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miércoles, 04 de agosto del 2021

Refugiada huye de Alemania tras reencontrarse con su captor

Durante meses el hombre, miembro del Estado Islámico, abusó de ella, dando por sentado que le pertenecí­a como esclava

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La joven refugiada Aschwak, de la minorí­a religiosa yazidí­, jamás pensó que algún dí­a acabarí­a abandonando Alemania, el paí­s que la acogió durante tres años, para huir a Irak.

En la pequeña ciudad de Schwí¤bisch Gmí¼nd, en el sur del paí­s europeo, esta joven iraquí­ de 19 años se sentí­a segura hasta que se encontró por la calle con el miliciano del grupo terrorista Estado Islámico (EI) que siendo tan solo una adolescente, según relata, la habí­a comprado en un mercado de esclavos de Mosul por 100 dólares.

Su caso, aunque pueda parecer inconcebible, recalca Aschwak, no es único.

La pesadilla comenzó el 3 de agosto, el dí­a que los yihadistas del Estado Islámico irrumpieron en su aldea, relata la joven. En tan solo unos dí­as, los terroristas asesinaron a miles de hombres de la comunidad yazidí­, la minorí­a étnica más perseguida por el EI.

A Aschwak, que en aquel momento tení­a 15 años, a sus hermanas y a sus primas, los extremistas las raptaron y las pusieron a la venta en un mercado de esclavos en Mosul. Un combatiente del Estado Islámico, que respondí­a al nombre de Abu Humam, acabó comprándola.

"Para él yo era su mujer. Me pegaba todos los dí­as. Yo tení­a que limpiar y ordenar todo", explica por teléfono la joven en un alemán fluido.

Durante meses, el hombre abusó de ella, dando por sentado que le pertenecí­a. Una noche, ella y otras seis mujeres tuvieron que servir la cena a varios miembros del Estado Islámico. Aprovecharon la ocasión para introducir somní­feros en la comida y así­ poder escapar.

Emprendió rumbo a las montañas de Sinjar, al noroeste de Irak y donde muchos yizadí­es buscan refugio. Poco después, desde Alemania llegó una noticia largamente esperada: Aschwak podí­a viajar a la región de Baden-Wurtemberg como refugiada y vivir allí­ con su madre y sus hermanos.

"Al principio todo iba bien", recuerda. Comenzó a ir a la escuela y fue tratada médicamente. Después, su suerte cambió.

Cuando un dí­a paseaba por una calle de su ciudad de acogida, Schwí¤bisch Gmí¼nd, tuvo la sensación de que un hombre la seguí­a. No se equivocaba. "Estaba detrás de mí­, me seguí­a pero no dijo nada y yo tampoco dije nada".

Al llegar a casa, expresó sus sospechas a su madre, quien la tranquilizó indicando que era muy poco probable que el hombre que la seguí­a fuese su captor. "No te preocupes, en Alemania no hay ese tipo de gente", le dijo.

Pero Aschwak volvió a ver al susodicho en el mes de febrero, esta vez cuando la chica se dirigí­a al supermercado. Un coche de color blanco se detuvo cerca de ella. "Se me acercó y me dijo: ‘¡Tú eres Aschwak!’", rememora. Ella respondió que no conocí­a a nadie que se llamase así­. "No mientas", replicó su presunto captor, quien también le dio a entender que sabí­a todo sobre su nueva vida en Alemania.

Aschwak interpuso una denuncia y las autoridades alemanas empezaron entonces a ocuparse del caso pero le dijeron que "no podí­an hacer nada". Un portavoz del ayuntamiento de Schwí¤bisch Gmí¼nd lamenta lo ocurrido. "Hemos hecho todo lo posible para ayudar a esta chica", indica. Desde la Administración se le ofreció una nueva vivienda, anónima, pero ella no llegó a usarlo.

En el mes de junio la Fiscalí­a alemana inició una investigación. Por el momento, las autoridades han reconstruido un retrato robot del hombre con la ayuda de Aschwak. "Lamentablemente, la joven no pudo dar datos muy precisos", declaró una portavoz del Ministerio Público.

El nombre de Abu Humam tampoco figura en ningún registro en Alemania. Sin embargo, investigaciones periodí­sticas llevadas a cabo por la radio y televisión alemana SWR respaldan la versión de Aschwak: otros miembros de la comunidad yazidí­ de Baden-Wurtemberg aseguran haber visto a Abu Humam.

A pesar de que desde la Fiscalí­a alemana aseguran que no conocen otros casos similares al de Aschwak, la iraquí­ asegura que son muy habituales. Amigas suyas han pasado por situaciones similares, recalca. "Nadie nos oye, nadie nos cree", añade a continuación.

Agradecida a Alemania por las oportunidades que le ha dado en los últimos tres años, Aschwak dice que por el momento no piensa moverse del norte de Irak. Teme volver a encontrarse con su captor. "No voy a volver a Alemania, tengo mucho miedo", concluye.

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Agencia Alemana de Prensa (dpa)
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