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sábado, 08 de mayo del 2021

Pandemia en El Salvador: la reestructuración del Estado capitalista global

La reestructuración, reorganización y reconversión del estado capitalista mundial es inevitable. Las antiguas formas de producción material basadas en la sobreproducción han cerrado su ciclo con la contracción con la que nacieron:  su propio ahogamiento. Muchos países pobres serán más pobres y otros iguales, serán menos pobres. La desaceleración del capital industrial y el nuevo auge del tecnológico se convertirá en la constante confrontación. El concepto neo evolucionista de la “sobrevivencia del más apto” resurge devastadoramente.

Pero también surgirán nuevas formas de organización capitalista más humana. Decía Marx que la “[…] comunidad primigenia, formada por iguales, es la forma revolucionaria de la sociedad, forma que recibirá un nuevo contenido tras la mutación histórica que ha experimentado la humanidad y una vez que haya sido superada la explotación en forma de esclavitud, servidumbre y capitalismo…Los inmediatos productores, que pertenecen a la clase explotada en sus diversas formas y, en vez de medios de producción, sólo poseen su propia mano de obra para venderla, constituyen una clase que lleva en sí misma el germen de la sociedad futura. La parte se convierte en el todo por un acto revolucionario: un giro total de la sociedad existente. Su misma transformación conviene al pasado en el futuro, pasa a ser otra cosa distinta de lo que había sido hasta entonces~ se escribe de nuevo […]” [1].

Sin duda aprenderemos a convivir y controlar el COVID-19. La humanidad ha enfrentado y enfrentará siempre nuevos derroteros, es nuestra naturaleza social, pero es nuestra naturaleza humana transformarlos en instrumentos para el progreso y desarrollo hacia nuevas formas de dignidad humana, hacia la reconversión del Reino de Necesidad en el Reino de la Libertad.

Preámbulo

Inicio este trabajo acudiendo a algunas notas que hace algunos años publiqué en relación con lo que llamo “Reconversión del estado salvadoreño” en la cual señalé que “…tanto los signos económicos como polí­ticos actuales, indican que, en este siglo, Latinoamérica modificará substancialmente su desafortunada historia heredada del Colonialismo y los subsecuentes diseños de Estado Nacional aplicados a paí­ses Dependientes. Esto significa sus propias transformaciones en su organización polí­tica, económica, social, cultural y educativa, todas ellas, pensadas o ejecutadas accidental o coyunturalmente con las exigencias que los paí­ses industrializados han dispuesto para el nuevo orden de los paí­ses dependientes que les asegure la reconfiguración de grandes capitales reconcentrados en nuevos grupos…” [2]. En esta línea, los conceptos “accidental o coyunturalmente” que anteriormente refiero, adquieren una condición idónea en el contexto de la pandemia que ahora vivimos. Sugiero con ello, una lectura plenamente política de dichos conceptos en virtud de tratarse de una pandemia como un fenómeno totalmente externo a la voluntad de la sociedad nacional.

Expongo entonces las posibles modificaciones al diseño de Estado Nacional heredados del Colonialismo, como una de las consecuencias de la reconversión (reorganización, reestructuración) de los Estados Políticos de los países Dependientes en función de la también reconversión de los países industrializados y de sus nuevas normas sobre los países llamados “en vías de desarrollo”. Sostengo la tesis que el surgimiento de la pandemia COVID-19 ha acelerado dichas reconversiones por la nueva cultura económica, tecnológica, educativa, sanitaria, en vivienda, alimentaria, y otras tantas que la población habrá de adoptar, asimilar y reproducir en los años venideros. Así pues, aunque posiblemente podría parecer descabellado analogar las reconversiones de los estados políticos, económicos y sociales al fenómeno de la Pandemia COVID-19, por el contrario, me resulta plenamente pertinente debido, al menos, a dos grandes razones. La Primera referida a las modificaciones del ciclo de producción capitalista (propiedad-producción-distribución y consumo) originada por las nuevas formas de organización que el sistema capitalista adoptará tanto por sus variaciones en los medios de producción como por las variaciones en la fuerza de trabajo. La Segunda razón estará determinada por la reconformación de los núcleos familiares en cada uno de los territorios, en esto, el fenómeno migratorio y cultural habrá de transformar la conducta y comportamiento social de la población. Se trata de Usos y Costumbres de la población que modificarán su Forma y Modo de vida fundamentalmente en las sociedades más afectadas por la pandemia, de hecho, son precisamente esos Usos y Costumbres culturales los que están y estarán determinando el impacto sanitario, organizativo, conductual, ideológico y social de la población en los próximos años.

