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jueves, 29 de julio del 2021

Sanar heridas para alcanzar la paz

Es el lema del Tribunal internacional para la aplicación de la justicia restaurativa en El Salvador, que arrancó ‒sin pensarlo así­â€’ durante las primeras ediciones del Festival Verdad en aquellos foros por la los derechos humanos, la verdad, la justicia y la paz, a finales del pasado siglo y principios del actual. Transcurrieron los años hasta que nació, en el 2009, la criatura que ya prepara su noveno perí­odo de sesiones. Yo elaboré ese lema con palabras sentidas y sentido de realidad, pues siguen abiertas las viejas heridas y se siguen abriendo nuevas. Por eso, la paz es la gran tarea nacional pendiente. Además, diseñé su logotipo: un sol naciente esperanzador, entre montañas, y una llama ardiente iluminadora del sendero a transitar.

¿Por qué hablo en primera persona? Porque es cierto y porque este es, tras más de dos décadas de hacerlo casi ininterrumpida, mi último comentario semanal para la YSUCA. Al terminar octubre, termina otra etapa de mi vida pero no mi vida. Aunque me hayan querido cortar las alas y callar la boca varias veces, emprendo un nuevo vuelo para seguir diciendo lo que pienso y haciendo lo que quiero. No es  complicado: pienso que el pueblo salvadoreño merece algo mejor y quiero seguir contribuyendo en lo posible para que eso ocurra, a pesar de los pesares.

Pronto comunicaremos qué haremos, porque no es solo un tal Benjamí­n Cuéllar el de ese afán. Hay más personas; algunas trabajaron en el IDHUCA dejando el pellejo para ser herramienta útil en manos de las ví­ctimas que, por montones, se produjeron antes de los veinte años de ARENA y durante los mismos; montones que sigue produciéndose por la perversidad del sistema imperante, hoy administrado por quienes prometieron “cambio” y “buen vivir”. Con algunas de estas, generosas y utópicamente comprometidas, nos conocemos bien. Y entre bomberos no nos pateamos la manguera. Hablo de hombres y mujeres de altos quilates, que se meten al fuego sin arrugarse aunque se chamusquen en el intento; que no son producto ni de la improvisación ni del oportunismo.

Me voy de la UCA no porque quiera, sino porque no quiero seguir sin hacer lo que hice desde su interior la gran mayorí­a de años, durante cinco lustros a cumplirse el próximo 6 de enero. Tres jesuitas tienen que ver con esta historia; a los tres les debo tanto y se los agradezco. Por mí­ trajinar se cruzaran Michael Czerny, Rodolfo Cardenal y “Chema” Tojeira. Michael me contrató allá por junio de 1991, en ese México lindo e ‒igual que El Salvador‒ qué herido. Buscaba a “Nemo” para que lo sustituyera como director del IDHUCA; en menos de media hora de plática y sorbos de café, mejor se decidió por este servidor. A “Chema”, su actual director, le escribí­ hace unos dí­as esto:

“Me voy apreciando en todo lo que vale ‒que es mucho‒ haber trabajado tantos años de la mano con Rodolfo Cardenal y, por supuesto, con vos. Realmente la inmensa mayorí­a de (…) mi paso por la Universidad jesuita, (…) fue un prolongado honor y un apreciado privilegio, como lo fue también haber conocido en esta casa de estudios y reflexiones a otras buenas personas con una enorme talla humana; hablo de los dos Jon, del ‘padre Ibis´, de ‘Rafa´ Sivate, del ‘Dino´ Brackley, Carlos Ayala, la Crista Béneke…

Asimismo, lo fue el haber compartido tantas alegrí­as y problemas con el personal que ha despachado en la cafeterí­a, la despensa y la librerí­a; igual con hombres y mujeres que han barrido hasta los más recónditos rincones institucionales, chapeado grama y hermoseado jardines, cuidado portones de pie ‒por horas y horas‒ garantizando nuestra seguridad…

Lo hice y lo disfrute siendo director del IDHUCA por veintidós años, secretario de conflictos del Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de la UCA, portero titular ‒más o menos eficiente‒ de muchos equipos de fútbol en los campeonatos internos durante dos largas décadas. Por cierto, ‘Chema´, ¿recordás el partido que inauguramos acá en presencia de Mario Acosta Oertel contra la ‘selecta´ de Mariona? Por ahí­ tengo una foto.

