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martes, 26 de octubre del 2021

Recordando al padre Nacho y 56 aniversario de la UCA

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Por Wilfredo Mármol Amaya

Era el año de 1980, mientras estábamos en una clase con el padre Luis Achaerandio en el Aula Magna 1, un maestro de Matemáticas solicitó autorización para ingresar y dirigirse a los estudiantes.  Una vez realizadas las formalidades y de manera sencilla se dirigió a nosotros y recuerdo nos expresó: Reciban en nombre de nuestro Rector, el Padre Ignacio Ellacuria un saludo cordial, estamos acá para festejar el 15 aniversario de nuestra Universidad José Simeón Cañas, la UCA. Las universidades prestigiosas en el mundo tienen 100 años o más de haberse fundado, pero nuestra Universidad es aún muy joven, pero tienen un claro objetivo de preparar a ciudadanos comprometidos que le sirvan desde la especificidad profesional a su pueblo, es decir la UCA pretende formar profesionales comprometidos capaces y que tengan una opción preferencial por los pobres, como es el sentir de la Iglesia.”

Indudablemente han pasado los años y cabe la alegría y de mis respetos profundos por mi Alma Mater, que no obstante haberme graduado ya hace 34 años, y haber con orgullo verse graduar, un día previo a mi cumpleaños Adriana María Mármol Aparicio en el presente año 2021, como Economista, la sensación de orgullo es aún más grande y el compromiso por la búsqueda de la felicidad del pueblo salvadoreño se mantiene intacta.

A los 56 años de aniversario de nuestra UCA, es una ocasión de oro para recordar a mi maestro de Psicología Social, Ética Profesional y Asesor de Tesis, que por cierto llevó el nombre de “Condiciones psicosociales del sindicalismo salvadoreño: Identidad, poder y actividad”

Mural de la UCA, de los 9 mártires

Con fecha, 9 de noviembre de 2012, me puse a escribir sobre mi maestro, en ocasión de su cumpleaños, y me permito compartir con la comunidad universitaria el presente testimonio, como un legado general a nuestros padres mártires que ofrendaron su sangre generosa l la madrugada del 16 de noviembre de 1989, en manos del Batallón Atlacatl, cuando era el señor Alfredo Cristiani el Comandante General de la Fuerza Armada salvadoreña y Presidente Constitucional de la Republica.  Asi mis memorias:

“ El padre Nacho,  nació en Valladolid, España el 7 de noviembre de 1942, graduado como Psicólogo de la UCA en 1975, maestro, sacerdote, investigador, trabajador incansable, amigo, vicerrector, hacedor de las Buenas Nuevas. El Padre Nacho hubiese estado cumpliendo 70 años de vida. Los profesionales en Psicología, tenemos el compromiso de extender el pensamiento, obra y martirio del nuestro querido “Nacho”, su nombre Ignacio Martin Baró.

En mi calidad de ex alumno del Padre Nacho, traigo a cuenta algunas memorias para que le recordemos, y las nuevas generaciones le reconozcan. Felicidades a Nacho, a quien se le celebra la vida y a los estudiantes por formarse en una profesión humanista y al servicio de las mayorías populares. 

“Mis queridos estudiantes”, solían ser las primeras palabras del Dr. Ignacio Martín Baró, en cada una de sus clases, nuestro querido padre Nacho, o simplemente Nacho. De vestir sencillo, gustaba de camisas casuales de algodón y de colores oscuros, entre estos el azul, negro y gris. A decir verdad, por lo general le acompañaba una sonrisa de oreja a oreja, de caminar parsimonioso, elegante y un detalle que le era esencial a su forma de ser, siempre andaba libros entre sus manos o bajo el brazo. En los días de lluvia, el paraguas fue su fiel compañía; ocasionalmente sorprendía con un pequeño sombrero en su cabeza que por cierto un mechón sobre el lado derecho simulaba la caída prematura de su cabello que llegaba hasta la parte central de su cabeza, puesto que la coronilla era evidente. De pelo negro y barba espesa que empezaba a notarse entrecana. Era un hombre dotado de una inteligencia natural y emocional penetrante a todas luces, complexión atlética, un tanto fornido y de una estatura más bien mediana, quizás 1:70 metros.