En el mundo debemos prever el impacto de la pandemia en todas las esferas de la vida. En eso, lo económico, político, social, educativo, etc., mostrarán su articulación y el mundo sabrá que nada se halla desarticulado, por el contrario, lo intra-interinstitucional emergerá con mayor celeridad. Los niveles de desarticulación intra e interinstitucionales existentes hasta hoy, se trasformarán en Unidades productivas de la actividad material e intelectual con mayor articulación e interdependencia.

Sobre esa condición de desarticulación que ha existido, “…Las razones son múltiples y se fundamentan en la propia historia de los pueblos latinoamericanos, fundamentalmente en aquellas sociedades en donde su historia polí­tica no se explica a través de la historia de sus hechos sino a la historia de los hechos que definen algunos grupos de poder. Esa podrí­a ser, quizás, la condición en el caso salvadoreño en el que aparentemente coexisten dos mundos de estado mental, cultural y económico de la población: el mundo de la reproducción de la historia de los otros sobre la historia de lo propio que conduce a la subordinación, asimilación y dependencia, y el mundo de nuevas formas de organización social a través de la organización polí­tica, siendo esta última, simplemente una forma de ascensión para pasar de sociedad polí­tica a sociedad civil con intereses distintos y propios de las necesidades de cada territorio, de cada localidad…”[3]

Sin duda que la reconversión del estado político y social en países dependientes, tendrá como buen resultado el abandono de la cultura de la esclavitud expresada en el continuo lamento, resignación, improvisación tanto en la vida personal como institucional. Cuando se trata de lo institucional, los individuos responden al plano organizativo propio de la Administración Hacendaria organizada en pequeños feudos en los cuales sustentan su actividad institucional sobre la base de relaciones personales caracterizadas por la murmuración, deslealtad, desprestigio del otro y la ausencia de capacidades técnicas, teóricas o metodológicas para realizar su trabajo, en este caso, el compadrazgo, servilismo o la aceptación de DONES, constituyen los elementos estructurales fundamentales de esas instituciones. 

“Cuando los grupos dominantes representan avance, crecimiento y desarrollo, la sociedad crece con más rapidez y consistencia, pero cuando se trata de grupos dominantes con remanentes feudales, con terror a competir con lo diferente, con lo desconocido, éstos transfieren a las sociedades sus propios miedos derivados del Colonialismo, lo cual reproduce en los sectores populares la condición de esclavo tanto por la explotación admitida, como por la cultura asumida.  En lo político, el individuo se muestra inseguro de tomar decisiones de trascendencia para su vida, prefiere que otro las tome por él debido a su temor al riesgo, entiende que, si él hace lo que no debe hacer, otro hará lo que a él le corresponde hacer y que, por tanto, se exime de responsabilidad [4].

