spot_img
spot_img
domingo, 19 de septiembre del 2021

“Muerte de Roque, el error más grande de mi vida”: Villalobos

En 1993 Joaquí­n Villalobos brindó una entrevista al periodista e hijo de Roque Dalton, Juan José Dalton. Esto dijo entonces sobre el asesinato del poeta

spot_img

El polémico lí­der de la ex-guerrilla salvadoreña, Joaquí­n Villalobos, reconoció en exclusivo a Excélsior, que el asesinato del destacado escritor Roque Dalton, es el error más grande que haya cometido en su carrera polí­tica como integrante del «colectivo» que decidió tal acción.

Roque Dalton Garcí­a, de 39 años de edad, murió «fusilado» a manos de quienes consideró sus compañeros de causa, el 10 de mayo de 1975, hace 18 años, cuando la guerrilla salvadoreña comenzaba a dar sus primeros pasos. Un «tribunal», del cual Villalobos «no quisiera hablar», lo condenó a muerte bajo cargos de «sedición», de «ser agente del enemigo y de la Agencia Central de Inteligencia (ClA)».

Pruebas fehacientes de los cargos que se le imputaron no se presentaron entonces, y en la actualidad las acusaciones son «totalmente devaluadas»; por lo que todo parece indicar, y confirma las denuncias de importantes sectores nacionales e internacionales, que se trató de un asesinato polí­tico sin justificación de ninguna í­ndole.

Un manto oscuro se tendió sobre las verdaderas causas que llevaron al crimen de Dalton, quien además de  ser un destacado poeta, era un teórico de la lucha armada latinoamericana, con antecedentes de persecución, cárcel y exilio sufrido por las dictaduras de turno en su paí­s. Al interior de la izquierda salvadoreña «caso Dalton» ha sido un tabú del cual no se habla para «no provocar asperezas ni dividir a la ex guerrilla».

Algunos, como el ex comandante Eduardo Sancho (a) «Fermán Cienfuegos», jefe de la organización Resistencia Nacional (RN), que se desprendió del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) -en el que militaba Dalton- a raí­z del crimen, han pretendido maquillar el asesinato, al expresar que se trató de «un fusilamiento en circunstancias jurí­dicas concretas».

Sin embargo, la complicidad del silencio y del velo la comenzó a romper el propio Villalobos, tal como él lo explica en la presente entrevista brindada a este corresponsal, quien además es uno de los hijos de Dalton. Lo que Villalobos explica constituye el inicio de un debate que conllevará definitivamente a la verdad de los hechos tal como sucedieron y, entre otras cosas, al aparecimiento del cadáver de Dalton y la entrega a su familia, tal como recientemente fue exigida por ésta.

La llegada de la paz a El Salvador y el conocimiento de la verdad sobre los graves hechos de violencia polí­tica cometidos durante el conflicto por los protagonistas de la guerra, permitieron que la verdad sobre «el caso Dalton» comience a ser ventilada.

El caso no fue llevado a la Comisión de la Verdad, que investigó los asesinatos que conmovieron a la sociedad, pues esta entidad sólo indagó sobre lo ocurrido a partir de 1980 hasta 1991, según lo suscrito en el Acuerdo de Paz firmado entre la guerrilla y el Gobierno de Alfredo Cristiani en enero de 1992.

Reconocido por su numerosa obra literaria, especialmente en la rama de la poesí­a, Dalton se habí­a integrado clandestinamente a El Salvador, luego de un largo exilio que lo llevó hasta la ex Checoslovaquia y Cuba.

En  plena madurez creativa, con más de quince tí­tulos publicados, acreedor de numerosos premios nacionales e internacionales; experimentado polemista y brillante periodista, Dalton decidió ser consecuente con su pensamiento y optó por la militancia guerrillera, donde encontró su temprana muerte, ví­ctima de la intriga, la ignorancia y el dogmatismo de  quienes lo juzgaron y asesinaron, tal como lo reconoció Villalobos.

El  ex comandante expresó que en el seno de su organización, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), hay un proceso de reivindicación de sí­ misma; «tenemos un conjunto de reflexiones; lo que hemos estado esperando es un momento propicio para profundizar en el tema y digo no para reivindicar a Roque, sino reivindicarnos nosotros frente a una falta».

El ex comandante rebelde, con 40 años de edad en la actualidad (los que Roque Dalton no llegó a alcanzar ya que su asesinato  se consumó a cuatro dí­as de su cumpleaños), conversó sereno con este corresponsal sobre el difí­cil tema, que ha dejado profundas huellas en su ser, según reconoció en esta entrevista.

– ¿En el marco del conocimiento de la VERDAD sobre graves hechos de violencia polí­tica en El Salvador, quisiera preguntarle cómo queda lo acontecido con Roque Dalton, aunque es un caso que no fue investigado por la Comisión de la Verdad?

-En este caso hay dos implicaciones en este momento; hay una que dirí­a, tiene algo de responsabilidad de lo que nos ocurre ahora con relación al caso de Roque Dalton. Para nosotros en el contexto en el cual se da la muerte de Roque por una disposición totalmente errada, es la que nos lleva a adoptar un principio que es manejarnos por la verdad, porque los costos que nos trajo esa inmadurez -dado desde la inmadurez personal, emocional, el nivel de radicalización  ideológica y dogmatismo que tení­an las organizaciones en su etapa de surgimiento-, nos dejó con una gran cantidad de lecciones.

Y esas lecciones nos llevaron a la conclusión de que habí­a que reconocer lo bueno y lo malo, aun sabiendo los costos.

