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viernes, 3 julio 2026

Verso para una musa  en Rio de Janeiro

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Alonso Rosales, poeta

Era Río de Janeiro abriéndose en auroras,
cuando el viento nos llevó a Mato Grosso del Sur,
y tu piel —ebano y marfil en una misma hora—
encendía en mi pecho un antiguo calor de luz.

La noche nos tejía su telar de sombras lentas,
y en él ardía el pulso secreto de tu andar;
hablábamos sin voz, sólo en la danza abierta
que el cuerpo sabe dar cuando decide amar.

Fuiste marea honda, lengua de sol y brisa,
fusión donde los límites dejan de existir;
allí mis labios fueron brújula encendida,
perdiéndose en tu sur infinito de latir.

Hubo un pacto tácito, profundo, inquebrantable,
un gesto que entendimos sin decirlo jamás:
complicidad nacida como un fruto inevitable
que sólo dos destinos pueden reconocer en paz.

Año dos mil… y aún vibra aquella historia:
instante suspendido, secreto, piel y fe.
Musa sin nombre, guardada en mi memoria,
que enciende versos vivos cada vez que la evoqué.

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