Si bien, desde luego, las políticas de estado para la prevención y control de la pandemia COVID-19 han sido efectivas, pertinentes y atinadas en términos de su impacto desacelerativo de la movilidad y actividad social, también debemos incluir otros elementos. No cabe duda que el elemento Cultural es predominante para la prevención, control y dominio sobre cualquier esfera de la actividad económica, política, social, sanitaria, tecnológica, educativa, etc. La cultura constituye el elemento sustancial de la actividad humana. Nada se halla fuera de ella y nada puede ser posible sin ella. La cultura se produce y reproduce en cada pensamiento, acción, actividad humana. Producimos cultura en cada mirada, gesto, actitud, idea, conducta, comportamiento. No existen subculturas ni culturas superiores e inferiores. Cada pueblo produce su propia cultura en razón de su historia, aun en medio de la historia a la que le han hecho creer que pertenece. En sociedades en donde la cultura comprende las características que anteriormente enuncio (deslealtad, envidia, egoísmo, individualismo, injuria, calumnia, falta de solidaridad, etc.) es muy probable que cualquier tipo de coyuntura económica, sanitaria, social y otras tantas, se conviertan en instrumentos ideales para su consolidación. Sin embargo, en sociedades en donde la solidaridad, la cooperación, el interés social y humano predomine sus interrelaciones, seguramente las respuestas a cualquier coyuntura tendrán un mejor resultado para la colectividad. En esa línea, el concepto antropológico de Usos y Costumbres que anteriormente señalo, comprende la configuración tanto de lo individual como familiar, es decir, de lo micro y lo macro.

El Salvador: El paso de sociedad política a sociedad civil [5]

Desde hace más de 20 años he sostenido que la sociedad salvadoreña requiere pasar de su conformación y experiencia política a reconvertirse en sociedad civil. Sobre lo primero, no cabe duda que la experiencia política acumulada históricamente le ha permitido –de acuerdo a los tiempos y circunstancias—la capacidad organizativa en torno a las acciones, dinámica y actividad política organizativa en distintos escenarios, en distintas esferas de su vida. Ese dominio de la sociedad de pensar y actuar en política partidaria, ideológica o simbólica, ha generado niveles avanzados de percepción y representación de imágenes, figuras o símbolos políticos. Pero ahora, la construcción de su historia exige algo diferente. Ahora han surgido nuevos escenarios que escapan de su propia territorialidad nacional porque demandan su inserción en el mundo globalizado. Aquí y ahora, su actividad y configuración del mundo no se reduce a sus propias localidades. La política, me parece, ya no es solo una actividad misma, se ha convertido en la principal esfera que predomina sobre la actividad económica, educativa, social y cultural. Si mi tesis se comprueba, habremos de considerar que algunos grupos de poder, al menos, los más involucrados en la administración del estado, habrán de involucrarse sin reserva alguna en la vida política pública y, controlar así, la administración pública del estado desde la esfera de lo político y no de lo económico como tradicionalmente se ha realizado.

Pero esa mutación de lo económico a lo político público, también le significa a algunos grupos de poder económico, el surgimiento de una nueva figura en el escenario del concepto de estado, esto es, la sociedad política convertida en sociedad civil, entendida la sociedad política, no únicamente como partidos políticos o los tres poderes del estado, sino, fundamentalmente, desde la participación, involucramiento y organización de la población en razón de sus intereses, necesidades, alcances y limitaciones. Esto, confiere al individuo el compromiso consigo mismo de decidir sobre su condición y ubicación en la formación histórica de su sociedad, de ser sujeto y no objeto de sus actos y determinios políticos, económicos, culturales y educativos.

En esta posibilidad de reconvertir la sociedad salvadoreña en sociedad civil, probablemente el impacto o efectos de la pandemia COVID-19 podría dejar entre sus resultados, la imperiosa necesidad de construir y asimilar una nueva cultura comunitaria, colectiva. Esto significaría mejores y mayores niveles de organización comunitaria, familiar en el sentido de preponderar las necesidades colectivas sobre la individuales. Mejorar el medioambiente natural, el hábitat social, cultural, económico, interhumano. Supondría también el abandono de los antiguos modos de vida en los que la seguridad pública, acceso a mejores servicios del estado, formas de vida y otros tantos, sean parte de la seguridad social, la identidad y la construcción de modelos educativos, económicos y culturales propios.