Era esencialmente puntual y sus clases eran brillantes, puesto que mucha luz emanaba en cada una de sus palabras que se acompañaban de gestos en sus manos; las afirmaciones en el salón de clases eran fundamentadas, solía agregar en las pausas necesarias, “vayan a las fuentes, no se queden en los charcos”, expresión metafórica para indicar la necesidad de consultar a los clásicos y al avance de la ciencia en general, no aconsejaba quedarse en la superficie académica, al contrario siempre profundizar y huir de lo evidente, en el fondo aconsejaba siempre la consulta, como parte del rigor científico y desideologizado,  para trascender como profesional, Así era Nacho, el gran maestro y considerado padre de  la Psicología Social, latinoamericana. “La ética es la praxis iluminada teóricamente” solía advertirnos durante las clases de Ética profesional, que sintetizaba con la frase “para ser un buen psicólogo, es necesario e indispensable ser un psicólogo bueno” ya que el ejercicio de la profesión no es cuestión de buenas intenciones, el profesional sabe o no sabe, advertía seriamente.

Marcadamente humilde, aunque también era tajante e iba hasta las últimas consecuencias en sus apreciaciones y convicciones. Trabajador infatigable, con varias tareas simultaneas, investigador, fundador y Director del IUDOP (Instituto Universitario de Opinión Pública), además editaba libros, Vicerrector, Párroco de la Iglesia de Jayaque, maestro y estudioso empedernido, formidable orador. Así era Nacho.

Solía moverse a lo largo y ancho del salón de clases, subía algunas gradas; en ocasiones se detenía en algún estudiante en particular, daba la impresión, sin perder el hilo conductor de la temática en cuestión, de entrar en el plano de la confianza y lo abordaba con su nombre, “Dígame mi querida Marta Rivas, qué opinión le merece….” o también se atrevía a poner humor “usted negrito, considera que…” me dijo en varias ocasiones acompañada de un sonoro golpe sobre mi espalda, a veces me hacía sentir incómodo e iracundo, pero la inclusión de su rápida y espontanea sonrisa me regresaba al mundo de la academia y de la gracia de sus clases. “Vaya usted a saber”, era una de sus expresiones de cierre a sus explicaciones, que le parecían difíciles de olvidar.

Los y las estudiantes que no simpatizaban del enfoque centrado en los procesos de considerar a la Psicología Social como una ciencia con misión des ideologizadora de la sociedad y del pensamiento para romper los esquemas de dominación y un paso al entendimiento entre los grupos sociales, eran respetados en sus argumentaciones.

Recuerdo una de las clases en que exponía la temática sobre las confrontación entre las clases sociales y su interrelación en la conformación de las actos humanos, lo alternaba con la posición seria y el humor, recordamos de esa noche decir: “miren ustedes pues, están preparándose para ser profesionales y para no seguir haciendo más ricos a los ricos, no es necesario comprar marcas para vestirse; de una buena tela se hace un buen vestido, un pantalón o una blusa bonita, yo por ejemplo no gasto innecesariamente, no compro desodorantes, pues en estas tierras abundan  los limones y el bicarbonato, uno anda decente y sin malos olores…” terminaba siempre con una sonrisota que era respondida por un coro de carcajadas de sus estudiantes, incluyendo a los detractores o que mostraban su inconformidad,  que los habían a granel, siempre hubo un ambiente de respeto. Era su manera de cuestionar el afán de acumulación y el instrumento del consumismo a ultranza del capitalismo y la burguesía, por supuesto.

La confrontación y el análisis permanente del enfoque teórico con los eventos de la realidad nacional estaban de la mano, en lo particular me quedó la costumbre de pasar revista al día a día, los acontecimientos nacionales y cotejarlos con las premisas teóricas como un mecanismo permanente de responder a la problemática psicosocial de la sociedad salvadoreña, de una manera objetiva, dejando atrás el pensamiento que la psicología era una ciencia aséptica y apolítica. Los noticieros eran una condición sine qua non a todo profesional de la psicología y parte del proceso de formación académica.

