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jueves, 06 de mayo del 2021

Sinsentidos polí­ticos

Si entendemos como sinsentido algo que no tiene lógica, podemos afirmar que en los discursos, acciones y referencias de la actualidad polí­tica salvadoreña hay bastantes sinsentidos.

Parecerí­a que las personas que viven de la polí­tica o que aspiran a vivir de ella y/o a tener más oportunidades de orientar el quehacer del gobierno para beneficiarse junto con sus adeptos, se aferran a una actividad que realmente distorsiona la polí­tica, que bien entendida, es una disciplina fabulosa para realizar acciones que conduzcan al logro del bien común en el paí­s, pero que evidentemente, las dirigencias de los partidos polí­ticos no la entienden así­.

Podemos analizar qué hay varios aspectos importantes para la ciudadaní­a que en la Asamblea Legislativa no se tratan diligentemente y si lo hacen, anteponen sus intereses partidarios, corporativos, religiosos u otros sobre el bienestar general de la población, por ej. no eligen en su oportunidad a las personas de las instituciones que les toca como las magistraturas de la Corte Suprema de Justicia, fiscal, etc., dejando descubierta a la ciudadaní­a de apelar por sus derechos constitucionales o de otro tipo; no aprueban leyes urgentes de beneficio general como la Ley del agua que tiene años de estar en la Asamblea; no se hacen las reformas necesarias para respetar los derechos de las mujeres, como serí­a la despenalización de la interrupción del embarazo; para descalificar propuesta como la “Ley de Educación en Afectividad y Sexualidad Responsable ” utilizan argumentos religiosos irrespetando la laicidad del Estado.

Con la tecnificación de los medios de comunicación, la ciudadaní­a tiene mayores posibilidades de estar informada y de ser más reflexiva y crí­tica de la actividad polí­tica, muchas personas ya no son tan ingenuas como para creer los planteamientos ilógicos que hacen la mayorí­a de aspirantes a vivir del erario nacional y de todo lo que implica tener poder de tomar decisiones que favorezcan o impidan gobernar para favorecer los intereses de las mayorí­as, en el entendido que serí­a una falacia decir que para toda la población, porque la igualdad no puede darse entre desiguales que es la realidad de la población salvadoreña..

Desde el momento en que hay elecciones internas en los diversos partidos polí­ticos, es obvio que las personas que se postulan o proponen tienen interés de agenciarse al cargo que pretenden y lo hacen a sabiendas que es una oportunidad de obtener prestigio, buenas prestaciones, un salario fuera de lo corriente en nuestro paí­s, poder de incidir directamente en las polí­ticas públicas para beneficiar a determinados sectores afines ; justificar presupuestos en la Asamblea que posteriormente negocian, repartiéndose beneficios entre los partidos polí­ticos e incluso limitando programas sociales que adelgazan desde sus particulares puntos de vista los fondos públicos que deberí­an ser utilizados para solventar los problemas de la población y no para ser sustraí­dos por redes corruptas que se reparten los dineros públicos.

Es un sinsentido que quieran hacer creer que se están sacrificando por la población eso ni lo deberí­an decir por qué es menospreciar la inteligencia de las personas, lo lógico es que sepan que asumirán responsabilidades por los que la población pagara con sus impuestos y que si aceptan es porque así­ lo quieren, nadie les obliga, no es ético imaginar y decir que están subvalorados para posteriormente aceptar más dinero como sobresueldo no declarados, si se consideran súper profesionales no acepten, siempre habrá otras personas capaces que harán el mismo trabajo por el salario destinado, la verdad es que la experiencia vivida en anteriores gobiernos, ha evidenciado que el funcionariado no ha sido algo extraordinario, generalmente se ha hecho menos de lo que se esperaba y el trabajo que se hace es lo que hay que hacer y no presentarlo como acciones extraordinarias fuera de lo que es el trabajo público por el que se les paga, esperando incluso reconocimientos que no tiene la ciudadaní­a cuando hace su trabajo, el que muchas veces no es pagado como se merece.

Lo que serí­a realista es que los aspirantes a conducir la Nación, no solo nos ofrezcan proyecciones, las que tendrí­an sentido, si nos explican cómo se harán y como superan los obstáculos que generalmente impiden que la sociedad se desarrolle y que la población tenga las oportunidades y las condiciones que necesita para vivir con dignidad y tranquilidad.

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