Territorio:  componentes sustanciales para la reorganización social comunitaria

Desde el año 2005 he trabajado y propuesto el concepto de “Control Territorial”. Este concepto constituye una de las partes que conforman lo que también denomino “Mapa ciudadano de seguridad social”. Éste comprende una construcción holística organizada mediante múltiples determinaciones de orden histórico, sociocultural, político, epistemológico y geográfico. El concepto de Control Territorial pues, no está referido únicamente al ámbito de la Seguridad Pública, la cual debe comprenderse como consecuencia de la Seguridad Social, sino, a la construcción holística, articulada y concatenada con la población en su sentido social, cultural, histórico, biológico y geográfico. Dicho esto, expongo distintos “elementos de constructo” necesarios para comprender el concepto de Control Territorial construido a partir de la articulación entre Territorio y Contexto, Territorio e Institución e Institucionalidad, Territorio y economía, Territorio y Lenguaje.   

Territorio y Contexto.

No debe entenderse el territorio sin su Contexto. Las condiciones del territorio no se modifican ipso facto. Requieren, primero, de la transformación del contexto que le otorga la existencia y Segundo comprender que ahora las realidades de contexto no están circunscritas solo a lo local, dependen de lo regional, lo nacional y lo internacional, es más, algunas realidades han rebasado lo nacional para depender directamente de lo internacional, particularmente en materia económica. Así las cosas, lo local está puesto en función de lo internacional, pero lo internacional no se ocupa de solventar las precariedades y problemas de lo local. Esa asimetría geopolítica devora la localidad mediante el enfrentamiento y confrontación interna hasta que la desaparece. El contexto no surge solo. Se establece a través de la interdependencia de lo macro y el entorno con la microunidad familiar.

Territorio y contexto constituyen entonces, la unidad indivisible de lo material y lo humano. “El territorio era la base, el fundamento del Estado-Nación que, al mismo tiempo, lo moldeaba. Hoy, viviendo una dialéctica del mundo concreto, evolucionamos de la noción, tornada antigua de Estado Territorial a la noción posmoderna de la <<transnacionalización>> del territorio” [6]. Al respecto, en 2008 señalé que los territorios en el mundo globalizado actual representan dos componentes substanciales: 1º. Por la nueva organización político-administrativa del estado (gobernabilidad local y participación ciudadana) y 2º. La económica (surgimiento de unidades comerciales de rápida circulación de mercancías que aseguren la rápida circulación del dinero y transfiguración de éste en diversas formas técnicas, legales y monetarias. En ese sentido la pequeña localidad deja su condición histórica de invisibilidad y pasa a ocupar un nuevo rol en la reorganización política-económica del estado…el fenómeno migratorio mundial y su peso monetario, étnico y cultural, han hecho resurgir o emerger los diminutos territorios que hoy representan y constituyen las principales fuentes de captación y circulación de dinero tanto en lo local, nacional, regional e internacional.

Territorio, Institución e Institucionalidad 

En medio de esa relación territorio-contexto surge el concepto de Institución. No debe confundirse la institución con la institucionalidad. La primera constituye un instrumento público o privado del estado en pleno. La segunda se alcanza mediante la identificación de los individuos con las instituciones, esto es, la asimilación ideológica de observar en las instituciones la representación de sus intereses y solución de sus necesidades. Mientras esto no suceda, muy difícilmente puede hacerse referencia al concepto de Institucionalidad de las instituciones y menos aún, en los individuos. Dicho de otra manera, uno de los primeros logros de las instituciones consiste en alcanzar la reciprocidad con los individuos debido a que la reciprocidad se consigue a veces mediante el intercambio de determinadas equivalencias en beneficio del asociado que está escaso de alguna clase de necesidades (una institución fundamental de las sociedades orientales antiguas). En las economías sin mercado estas dos formas de integración —la reciprocidad y la redistribución— suelen de hecho presentarse juntas.