Eso sí, el Padre Nacho insistía que los profesionales en Psicología, deberíamos dar respuestas desde nuestra “especificidad psicológica”, creo que en el fondo y es una apreciación muy personal, le dolía conocer que un psicólogo o una psicóloga, o de sus estudiantes, empuñara el arma y se incorporara a uno de los Frentes de guerra, pero si aplaudía la valentía que la Psicología acompañara con el análisis, investigación y propuestas de solución a la guerra y la falta de democracia. Es decir brindar académicamente, lo que la Psicología pudiera aportar como ciencia.  

La incorporación de nuestra maestra, Licda. Ethel Pocasangre al frente guerrillero de las Fuerzas Populares de Liberación, FPL (considerada por la historia la organización Política militar más grande y emblemática en América latina) una especialista en Psicología Evolutiva, una colega dulce y profundamente solidaria, fue respetada en su decisión, aunque entristeció al Padre Nacho. Fue una entrega de Ethel que en lo personal respeté siempre y me llena de admiración recordar a este gran ser humano, y como docente era brillante y extraordinaria. 

De esta vocación de compromiso reflejada de las clases del Padre Nacho, permitieron que sus estudiantes impulsaran el surgimiento de instituciones, que incluso casi 30 años después aún prestan sus servicios en la salud mental, me permito mencionar, con la clara convicción que algunos datos no coincidan con los acontecimientos, pero bueno los años no pasan sin dejar huellas. Es así como estudiantes de Psicología de la UCA, en el año de 1985, llegamos al Comité Nacional de Salud Mental, sobre la 23 calle poniente No. 1137 de San Salvador, que estaba al borde del desaparecimiento y decidimos asumir su conducción, ahí coincidimos con Guillermo Mártir Hidalgo y el que suscribe las presentes memorias.

Jesuitas asesinados en el campus de la UCA, el 16 de noviembre de 1989

Mientras otros profesionales recién graduados de Psicología de la UCA, se daban a la tarea de formar otras instancia de psicólogos y psicólogas, es el caso de ACISAM, cuyos fundadores;  Ethel Pocasangre, Marco Antonio Ramírez (exiliado en  Brisbane,  Australia y su esposa la psicóloga Elvia Aparicio Rosas),  Anita Castellanos y Guillermo Mártir, además de Guillermo Menjivar quien aún era estudiante, en ese entonces de Psicología en la UES (colega que murió de cáncer, años después), su hermana Mercedes Menjivar y su novio llamado Roberto, eran estudiante de la UES de la carrera de Medicina. Flavin Artiga, estudiante de Psicología de la UCA, Raúl Duran, entre otros que escapan a la memoria. El primer fondo que obtuvo OCISAM, nombre original de la organización, fueron $ 25,000 y el responsable un amigo Menonita de nombre Andrés Mckinley.

Napoleón Hernández y Julio César (el apellido escapa a nuestra memoria), Malcom Alvarado y Sonia Miranda Luna, fueron de la segunda generación y entraron a iniciativa del Lic. Omar Panameño, docente universitario de la UES. La primera coordinadora fue Anita Castellanos y el segundo coordinador Guillermo Mártir.

Como puede observarse la segunda tanda eran estudiantes de psicología de la UES. Posteriormente pasó a llamase ACISAM, nombre que aún conserva. Y ha sido dirigida en muchos años por el Lic. Raúl Duran. Un colega comprometido con la Psicología Social y la práctica de la salud mental salvadoreña. Por cierto Raúl Duran, falleció el 29 de septiembre de 2021.  QEPD.

