Por Alonso Rosales
— Bosnia y Herzegovina acudirá este domingo 4 de octubre a las urnas en unas elecciones generales que, además de definir la composición de sus principales instituciones políticas, se desarrollan bajo una creciente disputa diplomática entre Estados Unidos y la Unión Europea sobre el futuro del país balcánico.
Alrededor de 3,4 millones de ciudadanos están convocados a votar en un sistema político diseñado después de la guerra de 1992-1995 y profundamente marcado por la división entre bosníacos, serbios y croatas. En esta jornada se elegirán los tres integrantes de la Presidencia colegiada, la Cámara de Representantes del Parlamento estatal y diversas autoridades de las dos entidades que integran el país: la Federación de Bosnia y Herzegovina y la Republika Srpska. También se renovarán instituciones de carácter cantonal.
La elección se produce en un momento particularmente delicado. Bosnia continúa enfrentando dificultades para avanzar en reformas institucionales y en su proceso de integración europea, mientras persisten las tensiones alrededor del papel de la Republika Srpska, las reivindicaciones nacionalistas serbias y el funcionamiento de las instituciones creadas por los acuerdos de paz de Dayton.
Un país construido sobre un equilibrio étnico
El sistema político bosnio es uno de los más complejos de Europa. La Presidencia está integrada por un representante bosníaco, uno croata y uno serbio. Además, el país se encuentra dividido en dos grandes entidades con amplias competencias: la Federación de Bosnia y Herzegovina, predominantemente bosníaco-croata, y la Republika Srpska, de mayoría serbia.
Esta estructura permitió poner fin al conflicto armado, pero también ha generado una institucionalidad caracterizada por numerosos mecanismos de veto y reparto de poder.
Analistas del Atlantic Council señalan que ninguna de las principales fuerzas políticas puede esperar controlar por sí sola el gobierno estatal, por lo que después de las elecciones pueden producirse negociaciones prolongadas para formar coaliciones. El actual escenario político incluye al SNSD serbobosnio, al HDZ BiH de orientación croata y a la alianza bosníaca Troika, mientras que el SDA continúa siendo una de las principales fuerzas políticas del país.
La cuestión territorial sigue siendo especialmente sensible. El liderazgo de la Republika Srpska ha cuestionado en distintos momentos las competencias del Estado central y ha planteado posiciones de carácter secesionista, generando preocupación entre sectores europeos y organismos internacionales encargados de preservar el orden establecido por Dayton.
El factor Trump cambia el equilibrio internacional
Durante décadas, Washington y Bruselas mantuvieron una posición relativamente coordinada respecto a Bosnia. Esa cooperación permitió respaldar la aplicación de los Acuerdos de Dayton y mantener una presencia internacional destinada a evitar que las divisiones internas volvieran a convertirse en un conflicto abierto.
Sin embargo, ese consenso se ha debilitado.
Uno de los principales puntos de fricción es la Oficina del Alto Representante (OHR), creada para supervisar la aplicación de Dayton y dotada de amplios poderes para intervenir cuando las instituciones bosnias incumplen las obligaciones derivadas del acuerdo.
La disputa sobre quién debe ocupar permanentemente ese cargo se convirtió en uno de los símbolos de la nueva tensión transatlántica. Washington ha defendido una reducción del papel internacional y una orientación más centrada en asuntos económicos, mientras que numerosos gobiernos europeos consideran que el Alto Representante continúa siendo una herramienta necesaria para impulsar reformas y preservar el orden institucional.
El desacuerdo resulta particularmente significativo porque el futuro de Bosnia está estrechamente vinculado con su aspiración de ingresar en la Unión Europea.
Gas, infraestructura y geopolítica
La energía constituye otro de los grandes escenarios de disputa.