El territorio no solo es geografía. El territorio expresa el Contexto. Contiene la expresión in situ, fáctica y real de las configuraciones familiares. La familia no consiste únicamente en determinar sus relaciones o estructuras elementales de parentesco, es más que eso. En ellas se deposita la expresión de lo económico, de la vida material, de la vida intelectual, de lo humano. Por ello, como señalamos antes, el Contexto determina el territorio porque la familia es vida, actividad, pensamiento, emociones, sentimientos. Esa condición le provee el carácter y posibilidad de transformar, es decir que, transformar el Contexto pasa por la transformación de la familia sin la cual, el territorio pierde su identidad. En medio de todo ello, sin menoscabo de su función, surge el concepto de institución.  “Rousseau afirmó que la familia es la más antigua de las sociedades y la única que surge espontáneamente por razones naturales. Aunque la continuidad en la misma se da por una voluntad de sus miembros de seguir unidos” [7] de tal suerte, que precisamente, en la familia se reproducen históricamente las formas y modos de vida heredados por el grupo familiar o del Contexto.  Si el Contexto no alcanza la satisfacción armónica, mucho menos puede alcanzarla el grupo familiar. Así que entonces, siendo la familia una forma de institución natural (nomotética e ideográfica), ¿cómo puede lograrse la institucionalidad de una institución voluble, incierta en su territorio y éste en su contexto? La unidad familiar como institución presupone una reproducción de la expresión del estado político, de las instituciones del estado. En el caso que nos ocupa, posiblemente, en El Salvador, “las instituciones han sido objeto de constantes usos y desusos. Esto ha generado su propia desarticulación, inconsistencia sistémica y en consecuencia su propia vulnerabilidad. Su protagonismo ha dependido de coyunturas, estados críticos y disposiciones internacionales. Esta esfera, propia del estado político vigente en cada tiempo, ha configurado una especie de “cultura del olvido” o “contracultura de la historia” en casi todos los órdenes del estado nacional tanto en lo urbano como rural” [8]. Sin embargo, aún con la aparente desconexión y eventual contraposición entre lo rural y lo urbano, buena parte de las instituciones sobreviven y subsisten con esfuerzo desmedido por no desaparecer y cumplir con su cometido. Empero, las condiciones históricas pesan sobremanera sobre sus estructuras.

Territorio y economía

La territorialidad económica no refiere únicamente la actividad económica, ésta, solo representa el acto de intercambio de valores, lo cual, desde luego, es sustancial. Sin embargo, también lo económico va más allá de la esfera plenamente de la producción material. Como hemos dicho, lo material se halla plenamente articulado a lo intelectual, esto es, cultura (gustos, preferencias, tradiciones, costumbres y valores) entre otros. En el plano estrictamente de la producción material, el territorio geográfico comprende dos elementos esenciales. Primero, el USO del suelo, es decir, la forma productiva a la que está orientada la producción material (industrial, agropecuaria, mercantil, comercial, servicios, etc.) y Segundo, la posición que le otorga esa ubicación geográfica en el proceso de producción global, entendido éste, en lo local, regional, nacional e internacional. Pero nada se haya resuelto si no explicamos a la población que conforma ese territorio en dos planos. Primero, aquella población que participa en el proceso de trabajo in situ, es decir, en la producción y Segundo, aquella que nace, crece, se reproduce, se desarrolla, emigra e inmigra en la localidad y que no se haya vinculada de forma alguna, a la producción material de esas empresas.  En otros términos, territorio y economía deben concatenarse por su población y en ésta última, las particularidades y singularidades de la misma. Una empresa productora de bienes materiales que produzca en una localidad con población importada, seguramente enfrentará más tropiezos que otra empresa con fuerza de trabajo local; incluso, en función de minimizar costos de capital variable y constante, mayor identidad institucional y transformación del escenario habitacional y natural, la contratación de fuerza de trabajo local permite mayor capitalización territorial debido a que el PIB generado en esa localidad se reinvierte en ella misma en cualquiera de las esferas de su vida; con ello, los municipios y la administración pública de los mismos alcanzan mayores niveles de autonomía e independencia.  

No es pues, la actividad mecánica de la producción material lo que soporta al grueso de la población, sino, principalmente, es la población la que da soporte a la expresión económica, a la condición económica en la que se halla el modelo productivo, es decir, que el modo de producción de una sociedad no está determinado por lo económico sino por lo tecnológico. Lo económico es solo una condición de la sociedad en tanto es dinámica y cambiante. Los humanos no producen únicamente economía, por ello, son los elementos de Contexto los que propician la forma de relación entre el territorio y la economía. Se trata, en síntesis, de observar el territorio como la construcción del Todo Humano. El territorio no es el punto de partida, es el resultado, la concreción de múltiples determinaciones y construcciones humanas históricas, cambiantes, eventuales, temporales o permanentes.  La expresión de la unicidad natural, biológica, material y física no resuelta por el saber común o científico. La consolidación del cambio o la transformación.