Trabajar a tu lado, echándote la mano en el caso de la masacre en la UCA desde el momento que llegué acá en enero de 1992 ‒siempre con el consejo atinado de Rodolfo, mi jefe inmediato‒ fue realmente una escuela. Pude investigar, opinar, discutir y proponer en lo que fue un aprendizaje de primer nivel y (…) altos vuelos. Ambos me brindaron su confianza y me dieron el chance de imaginar, inventar, arriesgar, tratar, lograr cosas novedosas y más de alguna vez hacer alguna locura que ‒bien o mal‒ quedará registrada en la historia de la lucha contra la impunidad en El Salvador y la defensa de las ví­ctimas de violaciones de sus derechos humanos (…).

Pero también me arroparon; estuvieron junto a mí­ y salieron en mi defensa cuando ‒en medio del litigio estratégico por el asesinato del joven Adriano Vilanova‒ fui señalado por la máxima autoridad de Seguridad Pública como enemigo de la Policí­a Nacional Civil, tan solo por acusar a algunos de sus miembros como autores del crimen y pretender hacer funcionar el sistema de justicia. Estaba yo, según el ministro Hugo Barrera, fraguando un ‘complot´ contra dicha institución. La conjura real fue la de ellos. Eso pasó a mediados de septiembre de 1998; el 17 de ese mes declaraste entre otras cosas, ‘Chema´, lo siguiente: 

‘Yo quisiera afirmar el respaldo institucional de la Universidad a la labor del IDHUCA, (…) extensa y muy amplia dentro del paí­s. Y muy necesaria. Extensa en lo que es educación en derechos humanos (…); y muy amplia porque hemos dado cursos, incluso a la PNC, sobre el tema de los derechos humanos. El otro aspecto más concreto y educativo es el de la defensa, apoyo y asesorí­a a personas que han sido ví­ctimas en sus derechos fundamentales. En este terreno, la labor del IDHUCA no se centra en la simple denuncia sino que trata fundamentalmente de conseguir, a través del acompañamiento de las ví­ctimas, que las instituciones del paí­s funcionen realmente´.

También me sentí­ del todo respaldado por ustedes cuando, el 4 de octubre de 1995, (…) salí­ bien librado de un atentado que todo apuntaba a que serí­a mortal (…) Por eso, cuando me decí­an ‘tenés valor´ muchas veces respondí­: ‘No, tengo el apoyo de ‘Chema´ y Rodolfo´.   

‘Me llevaré conmigo en los pliegues del alma â€’cantó (…) Alberto Cortéz‒ la sonrisa de un niño; es decir, la esperanza. Esa brisa constante que sostiene mis alas´. Sí­, ciertamente, me llevaré esa sonrisa de la niñez y la adolescencia en su mayorí­a tan maltratada en este ‘paisí­to´, junto con mis alas que aún las tengo largas y dispuestas a volar (…) batiéndolas sobre la injusticia y la impunidad. Me la llevo junto con la capacidad de indignación que mantengo intacta y hasta de sobra para ‒como lo hice antes y durante mi paso por el IDHUCA‒ transformarla en una acción que cuestione el mal común y aporte a su contrario: el bien común.

No quiero seguir sin hacer nada, mientras las mayorí­as populares se desangran unas y se desplazan otras, desesperadas para no morir violentamente o desaparecer de este mundo forzadamente. Quiero poner mi esfuerzo al servicio de quienes desde hace cuatro décadas y media lo he puesto, para que contribuya a construir ‒terco que soy‒ un mejor El Salvador o, por qué no decirlo, un mejor y más amable ‘triángulo norte´ centroamericano.

Te reitero mi gratitud y respeto, ‘Chema´, pidiéndote que lo hagás extensivo también en lo que le corresponde justamente a Rodolfo”.

Así­ siento y quiero yo a estos dos curas; ese sentir y querer con el cual me voy alcanza para el personal de la YSUCA y su comunidad de “radio hablantes”. Y, ¿cómo no? También para aquel equipo valioso, hermoso, que hizo histórico al IDHUCA y quizás parecido a lo que soñó su fundador: Segundo Montes, otro jesuita de alta valí­a. Y ojo: hay que seguir neceando hasta sanar heridas y alcanzar paz. No importa quién se oponga. Gracias y hasta pronto…

Posdata: la Almudena; sí­ la Bernabeu… La destacada abogada del Centro de Responsabilidad y Justicia (CJA), también acaba de renunciar. Es pura casualidad, no vayan a pensar mal; pero no hay mal que por bien no venga, dicen.

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