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viernes, 30 de julio del 2021

¿Dónde jugarán las niñas?

Hace casi un cuarto de siglo que Molotov levantó ronchas con su primer disco con música irreverente apelando al descontento generalizado no solo de la sociedad mexicana, sino de una Latino América al unísono. Y la portada emblemática del disco lo inmortalizó y los moralistas que la censuraban por ser provocativa terminaron ellos mismos en situaciones indecorosas.

Todos los que hemos acompañado a Molotov desde 1997 en su viaje atentando a los semi-valores de los que pretenden sentar las bases morales de la sociedad, rondamos hoy los 40 años, muchos con hijos ya. Y mientras la banda era censurada, los políticos seguían robando, la iglesia seguía abusando y las condiciones sociales seguían decayendo. Desde luego que, musicalmente, el nombre de este álbum era ser lo opuesto de lo que propuso Maná en el 92, pero la frase inquisitiva nos deja ese espacio para reflexionar.

Por casualidad, 10 años después del debut de ¿Dónde jugarán las niñas?, Jaime Escalante comienza como juez. Hoy, 22 años más tarde, mientras una niña de 10 años jugaba en su colonia, Jaime la agrede sexualmente, habiéndole tocado los genitales. Es por ello que abro esta reflexión con la pregunta que hizo Molotov en su álbum y que sigue siendo vigente: ¿Dónde jugarán las niñas? ¿Dónde jugarán los niños y niñas sin miedo a estos depredadores?

Y que la defensa amoral venga a decir que el tocamiento no pone en riesgo la intimidad de la menor es un disparate. ¿Imaginate si fuera tu hija? ¿Y si fuera tu madre? Para una situación de este tipo no se necesita mucha ciencia: el que toca a una niña de 10 años lo hace por pura curiosidad sexual y punto, sino preguntémonos por qué los gringos rabo verdes viajan a Costa Rica, República Dominicana o Tailandia por turismo sexual, o por qué sendos carros polarizados que ocultan a sus conductores se levantan a los travestís allá por el Salvador del Mundo. Es todo para experimentar una sensación distinta a la que están acostumbrados. Si el trato se da entre mayores de edad y es consensual, ¡que cada quien haga lo que le dicte su conciencia! ¿Pero una niña de 10 años?

Si a este sujeto nadie lo hubiera visto posiblemente no estaríamos hablando de “actos contrarios a las buenas costumbres y el decoro público”, sino de violación, desaparición o quizás muerte de la menor. Pero no hay que pensar que esto solo se da con desconocidos y es necesario cuidar a nuestros hijos de niñeras depredadoras, vecinos, tíos, primos, y demás; hay que entender que no es normal que a los niños se les toquen sus testículos ni a las niñas sus vaginas, aunque sean sus propios parientes. Es momento de denunciar por igual.

Y ya sea falta o delito, según lo tipifiquen las leyes salvadoreñas, lo importante es que no se quede en la impunidad, que no se persiga nada más a los proletarios y se proteja a los de cuello blanco. Aplaudo la decisión de la madre de denunciar y de la PNC por capturarlo. Hay que responsabilizar a aquellos que por negligencia y encubrimiento hayan perturbado el juego de la niña.

(*) Autor es académico de la Universidad Don Bosco (UDB)

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