Territorio y lenguaje

El territorio nos habla, nos cuenta sobre él. Nos dice lo que hace y construye. Se resume en él, su historia y su contexto. Cada elemento que le acontece lo vuelve dinámico. Ciertamente, los hechos no hablan. Esa concepción positivista y mecánica desvinculada plenamente de las configuraciones humanas se supera con saber, que quienes nos hablan son los que actúan en el hecho. Así pues, dichos hechos no pueden ser tratados como “cosas”. Se requiere leer detrás de las imágenes, figuras, símbolos, códigos, nomenclaturas, signos, señales, letras, palabras, colores, formas, conductas, comportamientos y aún la más absoluta indiferencia humana para comprender que los hechos revelan el estado inducido, latente o directo de la población que lo expresa. En el proceso de formación social, los elementos de lenguaje antes señalados constituyen avisos o expresiones substanciales que nos indican las formas en las que la población se configura, es decir, su pensamiento, organización sociocultural, económica y territorial, pero particular y fundamentalmente, la conformación de la estructura familiar, ésta última forma, la que más interesa para conocer el territorio.

Desde esta premisa, considerando el peligro determinista, el lenguaje ocupa uno de los lugares más importantes en la configuración intrafamiliar. Los primeros mensajes, códigos, símbolos y signos se generan al interior de la unidad familiar. Esto marca las formas de relación de la familia con el mundo externo, entendiendo que, el territorio, es una parte del mundo externo. Los mensajes, códigos, símbolos y señales de orden lingüístico expresados de forma oral, escrita o simbólica en la comunidad, constituyen la primera forma de identificación, posicionamiento y expresión territorial, incluyendo en ello, aquella que se halle sutil o subliminalmente constituida. Colores, olores, formas, figuras, arquitectura, letras, conforman el lenguaje mudo que nos habla desde su concepción primaria en la que se construye el mundo individual, familiar, comunitario y colectivo. Esa debe ser entonces la primera observancia sobre el pasado, presente y futuro del contexto en el que se configura el territorio.

[1] Marx, K. Cit. Lawrence Krader, Los Apuntes etnológicos de Karl Marx, Ed. Siglo XXI de España, 1988. p.4

 [2] Ticas, Pedro, Maras, estado y sociedad en El Salvador: el mapa de seguridad social. Una construcción antropológica, Co-Latino, El Salvador, martes 1 de julio de 2014. pp.20-21.

[3] Ticas, Pedro, La migración salvadoreña: el peligro de la desesperanza y de la identidad nacional, Co-Latino, El Salvador, miércoles 4 de noviembre de 2015. pp.18-19

[4] Ticas, Pedro, Ibídem. Óp. Cit.

 [5] Ticas, Pedro, Cambios culturales, economía y migración en Intipucá, La Unión, Ed. Universidad Pedagógica de El Salvador, 2ª. Edición, 2008. pp.8-9.

[6] Polanyi, Karl, El sistema económico como proceso institucionalizado, Citado en Clásicos y Contemporáneos en Antropología CIESAS-UAM, UIA, Antropología económica, Maurice Godelier (ed.) Anagrama, 1975. En: http://www.ciesas.edu.mx/publicaciones/clasicos/00_CCA/Articulos_CCA/CCA_PDF/23_POLANYI_Enfoque_substantivista.pdf

[7] Rousseau, Juan Jacobo, El Contrato social, Ed. Porrúa, México, 1979.pp. 4-9. Citado en Pérez Duarte y N., Alicia Elena, Derecho de familia, http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/1/311/9.pdf

[8] Ticas, Pedro, Maras, estado y sociedad en El Salvador: el mapa de seguridad social. Una construcción antropológica, Co-Latino, El Salvador, martes 1 de julio de 2014. pp.20-21.

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