nahuas, el imperio mexica y los pipiles  del señorío de Cuzshcatán. Su importancia dentro de la economía colonial fue tal que algunos peninsulares y autoridades de la Real Hacienda optaron por mantener el tipo de cambio monetario como lo hacían los pipiles, usando unidades como el contle y el xiquipil para el intercambio comercial, el preciado cacao de los Izalcos llegaba hasta las bodegas de la aduana del Puerto de Acajutla para salir a alta mar, con destino a la Nueva España o Perú. De igual manera el mejor algodón del mundo que era preciado por su consistencia y gramaje de la Iscatmil o cementeras de algodón cultivadas en el Señorío de Cuzcatlán mucho tiempo atrás antes de la llegada de los invasores de ultramar y que era parte del comercio y ruta hacia imperio de la gran Tenochtitlán, preciado producto de la élite.

En el período colonial (1577 -86), un pirata muy conocido en táctica de asalto y guerra náutica Francisco Drake, asediaba Acát – Ayut-Tla (Lugar de cañas y tortugas)  o Acajutla, cuya fama ya llegaba a las flotas de los corsarios ingleses y  que cuyos productos eran tan valiosos como el oro. Drake tenía alineada la mira de su catalejo en las bodegas de Acajutla que contenían valiosas mercancías.

El día menos pensado, una noche  sin luna, tocaría tierra (1586), en Tonalá (Mizata) para con su armada sorprender a los ricos hacendados de la zona, que ante la irrupción de la vida pacífica, penetra, rapta a una mujer ( Según Francisco Fuentes y Guzmán), mientras sus soldados se lanzan sobre las mercancías y pertenencias. Lardé y Larín comenta en su valioso libro que Drake engendra un hijo con la joven, y que a su retirada, a las que las autoridades españolas impotentemente  solamente observan, aborda su galeón y se va por la mar del sur con rumbo desconocido, dejando en la genética  sonsonateca la herencia corsaria, los posteriores siglos hasta nuestra época, En la Trinidad de Sonsonate se arraigó el legado sanguíneo del corsario inglés.

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Carlos F. Imendia
Comunicador, publicista y mercadólogo salvadoreño; columnista y colaborador de ContraPunto
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