Por Gabriel Otero.
Lady cineteca y otras ansiedades
A todos nos ha tocado en una sala de cine, que el asiento detrás del nuestro sea invadido por gente en extremo comunicativa. No es una norma, es el azar impulsivo que nos juega bromas de mal gusto.
Si son niños la situación es leve y disculpable, casi del mismo tono de una matiné, la inocencia es un salvoconducto para admirarse y exclamarla en voz alta, si son adultos, la situación se transforma, pero hay de lugares a lugares, porque si se tienen ganas de platicar, lo idóneo es irse a un Starbucks a escuchar música del mundo y sentirse esnob y si la patria está pobre es preferible acudir al refill del Vips, aunque la franquicia haya pasado de moda, el bolsillo es el mandón. El cine es un templo para el silencio y la contemplación, lo único tolerable son las reacciones generadas por la película, lo demás son ganas de joder al vecino sin causa aparente, o a lo mejor sí hay motivos indescifrables.
El pasado 21 de agosto sucedió algo inusitado en un episodio que las redes convirtieron en viral, relatan las crónicas visuales que en una de las salas de la Cineteca Nacional después de proyectar “Eddington” del director estadounidense Ari Aster, nació la conocida “Lady Cineteca”, los lords y las ladies son calificativos inventados por el pueblo habitante de las redes, y son eufemismos de diversos abusos cometidos por mujeres y hombres, que así se ganan sus 20 minutos de fama warholiana, adaptada a internet.
El asunto es que, según los videos, pudimos constatar el momento cuando una mujer iracunda, la “Lady Cineteca”, estaba fuera de sí, la imagen era elocuente, pretendía liberarse de la sujeción de cintura de su amigo debido a que los usuarios de la fila de adelante la habían callado por su manía pertinaz de hablar durante toda la película. Por poco y echaba espuma por la boca.
Su reacción fue desproporcionada, y peor se puso cuando la llamaron loca, a grito pelado exclamaba que se largaran y la dejaran en paz, sus acompañantes intentaban excusarla y pedían disculpas por el exabrupto, fueron veinte minutos anárquicos en los que la sala de cine se convirtió en tierra de nadie.
Al final llegó la policía, los mismos elementos que vigilaban el acceso entraron para ver qué estaba pasando, no hicieron nada, los gritos y reclamaciones pueden pasarse por alto, no así las agresiones físicas que son causales de remisión, con demanda de por medio, haciendo escala interminable en el purgatorio del ministerio público.
En su descargo, y ante la autoridad, Lady Cineteca afirmó tener problemas personales y padecer ataques de ira y ansiedad, lo real, es que cada vez más estamos expuestos a los locos que andan errabundos en la ciudad, hay mucha gente dañada de la cabeza y a veces la ansiedad es utilizada como pretexto.
Hay que ser cuidadosos, la neurosis suele estar en cualquier parte.