Uno de los proyectos estratégicos es el denominado Southern Interconnection, un gasoducto destinado a conectar Bosnia y Herzegovina con la red energética de Croacia. El proyecto tiene una dimensión económica, pero también geopolítica: permitiría diversificar el suministro energético y facilitar el acceso al gas natural licuado procedente de Estados Unidos y otros mercados, reduciendo la dependencia de fuentes rusas.
El problema es que Washington y Bruselas mantienen diferencias sobre la forma en que debe desarrollarse el proyecto y sobre las normas institucionales que deben acompañarlo.
Un análisis del Atlantic Council señala que la Unión Europea ha advertido que cualquier legislación relacionada con el gasoducto debe ser compatible con las reglas comunitarias, debido a que Bosnia busca avanzar hacia la adhesión al bloque.
De esta manera, una infraestructura energética se ha convertido en parte de una disputa mucho mayor sobre quién tendrá mayor influencia en la orientación económica y política del país.
La sombra de Milorad Dodik
Otro elemento central del escenario es Milorad Dodik, figura dominante de la política serbobosnia y dirigente vinculado históricamente con posiciones favorables a una mayor autonomía de la Republika Srpska.
La relación de Washington con Dodik también ha cambiado durante la administración Trump. Estados Unidos levantó en 2025 sanciones que habían sido impuestas contra el dirigente y personas de su entorno, una decisión que contrastó con la postura mantenida anteriormente por Washington.
Europa, por su parte, ha mantenido una posición más restrictiva hacia Dodik. Alemania, Austria y Reino Unido han adoptado medidas contra dirigentes de la Republika Srpska, reflejando diferencias entre las estrategias europea y estadounidense frente al nacionalismo serbobosnio.
La situación adquiere una dimensión adicional debido a los vínculos de Dodik con Rusia y a la histórica influencia de Moscú entre sectores serbios de Bosnia.
Una elección que trasciende Bosnia
Para los bosnios, sin embargo, las elecciones no se reducen a una disputa entre Washington, Bruselas y Moscú.
La economía, el empleo, la corrupción, la emigración de jóvenes y el estancamiento de las reformas institucionales forman parte de las preocupaciones internas que condicionan el voto.
Reuters señala que la frustración por el estancamiento económico y las dificultades para avanzar hacia la Unión Europea son factores relevantes en el contexto electoral. La agencia también destaca que el resultado tendrá consecuencias sobre el equilibrio entre las distintas comunidades y sobre la orientación internacional del país.
El proceso es observado además por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), cuyo organismo electoral ODIHR desplegó una misión de observación para los comicios del 4 de octubre, con expertos y observadores distribuidos por el territorio bosnio.
El dilema después de las urnas
El verdadero desafío puede comenzar después del cierre de los centros de votación.
Bosnia tendrá que formar nuevas coaliciones en un sistema donde las identidades nacionales y étnicas continúan teniendo un peso determinante. Al mismo tiempo, el próximo gobierno deberá afrontar las reformas necesarias para avanzar en su relación con la Unión Europea y gestionar las tensiones con la Republika Srpska.
Pero existe además una pregunta de alcance internacional: ¿qué papel tendrán Estados Unidos y Europa en la Bosnia de los próximos años?
Durante tres décadas, ambos actores trabajaron, con diferencias, alrededor de un mismo marco de estabilidad. La actual disputa por el Alto Representante, los proyectos energéticos y la relación con los dirigentes serbobosnios demuestra que esa convergencia ya no puede darse por sentada.
Bosnia y Herzegovina vuelve así a ocupar un lugar estratégico en los Balcanes. No porque la guerra de los años noventa esté regresando, sino porque el equilibrio político construido después de Dayton enfrenta nuevas presiones internas y externas.
Las elecciones del 4 de octubre serán, por tanto, una prueba para las instituciones bosnias, pero también un indicador de hasta dónde llega la nueva divergencia entre Washington y Bruselas sobre el futuro de Europa sudoriental.
Fuentes consultadas: Reuters, Atlantic Council, OSCE/ODIHR, Office of the High Representative (OHR), The Guardian y France 24.


