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viernes, 15 de octubre del 2021

25 años después

Hace poco regresé a Berlín, luego de muchas décadas y pude celebrar en esa misma puerta de Brandenburgo, la derrota del fascismo y con la misma intensidad, la caída del Estalinismo, porque ambas cosas son de lo peor que le ha pasado a la Humanidad.

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Hace 25 años, se vino abajo a puro golpe de mandarrias y deseos acumulados, el Muro de Berlín. Construido gracias a la mentalidad diabólica de los dirigentes soviéticos entre 1961 y 1968. No puedo dejar de reconocer también que el mundo nuevo que comenzó a gestarse tras la caída de ese muro vergonzoso, ha engendrado otros males terribles y se han edificado otros muros que aún tardarán en caer. Seguimos viviendo en un mundo explosivo, cada vez más desigual, inhumano y lleno de incertidumbres.

Pero lo cierto es y como dijo Willy Brandt ese 9 de noviembre de 1989: “Nada volverá a ser como fue, Berlín vivirá y el muro caerá”.

Todo fue a partir de una conferencia de prensa emitida en vivo y en directo, por el portavoz del Politburó de la República Democrática Alemana, Günter Schabowski, que leyó un comunicado sin conocer el contenido… "Se podrá viajar fuera de la RDA sin condiciones previas…", dijo. En eso un periodista alemán lo interrumpió y preguntó gritando: "¿Cuándo?". "Según entiendo yo… inmediatamente", improvisó el dirigente. Esa frase última, bastó para que el gobierno de la RDA dejara de existir en cuestión de minutos, todos los ciudadanos de la Alemania Socialista, tenían el televisor y la radio encendida y se lanzaron a la calle en masa y con eso también se le puso fin a la “Guerra Fría”.

El presidente de la RDA Erik, Honecker, no le quedó más remedio que refugiarse en un hospital militar del ejército soviético. Viajó a la URSS cuando aún no se había desmoronado y así trató de evitar que las autoridades alemanas lo juzgaran. Ya en la URSS, Honecker pidió protección en la embajada de Chile, país que décadas anteriores había refugiado a muchos alemanes y sobre todo, prófugos del antiguo régimen nazi. Honecker se convirtió en huésped del embajador chileno Clodomiro Almeyda, hecho que provocó un altercado diplomático entre Alemania y Chile.

Transcurridos varios meses, Honecker abandonó la embajada chilena siendo extraditado en 1992, tras la desintegración de la Unión Soviética y con esto el llamado “Campo Socialista”, había desaparecido. El ex mandatario alemán democrático fue encarcelado entre 1992 y 1993 y procesado por la muerte de las 192 personas que fallecieron intentando cruzar el Muro de Berlín durante su mandato, pero debido a su grave estado de salud fue liberado y emigró a Chile. Durante los años setenta y ochenta centenares de chilenos se exilaron en la RDA a causa de la sangrienta dictadura militar de Augusto Pinochet. Honecker había abierto la puerta a todos esos chilenos. Honecker terminó sus días en Chile a los 81 años de edad el 29 de mayo de 1994.

En los años de esplendor de la RDA, Erik Honecker, viajó a Cuba varias veces, fue donde lo pude ver y escuchar sus discursos a favor de un mundo mejor y en defensa de la paz mundial. Fue condecorado y recibido con altos honores. Yo, como muchos jóvenes en ese entonces, lo admirábamos y creíamos estar en presencia de un señor sumamente amable, bondadoso, formado con lo mejor de los principios humanistas. Tras la caída del muro fue que vine a saber que se trataba de unas de las personas que ayudaron a crear una de las maquinarias de control ciudadano e interrogatorios más eficaces, siniestras y criminales que recuerde la historia del Siglo XX. La Policía secreta de la RDA “STASI”, contaba con el mayor número de miembros y confidentes por ciudadano que cualquier otro estado totalitario de la historia.

La noche de la caída del muro, miembros de esa temible policía secreta se suicidaron temiendo ser linchados por la gigantesca muchedumbre que se lanzó a derribar “El muro de la vergüenza”, en que no se vio a ni un solo “loco”, que defendiera con un martillo y mucho menos con una hoz, las conquistas de la Revolución Socialista. Los ciudadanos alemanes de todas maneras, no estaban para venganzas ni sedientos de sangre, estaban sedientos de libertad, de abrirse al mundo y hacer de Alemania una nación aún más próspera y toda esa unificación se dio en un ambiente festivo.

Los documentos de control de la “STASI” las fichas y expedientes abiertos en contra de los propios ciudadanos de la RDA, se contaban por millones, donde no solo estaban los llamados “disidentes”, “desafectos” o “parias vendidos al imperialismo, pagados por la CIA”, también habían familias enteras de obreros, poetas, artistas, rockeros, secretarias, cineastas, escritores, campesinos de avanzada, amas de casa, directores de televisión, compositores, cosmonautas, electricistas, miembros de la juventud comunista, directores de orquestas, héroes del trabajo, héroes de la patria, malabaristas, tractoristas, editores, científicos, deportistas campeones mundiales, payasos y domadores de leones de circo, bailarinas, doctores, conductores de tranvías, bomberos, catedráticos, actrices, boticarios, periodistas, homosexuales, religiosos, prostitutas y miembros del propio Partido Comunista, porque se demostró que la dirigencia y el poder absoluto, no confiaba ni en su propia gente. Si colocáramos cada expediente, uno detrás de otro, haciendo una fila, eran tantos, que se podía atravesar con ellos de lado a lado, lo que mide en distancia, la propia Alemania unificada.

