Por Alonso Rosales
19 de agosto de 2026. Un avión C-17 Globemaster III de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que se dirigía desde Nueva Zelanda hacia la Antártida regresó a Christchurch después de que las autoridades emitieran una advertencia sobre una actividad espacial considerada potencialmente peligrosa.
La Autoridad de Aviación Civil de Nueva Zelanda (CAA) confirmó que el vuelo militar dio la vuelta luego de que recibiera un NOTAM (Aviso a los Aviadores) relacionado con un posible riesgo para las operaciones aéreas en una extensa zona del espacio aéreo internacional.
De acuerdo con la CAA, la alerta fue comunicada por la corporación estatal rusa encargada de la gestión del tráfico aéreo. Posteriormente, las autoridades neozelandesas fueron informadas de un lanzamiento de misiles planificado y del riesgo potencial que este podía representar para el espacio aéreo internacional dentro de la Región de Información de Vuelo (FIR) de Nueva Zelanda.
El área bajo responsabilidad de Nueva Zelanda abarca aproximadamente 30 millones de kilómetros cuadrados, una de las regiones de información de vuelo oceánicas más extensas del mundo.
El vuelo, identificado con el indicativo ICE28, despegó del aeropuerto de Christchurch alrededor de las 9:00 de la mañana, hora local, del martes. Según los datos de seguimiento disponibles, el C-17 tomó rumbo hacia el sur, pero regresó al aeropuerto aproximadamente dos horas y media después.
La aeronave participaba en las operaciones del WINFLY, el período anual de vuelos de invierno que conecta Christchurch con la estación estadounidense McMurdo y otras instalaciones antárticas. Durante esta etapa se intensifica el traslado de personal, equipos y suministros antes del inicio de la temporada de investigación científica de verano.
La CAA aclaró que la emisión del NOTAM y el establecimiento de una zona de peligro no significan una prohibición absoluta de sobrevolar el área. La advertencia permite que los operadores aéreos evalúen los riesgos y decidan si continúan o modifican sus rutas.
“Los operadores toman sus decisiones basándose en la información disponible”, explicó la autoridad neozelandesa.
La agencia también señaló que buena parte de la FIR se encuentra sobre aguas internacionales, por lo que Nueva Zelanda tiene un control limitado sobre las actividades que se desarrollan en esa región.
Hasta el momento, la Fuerza Aérea estadounidense, el Programa Antártico de Estados Unidos y las autoridades rusas de gestión del tráfico aéreo no han ofrecido detalles adicionales sobre el lanzamiento mencionado en la alerta.
El incidente pone de relieve los riesgos que pueden enfrentar las operaciones aéreas en una de las zonas más remotas del planeta, donde los vuelos militares y científicos dependen de una coordinación internacional permanente para garantizar la seguridad de las rutas hacia la Antártida.