 Otro esfuerzo de los estudiantes de la UCA fue la fundación de la institución de PROVIDA, incluso ofrecíamos psicoterapia  en el tercer nivel del edificio ubicado frente a la Basílica de El Espíritu Santo, contiguo al MINSAL, a través del Centro de Asistencia Psicológica, CAPSI;    alternando con estudiantes de la UES y la Matías Delgado, como Jaime Choto; ahí estuvo en la parte artística el cantautor del Grupo Guinama,  Mario López, integrado además por los estudiantes de psicología, Patricia Silva, Anita Castellanos, José Luís Guzmán Martell, entre otros.  Uno de los más visibles responsables de PROVIDA fue Mauricio Aguilar Vanegas, conocido como “Juan Filo” estudiante de filosofía de la UCA, hacía alusión a la necesidad de la integración multidisciplinaria; es evidente que como estudiantes en esos difíciles años, asumimos el reto en condiciones donde la muerte, incluso acechaba nuestros pasos. Mauricio Aguilar Vanegas falleció el 7 de  junio del 2011.

Esto sólo es una pequeña muestra que la presencia y enseñanzas del Padre Nacho se extendieron más allá de la academia y como estudiantes de la profesión esencialmente humanista hicimos realidad que  la Psicología era más que Conductismo de los laboratorios, ratas blancas o masa encefálica en formalina, demostrando que la Psicología era una ciencia que abordaba a los seres humanos de carne y huesos en esa época  que sufrían la población los estragos de la guerra en el día a día y  que valientemente ofrendaron su sangre generosa por un país mejor, con justicia social y democracia económica. El Padre Nacho, por qué no decirlo, nos mostró el camino que entre ciencia y religión, no hay contradicción.

Una forma de llamar la atención para combatir el tabaquismo, lo hacía muy a su manera, “el que no fuma ni toma vino, el diablo se lo lleva por otros caminos” en el fondo quizás quería decirnos que habían cosas aun perores, o vaya usted a saber.

Su sentido del humor envidiable en una de las clases de la temida y encantadora cátedra de Psicología Social, allá por 1983 manifestó:  “Las noticias de esta semana han estado saturadas del anuncio sobre la apertura de un nueva prestación social de la Fuerza Armada a sus miembros, han inaugurado su propia funeraria…  bueno ojala y le den mucho  uso” dijo con ironía y sutil sarcasmo, seguido de una sonrisa que terminaba con en fuerte apretón de los labios, con un gesto de ojos, mientras frotaba sus manos y posteriormente su mano derecha terminaba colocada en su mentón, lisonjeando su espesa barba.

Ya en quinto año de la carrera, en una noche que las clases fueron suspendidas, no recuerdo la motivación, pero sí que el Padre Nacho llegó a la cita de la cátedra de Ética Profesional, José Luís Guzmán Martell quien mostraba algunos acordes en su guitarra,  el Padre Nacho le tomó la guitarra, se la llevó a sus manos y empezó a cantar la canción “Usted no es nada, ni chicha limonada”, los pocos estudiantes a esa hora concentrados, dimos cuenta que Nacho también era guitarrero y tenía una excelente voz, al final Nacho recibió un coro unísono y desafinado de sus estudiantes, a excepción de José Luís, quien ya era parte del Grupo Musical Guinama. El Padre Nacho, hizo magia entre los pocos y privilegiados estudiantes que tuvimos la oportunidad de escucharle esa noche; no hay dudas que nuestro Nacho estaba en la línea de los intereses de los desposeídos.   

Sin excepción alguna, el Padre Nacho, terminaba de una manera peculiar cada una de sus clases que daba fortalezas al escucharlo, a la espera de poder oírlo nuevamente; lastimosamente su vida fue suspendida de manera abrupta y grosera en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, en manos de la bota militarista y la evidente complicidad del Comandante General de las Fuerzas Armada, y Presidente de la Republica de esa fecha, no así su voz esperanzadora en la Psicología y sociedad salvadoreña.

Me gustaría concluir a la manera del Padre Nacho al final de cada una de sus clases en el salón, esta memoria viroleña en su nombre, con la ilusión que el Padre Ignacio Martín Baró, aún sigue con vida en la UCA.  “Mis queridos estudiantes, que Dios les bendiga” con la esp3eranza que nuestros mártires aun sigan con vida en nuestra UCA al cumplir sus 56 año de fundación.”

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Wilfredo Mármol Amaya
Psicólogo salvadoreño, colaborador y columnista de ContraPunto
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