Ayer encontré estas fotos de mi infancia de cuando vivía en Praha con mis padres y hermanos, que forman parte de “Nuestros años soviéticos”. En una aparezco con mi madre en la Puerta de Brandeburgo, del lado de la RDA, creo tiene que haber sido 1966. Yo era muy chico, una miniatura, hablaba ruso y no muy bien el español. Allí estoy en ese Berlín y Dresde cuando aún estaban muy frescas las huellas de la Segunda Guerra Mundial y el mundo se dividía por esa cortina de hierro y casi al borde de una hecatombe nuclear.

Hace poco regresé a Berlín, luego de muchas décadas y pude celebrar en esa misma puerta de Brandenburgo, la derrota del fascismo y con la misma intensidad, la caída del Estalinismo, porque ambas cosas son de lo peor que le ha pasado a la Humanidad. A pesar de toda esta celebración, no se puede olvidar a los que perdieron en esa reunificación, los que se quedaron sin trabajo o se convirtieron en una especie de ermitaños, tratando de reorientar sus vidas. En toda batalla, los perdedores deben tener derecho también a una vida digna.

La nueva Alemania se enorgullece de su pasado más reciente y la mayoría de sus ciudadanos se ha beneficiado de esa reunificación, sobre todo los jóvenes, sin embargo, el resto mundo parece estarse inclinando cada vez más al borde del abismo. Desde los severos cambios climáticos, las hambrunas, las guerras y epidemias que pudieran llegar a ser incontrolables en África, las devastadoras guerras en Kosovo, Bosnia, Chechenia, la oscura y nefasta era Bush, el derrumbe económico en España, los permanentes conflictos de Afganistán, Irak y Siria, la peligrosísima situación en Ucrania, y el surgimiento imparable del salvaje yihadismo en Oriente Medio.

Todo esto se une al surgimiento acelerado de los sentimientos nacionalistas, xenofóbicos y antisemitas en Rusia, Austria, las ex repúblicas Bálticas, Polonia y otros países ex socialistas donde ya es difícil definir quiénes son más peligrosos si los radicales derechistas-fascistas que pretenden revivir el legado criminal de Hitler o los radicales nacionalistas de nuevo tipo llamados “comunistas-fascistas” hundidos en la ignorancia más atroz, que desean resucitar el monstruo del Estalinismo.

Por otro lado, algo podrido huele en nuestro continente americano y no precisamente en Dinamarca. El panorama de injusticia, desigualdad social y pobreza extrema, siguen siendo infernales. La amenaza constante del narcotráfico ha generado todo un compendio de derivados como: narcoescándalos, narcoejecuciones, narcoestrellas, narcocorridos, narcomansiones, narcoreligión, narcocementerio, narcohacienda, narconovelas, narcoeconomía, narcopolítica, narcomenudeo y los más graves que son los “Narcoestados” o que viene siendo casi lo mismo que “Estados fallidos”, donde la gente ha adquirido leyes de pandillas en su corazón. Una ola de crímenes, impunidad y corrupción sin precedentes ahoga a muchas de las sociedades latinoamericanas donde las izquierdas y derechas, son también cómplices del egoísmo, la mentira, la incapacidad, la corrupción desmedida y son responsables directos de ese pavoroso y catastrófico escenario que puede derivar en un estallido social de graves consecuencias.

Los sectores más desposeídos siguen siendo los más vulnerables en esta cruel realidad, sin tener reparos ni esperanza de ningún tipo. La nueva guerra que viven naciones latinoamericanas como México donde se cometen innumerables matanzas con lujo de barbarie, con la complicidad de la policía, el ejército y funcionarios del estado, donde la delincuencia ha alcanzado una posición de beligerancia, envenenando gran parte de las instituciones. Como ha pasado con el reciente crimen horrendo de los 43 jóvenes normalistas en Guerrero. Aun así, con ese ambiente lleno de cadáveres, el Partido de la Revolución Democrática (de izquierda), respaldó a los criminales y el mandatario mexicano Enrique Peña Nieto, prefirió irse de viaje a China, brindando a su pueblo falsas promesas sobre las investigaciones en un discurso pronunciado desde un recinto lleno de gente pudiente.

Los descabezados, calcinados, descuartizados, ametrallados, las fosas clandestinas llenas de cadáveres de jóvenes, mujeres y niños son ya una tradición que dolorosamente se han convertido en uno de los sellos que identifica a esa maravillosa nación. En igual o menor medida, esto también sucede en Venezuela, Honduras, El Salvador y Guatemala, verdaderos campeones mundiales en violaciones a los derechos humanos.

A pesar de los pesares, debemos seguir apostándole en concebir un mundo mejor por el bien de nuestros hijos y nietos, ya que este es el único mundo posible, concreto y real que tenemos como seres humanos. Probablemente no exista otro pero desgraciadamente, el hombre no acaba de entender eso y el mundo se hace cada vez más peligroso e invivible. Mucho de lo que se deslumbra en el horizonte, no es nada alentador luego de 25 años del derribo del Muro de Berlín.

Escrito en noviembre de 2014

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Jorge Dalton
Cineasta cubano-salvadoreño. Director de cine y documentalista. Reside en El Salvador y es colaborador de ContraPunto
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