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miércoles, 27 de octubre del 2021

Suicidio: ¿valentía o cobardía?

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Por Carlos F. Imendia

Ayer, un amigo, me envió consternado una imagen por Whatsapp  de algo que sucedió en su colonia, algo que rompió con la tranquilidad que la caracteriza: en el parque se había ahorcado un joven, el desafortunado habría aprovechado que llovía intensamente la tarde de ayer, para adentrarse en un bosquecito y quitarse la vida, en la imagen que me envió mi amigo aparecía el cuerpo sin vida, colgado de una rama robusta de un frondoso árbol.

En el lugar, esperaban los vecinos atemorizados y conmovidos por el hecho a las autoridades para iniciar la investigación,  ya que al parecer el joven no era del sector. 

Mi amigo hacía énfasis en el hecho y escribía: Si alguien se siente mal, que platique, que externe su sentir, eso puede salvar una vida. El suicidio es una epidemia  producto de la depresión y hoy más que nunca en tiempos de pandemia, donde el mundo cambió y las expectativas de vida son sombrías, la esperanza se ve lejana y muchos  jóvenes piensan que no van a llegar a la meta, la depresión prospera más. 

La difícil competencia en el reducido territorio, el encarecimiento de la canasta básica, la falta de oportunidades, la endeble economía, el clima político y la incertidumbre desalientan a cualquiera.

A los jóvenes los desestimula la inseguridad, el asecho, los que desaparecen diariamente, en twitter he visto expresiones de: “Me quiero ir del país” “Sáquenme de aquí”, “Apaguemos la luz y vámonos”. Eso no parece importarle  a los políticos ni las campañas, ni mucho menos los planes de salud, la salud mental de las personas. Muchos toman la trágica decisión de no vivir más. 

Hoy leía sobre la deidad maya llamada Ixtab o  Ix Tabay,  el cronista Diego de Landa escribía sobre lo que presenció en Yucatán en el S XVI: “había muchos que con pequeñas ocasiones de tristeza (Depresión), trabajos o enfermedades se ahorcaban para salir de ellas e ir a descansar a su gloria donde, decían, los venía a llevar la diosa de la horca que llamaban Ixtab (Ix Tabay).” 

¿Qué podía dar depresión a los mayas? Las constantes guerras entre ellos y las ciudades – estado, la crisis climática, las sequías, ser parte del rebaño de sacrificados. Pero morir ahorcado era honorífico y se apreciaba en la cosmogonía de esa antigua civilización, por eso llegaba Ixtab a socorrer al que se suicidaba, también adentro del bosque, sin que nadie lo supiera, para llevarlo hasta la gloria. 

Muy diferente la visión europea a la mesoamericana, la visión cristiana de que el suicidio es acto de desprecio a la vida que Dios da, por lo tanto es un pecado grave que tiene como consecuencia la condena del alma. El demonio engaña a la persona a despreciar la vida y a optar por el fin de la misma. Ya que el demonio gana esa alma. El que se suicida no merece ni una misa. En los mayas heroísmo, en los cristianos: Cobardía.

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Carlos F. Imendia
Comunicador, publicista y mercadólogo salvadoreño; columnista y colaborador de ContraPunto
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