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lunes, 29 de noviembre del 2021

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Lo cierto es que el señor Biden representa justamente el problema, y que es una gestión - en la que ya participo "“ que vela por los intereses de las clases pudientes estadounidenses

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Recientemente se hizo público el que Joe Biden, ex vicepresidente de la administración Obama, correrá por la candidatura a la presidencia de los EU por el partido demócrata. 

El anuncio permitió confirmar el que fuera un secreto a voces hacia el interior partidario y en medio de zendo despliegue publicitario. 

Tal despliegue no evito, intencionalmente, reparar en los atributos polí­ticos del ex vicepresidente, como además que cuenta con el apoyo de su ex jefe, y más relevante aún, del denominado Establishment, conocido por algunos como el poder real o “Estado Profundo”. 

En este punto es relevante recordar que el actual ejecutivo supero a sus adversarios justamente prometiendo, entre otros, que éste poder fáctico y bajo su administración “…serí­a relegado perdiendo sus privilegios, trasladándolos a la población…”, quienes bajo la administración Bush y Obama, perdieron sus ahorros, trabajos, empleos, apenas subsistiendo bajo la lí­nea de pobreza y sobreviviendo en carpas en la calle, en la avenida Pensilvania, a apenas cuadras de la Casa Blanca. 

Esto es porque ahora mismo, bajo la administración Trump que aseguró “…resolveré los problemas financieros del ciudadano de a pie, haciendo a América grande de nuevo…”, las cotas de pobreza extrema alcanzaron un máximo histórico de hasta 5,3 millones de estadounidenses viviendo bajo la lí­nea de pobreza extrema global, con apenas, de acuerdo a Angus Deaton, premio nobel de economí­a, “…$5.50 al dí­a…”, ¡en el paí­s más rico del orbe!, mientras que 40 millones de ciudadanos estadounidenses más se encuentran en el filo de esa lí­nea ahora mismo [Oficina de Censos de los EU]. 

Por supuesto tal realidad no es responsabilidad de la actual administración, sino la suma de las medidas que se tomaron para favorecer a la banca y a la gran empresa, mientras se deprimió a la ciudadaní­a y luego del shock que significo el quiebre financiero de 2008. 

En este escenario aparece Joe Biden, con un discurso sentimental en el que repara “…en los grandes valores americanos…”, como en la “…necesidad de recuperar la grandeza…”, que solo él, parece ser, puede atender. 

Lo cierto es que el señor Biden representa justamente el problema, y que es una gestión – en la que ya participo ““ que vela por los intereses de las clases pudientes estadounidenses, mientras aplica la ya gastada fórmula de socializar las pérdidas, incrementando los impuestos a las mayorí­as, con lo que intenta paliar la deuda interna que raya ya el 95% del PIB y bajo la lógica de “mientras paguemos no hay problema”, como se hizo en las 3 administraciones precedentes, reduciéndolos a las clases pudientes los mismos, incrementando la lí­nea de pobreza como las cifras demuestran y a pesar del maquillaje con el que polí­ticamente se lo procura encubrir.  

Tal es el caso que la carta que representa el señor Biden es la del continuismo, con la que procura sustentar el modelo gastado que significa el neoliberalismo, mientras, y para asegurar su figura en el imaginario público, se niega presencia en la palestra electoral a otros cuya propuesta, es significativamente diferente. 

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