spot_img
miércoles, 3 junio 2026
spot_img
spot_img

Escrito en una servilleta: El ignorante que sabía demasiado

¡Sigue nuestras redes sociales!

Escrito en una servilleta: El ignorante que sabía demasiado.

Por René Martínez Pineda.
X: @ReneMartinezPi1

Después de muchos meses de búsqueda infructuosa, el entrevistador logró dar con él, y tal como se lo habían advertido, quienes le dieron información sobre su paradero, lo encontró en un estado puro de proyección astral, con los ojos cerrados, la boca abierta de par en par y el cerebro en un hilo. Si no le hubieran advertido que lo encontraría así, en un éxtasis naufragado, hubiera creído que estaba muerto o, cuando menos, profundamente dormido. Se sentó a esperar, en absoluto silencio, que el alma le volviera al cuerpo para iniciar la tan ansiada entrevista. Cuando despertó, un ojo primero y el otro después, supo que habían llegado a preguntarle sobre su vida en la calle, ese lugar que es tan inhóspito y confuso como la ignorancia, y, sin esperar pregunta alguna, empezó a hablar.

Tengo que aceptarlo y, además, tengo que purgarlo con cristiana resignación, le dijo, con la mirada apuntando al suelo para evadir la cámara. Yo ejercí la docencia durante muchos años, y mis estudiantes la sufrieron, en cuaderno propio, como si se tratara del servicio militar obligatorio en un país en guerra. Sí, ejercí la docencia –embaucado por la educación memorística e historiográfica que, de puntillas, metió sus tentáculos en el aula y en la parte de mi cuerpo que rima- pensando en formularios, cronogramas, datos sin información, encuestas a cuestas, recortes del periódico, citas de autores que no conozco ni comprendo, y gráficas espuriamente sociométricas, en lugar de pensar en mis estudiantes y su libertad de pensamiento crítico y significativo; mis estudiantes, quienes siempre tenían ritmos de aprendizaje disímiles e imaginarios distintos, lo cual nunca pude comprender debido a que no estaba al alcance de mi cabeza, a pesar de que tengo un doctorado en historia costarricense de Costa Rica, otro en sociología del refrito escolástico, y tengo, además, un postdoctorado en uñas acrílicas y Syllabus complectenus praecipuos nostraeaetatis, le dijo, como lamentándose.

Por eso estoy donde estoy: en la vil calle, deambulando con un libro viejo en el sobaco que ha perdido la capacidad de hablar, y repitiendo, de memoria, nombres que ni siquiera puedo pronunciar. Ya tengo diez años de vivir en la calle -bajo la luz mortecina de ese portal de inmigrantes transoceánicos, de olor raro y hablar enredado- en el peor y más unánime desamparo, el cual es una condición en la que uno ríe en lugar de llorar, como dijo el eximio intelectual, Eladio Velásquez, en su tesis doctoral sobre “manipulación manipulada de datos, a destajo, antes de salir a la función de la opinión pública del público”.

Mire, somos muchos los que aquí vivimos y dormimos desprovistos de sueños… y de sueño, y quizá por eso la muerte es, para nosotros, un perro rabioso que espera el menor descuido para saltar sobre nosotros y mordernos el cuello. Somos miles, y un poco más, pero nadie nos ve, ni nos oye, sólo somos visibles y audibles cuando la noche lo cobija todo con su añil, y nos pone su máscara impenetrable, le dijo, mientras le mostraba el paisaje de la indigencia y se reía como jugado por la Ciguanaba. ¿Se da cuenta de que tengo un léxico abundante, fino y laberíntico que es impropio de quienes viven en la calle? No se sienta menos por eso, porque, para serle sincero, uso esas palabras sólo para presumir y, siendo aún más sincero, ni yo las comprendo, pero apantallo a quienes me escuchan y hasta creen que soy inteligente, le dijo, con una sonrisa cínica de oreja a oreja.

No le miento, se lo juro por dios y su madre. Me refiero a la suya, no a la de dios, porque él no tiene madre, le aclaró, para evitar malos entendidos. En serio, no le miento cuando le digo que no sé cuántos años han pasado: ocho, o nueve, o diez… hay cosas que es mejor no saberlas y, además, ya no me importa, pues he aprendido que, cuando se carece de techo, de compañía humana y de comida tibia, tres veces al día, el tiempo no existe, sólo es la conciencia espinosa y banal de un espacio monitoreado por calendarios sin días festivos ni cumpleaños propios, pues sólo es el recuento vocinglero de presidentes,  militares, putas tristes, académicos sin ideas propias y políticos alegres perversamente idénticos desde que se inventó el séptimo día. ¿El espacio? El espacio tampoco existe, sólo es lo que, apenitas, cubre la mirada a través de las lágrimas que, imitando a Picasso, tergiversan el paisaje, así como lo hace el líder ese que dice que él inventó los ríos después de construir los puentes, con tal de volver al cargo en el que acumulaba dinero, haciendas y carros de lujo al por menor, comprados con robos al por mayor, tal como lo planteó, en su debido momento, el insigne intelectual Groucho Marx.

Ponga atención, le dijo, tratando de enmendar el enredo en el que había caído. El tiempo y el espacio existen y se relativizan sólo cuando están juntos, porque son una misma dimensión con dos caras, y entonces… ya no son lo que la puta ignorancia académica me hizo creer que eran: la simple sumatoria de ambos por separado. ¡Qué engaño más grande el de Newton, por la gran puta! ¡¿Cómo es posible que yo, un doctor en ciencias ocultas, no supiera que, desde Einstein, el tiempo es relativo y sinuoso como un laberinto de la soledad?! ¡¿Cómo es posible que yo, con tantos y tantos títulos académicos colgados en la pared, no haya detectado que la historia pregonada por los historiantes, era la historia del victimario, y que esa era una narrativa lesiva y una epistemología especial?! ¡Qué pendejo, y disculpe el calificativo que me adjudico, fui al creer que la epistemología es una cuestión conceptual y no una lógica de construcción del conocimiento centrada en quienes lo paren! 

René Martínez Pineda
René Martínez Pineda
Sociólogo y escritor salvadoreño. Máster en Educación Universitaria

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

También te puede interesar

Últimas noticias