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domingo, 28 de noviembre del 2021

Campañas electorales sin cultura polí­tica

El sabio no dice todo lo que piensa, pero piensa todo lo que dice. Y lo dice bien, con altura y dignidad. Y en esto, los indicios de un comportamiento digno y aceptable de algunos polí­ticos y sus cúpulas partidarias, cuando hacen uso de la libertad de expresión, son casi nulos. Por tradición, esto se ve tan normal que, por lo mismo, parece difí­cil de erradicar.

No se trata de callar, de no debatir…se trata de decir lo mismo, pero desde un lenguaje sobrio, comedido, convincente, anunciar o denunciar con elegancia… sin herir la inteligencia y dignidad del resto de los ciudadanos amantes de la verdad.

Con las excepciones de toda regla, en el marco de la actual campaña electoral, para elegir presidente y vicepresidente de la República 2019-2024, muchos polí­ticos y sus militantes, en su afán de lograr más adeptos y votos, tiran por la borda sus principios cí­vico-morales y hacen gala de lenguajes inaceptables y vulgares, evidenciados en burdas contradicciones, incoherencia, demagogia, promesas incumplibles, hasta llegar al insulto, la amenaza y a descalificar -sin ninguna base- a dirigentes opositores.

Sobre esto último, hay frases para la historia polí­tica. Frases de esta campaña, desafortunadas e inaceptables para un pueblo honrado, digno de todo respeto. Tantos y tantos epí­tetos y denuestos, suficientes como para ofender los sentimientos de la población honrada. Particularmente, y desde una óptica realmente fraterna, no comparto los editoriales o artí­culos periodí­sticos, entrevistas, u otras maneras de expresión pública, de emisores cuya trayectoria hoy puede verse disminuida en su prestigio, por emplear toda clase de recursos -concretamente contra el candidato Nayib Bukele y que mañana puede ser contra cualquiera de los otros candidato- en medio de una campaña polí­tica -desatinada y hasta insultante- que podrí­a ser mejor si -como el sabio- no se dijera todo lo que se piensa, pero que se pensara todo lo que se dice. Igual reclamo serí­a, se tratara de otro de los candidatos.

¿Cómo aceptar, entonces, que estos desaguisados (insultos, amenazas) no suenan únicamente a mero interés de lograr el poder “a como dé lugar”, aun con el riesgo de la caí­da en descrédito de su reconocida trayectoria profesional/comunicacional? Esto no es en términos generales, porque ciertamente hay honestos y verdaderos ciudadanos de todas las tendencias polí­ticas, interesados en servir, real y desinteresadamente, a su comunidad, a su paí­s.

Por eso también, es imperativo atender a la población que, antes un poco animada con la información veraz e independiente, hoy resiente de algunos Medios de Comunicación Social (MCS), periodistas y presentadores de TV, el evidente afán de publicitar (con todo su derecho, aunque pierdan credibilidad), todo lo que pueda perjudicar a un candidato ajeno a sus afectos e intereses.

Muchos procesos eleccionarios han pasado con la efervescencia propia del evento, pero pocos -o ninguno- como este de ahora en el paí­s. Los MCS, eran entonces como siempre activos; eran testigos e informadores de una situación. Pero, a veces más para mal que para bien, todo cambia. Y en eso, mi ejercicio periodí­stico ha sido pródigo en experiencias, por más de cincuenta años. Una serí­a, por ejemplo, traer a cuenta el ideario del fundador de La Prensa Gráfica, José Dutriz p., como guí­a para orientar un real periodismo: imparcial, veraz y objetivo (puede leerse en página editorial de LPG). Hace 53 años fui reportero de LPG; y su director de entonces, José Dutriz h., se esforzaba porque lucháramos por impulsar tales principios. Pero, ahora… ahora…

No acuso ni defiendo. Estas expresiones periodí­sticas no responden a compromisos partidarios ni mucho menos, pues no he pertenecido a partido polí­tico alguno. Responden siempre al interés de contribuir a la búsqueda de una sociedad más justa y más humana. Interés de informar/orientar a la población, ávida de estar al dí­a sobre el ser y acontecer nacional.

Nunca será justo para el pueblo salvadoreño, que fuerzas polí­ticas y económicas decidan su destino. Vivir en democracia y real estado de derecho, es su mayor aspiración; y eso será posible, cuando la cultura polí­tica sea eje principal en su quehacer diario, especialmente en medio del verdadero debate en los procesos eleccionarios. No se trata de favorecer a personas, sectores o a instituto polí­tico alguno. Estas son valoraciones que, a diario, hace la ciudadaní­a honesta. Y todo sea, en aras de promover el bien común y la salud mental de la población salvadoreña.

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