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domingo, 17 de octubre del 2021

Ahora viene lo difícil

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Una anécdota introductoria

Managua hace 40 años, 20 de julio de 1979, el sandinismo celebraba el triunfo político militar sobre la dictadura, tres días antes Somoza abandonaba Nicaragua hacia Miami y el 19 de julio se resquebrajó totalmente su Guardia Nacional, cientos de miles de personas de todo el país desbordaban la plaza central y sus alrededores; la catedral y el palacio nacional eran parte del escenario, estaba siendo testigo de un hecho histórico y de una euforia sin límites.

Sobre una vieja tanqueta del ejército derrotado, a la que me dejaron subir por mi credencial de prensa, presenciaba en palco preferencial la llegada de los 5 miembros de la Junta que asumiría el Gobierno, que representaba la alianza nacional contra el régimen, todo era alegría y emoción en la plaza, reencuentros después de la guerra, aunque también tristeza por los ausentes, cantos, discursos, ovaciones y por un momento hasta miles de fusiles disparando ráfagas al aire. La multitud aclamaba al Frente Sandinista.

Entró la tarde y la plaza se fue vaciando, la euforia quedó atrás. Siendo nuevo en el oficio, acompañaba en el interior del Palacio, a tres corresponsales de prensa extranjera de reconocida trayectoria, en una conversación con el Comandante “Modesto”, Henry Ruiz, uno de los 9 miembros de la dirección del Frente Sandinista, quien sereno y pausado advertía la compleja realidad que se venía después del triunfo, en una frase lo expresaba todo: “hasta aquí ha sido fácil, ahora viene lo difícil”. Tanto más le preocupaba cómo ejercer gobierno de inmediato en la nueva situación, que hacía ver como fáciles los duros años de sacrificios y lucha político militar y diplomática que les permitió derrotar 40 años de Somocismo (1939-1979), los años que siguieron así lo demostraron. Pasaron otros 40 años (1979-2019), más de la mitad de estos bajo control del Frente Sandinista (fuerza que no es igual ahora que antes), los últimos 12 años sin soltar el gobierno central, del 2007 hasta este momento, que en Nicaragua se lucha y se debate por la democracia y el desarrollo, que era lo que se quería impulsar cuando asumieron el poder 4 décadas atrás.

Gobernar es lo difícil

En El Salvador no hubo derrota militar total del régimen, la salida al conflicto armado hace unos 28 años fue negociada, pero no hubiese sido posible que hoy tengamos elecciones libres sin que el Frente con su fuerza de entonces lo exigiera. Ahora los resultados se respetan y hay alternancia, aunque el sistema debe mejorar. Tenemos también ahora una incipiente democracia, cuya institucionalidad requiere consolidarse, mejorarse y tal vez en unos casos depurarse.

Al Acuerdo de Paz se llegó después de más de una década de un cruento conflicto armado. Luego de este acuerdo 17 años tardó el Frente en llegar al gobierno, a través de elecciones, solo 10 años duró en el mismo; en sus administraciones hubo logros y mejoras graduales en algunos temas que beneficiaron a la población y que son constatables, aunque más se difunde en medios y redes que todo estuvo mal, otros temas planteados quedaron pendientes por lo que persisten muchos retos para el Gobierno y la Sociedad, además, hubo hechos que defraudaron y que empañaron la gestión de toda la década, esto también es innegable y se ha presentado abundante prueba de algunos de estos hechos.

Similar situación o demanda recaería sobre los años de gestión de ARENA.

La desigualdad y pobreza vienen desde siempre y ARENA y el Frente no han superado estos problemas. Plena  cobertura, oportuna y de calidad, en educación, salud y agua, generar inversión y empleo, hacer justicia pareja para todos, erradicar corrupción y violencia, e impulsar desarrollo, siguen siendo prioridades de todo el territorio y para lograrlas, entre otras cosas, habrá que desterrar el centralismo burocrático.

Queda claro que es más difícil gobernar que llegar al gobierno, sobre todo si no hay un esfuerzo serio por concertar como país. Las prioridades nacionales requieren apoyo de todos, no de poner obstáculos, de lo contrario no se avanzará para mejorar. Suena lógico y parece aceptable, pero nadie concreta; una agenda se asoma aunque solo de partidos.

Lo que se veía posible hace 4-5 meses terminó sucediendo, aunque parecía difícil, la nueva fuerza desplazó a las fuerzas tradicionales y se evidencian los efectos esperados, o están por definirse:

La mayoría de la gente que fue a las urnas se salió del libreto o formato en el que estuvo metida 30 años y más, con su voto removió el pasado esperanzada en mejorar. El FMLN dejó de ser una de las dos fuerzas principales. La población confirmó su rechazo a hechos de corrupción durante administraciones de ARENA y FMLN. Ambas fuerzas tradicionales fueron derrotadas, tres presidenciales al hilo perdió ARENA y dos grandes derrotas en menos de un año el FMLN. Esto dio paso a un histórico cambio de gobierno.

Esta debacle es más que electoral, está en jaque su continuidad como fuerzas políticas de estos que fueron dos grandes partidos (y será jaque mate si no reaccionan como deben). Se debaten internamente entre cambiar para mejorar o desaparecer, o quedar reducidos a mínima expresión. Sin embargo, muchos de sus partidarios no acaban de leer comprensivamente los hechos, otros en cambio hasta prefieren construir algo nuevo.

Esta dura realidad parece afectarles a la hora de definir su forma de ejercer oposición ante el nuevo gobierno, hasta ahora las muestras no son de concertación ni de buscar entendimiento en los principales problemas. Pareciera que el revanchismo tiene espacio.

El Presidente electo y la nueva fuerza deberán estar bien organizados para gobernar, siguiendo el plan trazado pero de acuerdo a prioridades y posibilidades, analizando día a día, escuchando y decidiendo a tiempo para ajustar sobre la marcha y superar obstáculos naturales o provocados, aprovechando todos los apoyos sin dejarse condicionar, teniendo claro que el rumbo es el bienestar del país entero.

Esto requiere que el equipo de gobierno juegue como tal, como equipo, coordinado en función del resultado integral y no dividido o disperso en mini-feudos, con una conducción y liderazgo definidos. La esperanza generada le obliga y compromete a no fallar, esto implica conocer de forma rápida, precisa y objetiva el estado de la situación en el gobierno; para avanzar no solo hay dificultades afuera sino también adentro.

El nuevo gobierno no debe olvidar que para concertar se necesita al menos la voluntad de dos, y su iniciativa es importante, por otra parte, la gente que votando hizo posible este cambio está expectante, pero si quiere garantizar resultados deberá pasar a una participación más organizada y activa.

Análisis escrito en mayo de 2019

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Guillermo Galván Bonilla
Analista y experto en desarrollo local
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