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Nos quedamos sin la cena

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Nicaragua “es el refugio de dos ex presidentes de El Salvador requeridos por la justicia”: Mauricio Funes y Sánchez Cerén. Pormetió traerlos – y no ha cumplido – Nayib Bukele, destaca Calos Imendía.

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Por Carlos Francisco Imendía


De todos los países que se abstuvieron de votar para que se sancione al oscuro régimen ante la Organización de Estados Americanos fueron los países en Latinoamérica alineados a la izquierda recalcitrante, que ven redimido el ideal del fracasado proyecto de Chávez en la figura cavernaria de Daniel Ortega, entre esos países, el nuestro El Salvador.

A pesar de que ya no gobierna un partido de izquierda, el actual gobierno ha sabido actuar con cautela, a pesar que dicho país, ahora es el refugio de dos ex presidentes de El Salvador requeridos por la justicia, a pesar de que una de las principales promesas de Bukele en campaña era traer enchuchado a Funes, este afirmaba en sus programas en Facebook Live y twitter que hasta se había creado un complot que entraría furtivamente en Nicaragua con la misión de someter y traer a la fuerza a Funes a los tribunales en El Salvador, eso se quedó en un mito y hasta un delirio por parte del ex mandatario. Lo único cierto es que el régimen cobijó solidariamente a los ex presidentes salvadoreños y no sólo les dio asilo político, sino que les otorgó la nacionalidad nicaragüense.

Por esa razón desde la trinchera y el confort en Managua, el ex presidente Funes vertía sus fuertes críticas al gobierno salvadoreño. Las relaciones políticas y diplomáticas salvadoreñas con el matrimonio dictatorial Ortega – Murillo no distó ni cambió mucho a como estuvieron en los dos quinquenios del FMLN por el contrario ahora siguen de la misma manera, estables y cómodos.

A pesar de los periodos convulsos, de masacre, de abuso a los derechos humanos suscitados en el año 2018, de la más dura crisis que nunca (en casi 15 años) enfrentara el régimen sandinista, la masacre de los jóvenes en medio de los adoquines de las calurosas calles de Managua, teñidas de sangre inocente y heroica, era suficiente para protestar, para exigir el respeto de los derechos humanos, para pedir sanciones ante el ataque de los paramilitares nicaragüenses en contra de la población, un gobierno arenero hubiera sido tajante de llamar a su embajador, sin embargo, con la cabeza más fría, pensante, a pesar de las atrocidades cometidas por Daniel Ortega, y lo incomodo que es hacer amistad con los sandinistas por su oscura reputación, El Salvador tiene grandes intereses en Nicaragua, inversiones, pero lo más importante es la seguridad alimentaria, frijoles, carne, plátanos y lácteos provienen de esa nación que alimenta a millones de compatriotas diariamente, un conflicto o una gresca con los Ortega, significaría que en un exabrupto cerrase las fronteras de su país, y nos quedemos sin cenar.

A pesar de que la solidaridad centroamericana con Nicaragua, no es como la soñaríamos en la actualidad, un conflicto con dicho país nos podría significar hambre y agudizar la crisis económica, a pesar de los atropellos antidemocráticos del sandinismo, El Salvador vela por sus intereses, la alimentación. Quizás eso muchos no lo ven.

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Carlos F. Imendia
Carlos F. Imendia
Comunicador, publicista y mercadólogo salvadoreño; columnista y colaborador de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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