spot_img
spot_img
domingo, 24 de octubre del 2021

¡Yo quiero ser policí­a de tránsito!

Tal cual Crescencio Castellanos Rivas en Yo quiero ser diputado, se me ocurrió que con mi vasta experiencia en urbes, metrópolis y ciudades cosmopolitas, yo quiero ser policí­a de tránsito, o viceministro de transporte en su defecto.

Insisto: todo debe comenzar con la educación o la re-educación, la cual también debe incluí­r un elemento de desaprender. Sí­, y eso quizás sea lo más difí­cil de mi propuesta.

Mi propuesta de re-educación para un mejor futuro colectivo vial comienza por el individuo, sin dejar de lado que vivimos en una sociedad donde el respeto al derecho ajeno es la paz. Hay que pensar en los demás, en un futuro colectivo respetando a los demás, hay que sonreí­r, no hay que acelerar cuando el carro de enfrente ha puesto su señal para cruzar a nuestreo carril. Puesto que no somos bestias ni podemos vivir en aislamiento: hay que re-educarnos.

Primeramente, inculcar el respeto al peatón. Entender que El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado, que está organizado para la consecución de la justicia, de la seguridad jurí­dica y del bien común. La persona, no el vehí­culo. Por lo tanto, hay que desaprender que las aceras de cualquier negocio son estacionamiento exclusivo de los mismos y que si se quiere ofrecer parqueo a sus clientes deben repensar en estacionamientos subterráneos o modificar sus negocios para acomodar a los automotores.

Pero esto no es nada nuevo. En enormes ciudades como Londres, Chicago o Nueva York no hay pasarelas y los carros se paran cuando uno se asoma a la lí­nea blanca. Eso es el respeto al peatón.

El peatón debe caminar en las aceras y, por lo tanto, se debe asegurar al transeúnte que las aceras estarán libres de obstrucciones como carros estacionados, vendedores callejeros, ripio, estantes de negocios, arbustos y de ebrios tirados en ellas.

Los automovilistas deben desaprender que el que pasa es el más vivián, el que tiene el carro más grande o el que llegó primero. No. Re-aprendamos que si el semáforo está en rojo, ¡está en rojo! Y, aunque esté en verde, si en la calle enfrente hay congestionamiento, el motorista tendrá que esperar para no interferir con los peatones ni con el tráfico de la otra calle que sí­ está despejada. Debe haber señales donde se indique que el cuadrante cruz-calle se mantendrá despejado. ¡Es cuestión de humanidad!

Hay que entender que las señales de alto, de ceda el paso o las de no cruzar a la izquierda en calles principales no son opcionales., ni las señales de lí­mites de velocidad. Hay que desaprender que no hay que quedarse inerte cuando se acerca una ambulancia u otro carro de urgencia, sino que hay que darles paso.

La velocidad deberá ser medida con radares. Al excederse un 10% de la velocidad indicada, el radar tomará una foto y se le enviará al infractor a su casa junto a la boleta de pago y una invitación para un curso re-educativo sobre la ley de tránsito. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres”, decí­a el zorro en el Principito. Debemos planificar nuestro tiempo con cordura, es decir, si mi reunión es a las cuatro, tendré que salir a las dos y media. Andar tarde nos hará perder la paciencia, manejar erráticamente y causarle un mal momento a los demás conductores y peatones. La máxima aquella nos recuerda que llegar temprano es estar a tiempo, llegar a tiempo es estar tarde y llegar tarde es inaceptable.

Habrá que re-educar a los camioneros y buseros que las autopistas no son estacionamientos públicos y que por el hecho de ser grandes no les da derecho a parquearse donde sea. No hay que ser desconsiderados con los demás ni hay que ser indiferentes a la cantidad de accidentes ocurridos principalmente porque estos camiones no tienen luces traseras.

Conducir un automóvil no es un derecho sino un privilegio y una responsabilidad. Será menester mí­o, como policí­a de transito, reeducar a la población sobre las consecuencias que existen al no circular con un vehí­culo en buen estado. Si se quiere tener un carro, se deben cumplir reglas mí­nimas de convivencia: sistema de luces funcionando, frenos, nivel aceptable de ruidos y un sistema de emisiones adecuado.

Con la reeducación vial no será necesario pedir más túmulos ni crear más leyes. Basta con que se cumpla el reglamento de transito existente, pero para eso la población necesita informarse y los agentes de tránsito necesitan tener un conocimiento pleno del reglamento.

San Juan Bosco pregonaba la prevención y no castigo como parte de su sistema educativo. Con mis sugerencias arriba se podrán prevenir cientos de accidentes, pero si la gente no acata las normas para vivir bien, entonces el castigo o consecuencias en forma de multas y de servicio social.

spot_img

Últimas entradas