Zarko Pinkas |
Camino en la noche fría,
bajo un cielo sin color,
y una sombra me vigila
con sus ojos de temor.
Oigo huesos en la niebla,
tras de mí vienen y van,
como viejas penitencias
que jamás descansarán.
La vi un día en el espejo,
entre el moho y la humedad,
con un cráneo amarillento
coronado de ansiedad.
¿Es mi sombra? ¿Es mi pecado?
¿Es un viejo desamor?
Ya no importa su nombre,
ni la causa del horror.
Las criaturas se aproximan,
ya las siento respirar;
si la muerte abre sus alas,
yo las habré de enfrentar.