Esa  misma tesis es la que nos lleva a plantear, hace un año cuando nos insertamos, el hecho de pedir perdón a la nación, sabiendo que í­bamos a obtener un resultado a la larga, o sea, consideramos que tiene que construirse una nueva forma de hacer polí­tica y no se puede hacer polí­tica teniendo una cuenta pendiente con la historia, con la sociedad.  El caso de Roque es ése, está en eso.

Hemos venido en un proceso no de reivindicar a Roque, yo creo que él está reivindicado, nunca hizo nada que ameritara semejante destino, sino cómo nos reivindicamos nosotros de cara a la falta que cometimos y que nos llevó a pagar costos  hasta esta fecha y nos enseñó a tener cierta valentí­a que en general no  tienen las izquierdas, que es reconocer errores y errores de esta profundidad.

Siempre  existí­a la idea de no hay que decir esto porque está el enemigo enfrente, porque afecta a la unidad, siempre hubo una justificación y creemos que no, que de la misma manera que en determinados momentos hubo  fuertes debates al interior del FMLN cuando, por ejemplo, el accionar de los «coches bombas» causaban ví­ctimas civiles, se planteaba hay que reconocerlo, pues a la larga era evidente que habí­a sido el FMLN; hay reconocerlo, hay que decirle a la población, hay que decirle que fue un error, hay que pedir disculpas, hay que resolver ese problema y hay que corregirlo de inmediato. Eso llevó a que se pararan los «coches bombas».

A  nosotros el caso de Roque también nos llevó a distinguir la diferencia entre problemas de seguridad y disidencia, porque con el dogmatismo estas cosas se confunden y en mi opinión, para los movimientos armados, fue una de sus problemáticas, más dramáticas.

Creo que el problema  es que nadie tuvo en sus manos un caso como el de Roque, tan aleccionador; pero dentro de los movimientos insurgentes esa confusión de que a un disidente y su diferencia de opinión, se le trata como problema de seguridad, se le acusa de que es potencialmente un delator, es de lo más común y así­ sobre esa base no sólo en El Salvador, sino también en América Latina hay muchos revolucionarios muertos y revolucionarios muchos de ellos que han tenido más razón que los que quedaban vivos; a veces disidencias que ni siquiera existí­an y ni se sabí­a por qué era el debate, eran discusiones más emocionales que otra cosa.

Para nosotros el caso de Roque fue un caso ejemplarizante que nos ayudó mucho a tomar una determinada posición.

En  1977 hicimos la primera autocrí­tica pública, claro en el 77 la capacidad de que nosotros dijéramos algo y se conociera era limitada, tardaba años. Ni El Salvador, ni la guerrilla salvadoreña tení­an la connotación que tiene ahora.

Todaví­a moviéndonos dentro de cierto marco crí­tico con respecto a la coyuntura internacional y todaví­a con cierta pelea con los intelectuales que con justificada razón nos habí­an condenado y habí­an reaccionado contra nosotros ““yo les doy total razón-,  pero hay tener  en cuenta el periodo polí­tico y emocional que viví­amos como organización.

Éramos en realidad un grupo de jóvenes que habí­amos tomado las armas y que no entendí­amos ni conocí­amos quién era Roque, lo venimos entendiendo después… Incluso, si estuviera en este momento vivo, el aporte que hubiera hecho al proceso serí­a descomunal, o  sea, su falta es evidente ahora, evidente en una izquierda que yo dirí­a  que habí­a sido muy creativa en lo polí­tico, pero que le faltaba imaginación en la comunicación con el pueblo y ahora en esta etapa de comunicación con la gente, el legado de Roque es de lo poco de gran calidad que queda porque no pudo hacer más…

– En el caso de la Comisión de la Verdad, usted aparece como el principal responsable de  hechos violentos pero según se dice, el asesinato de Roque Dalton fue una decisión colectiva, ¿cuál es la verdad?

– Fue una decisión  de la dirección de esa época de 1975 que son, tendrí­a que hacer una precisión, pero por ahorita me recuerdo de Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval (Lito) y otro compañero de seudónimo Mateo y yo. Probablemente se me ha quedado un par de nombres más.

Alejandro Rivas Mira, ¿qué papel jugó; él tiene antecedentes oscuros en todo el proceso?

–  Ésta es una cosa bastante complicada porque Rivas Mira era en ese momento el cuadro con más antigí¼edad en la organización, con más experiencia polí­tica, con un nivel mayor de madurez, dirí­a yo; pero hay algo que nosotros con respecto a este caso reconocemos: igual que en relación al caso de los alcaldes (asesinados durante la guerra civil), nosotros nunca hemos descargado la responsabilidad en una sola gente, siempre asumimos que ésta era una responsabilidad de todos porque además  de lo que nosotros podamos pensar hoy con un mayor nivel de madurez, los siete en aquel momento actuamos creyendo que lo que estábamos haciendo estaba bien, lo que hacemos ahora es que reflexionamos y nos damos cuenta de que ese fue un tremendo error y serí­a una grave falta venir ahora y decir: no, ahí­ la culpa fue de Fulano.

Es que realmente el problema es…. veamos el contexto, la edad, el nivel de dogmatismo, esa relación entre seguridad y negar lo polí­tico y hacer el afincamiento en la cuestión de seguridad, o sea, son cosas que a mí­ no me gusta decirlas, pero las tengo que decir porque eran parte de la época.

El hecho de decir que Roque era agente de la CIA, cosa totalmente falsa, pero poniéndose a pensar y creyendo aquello entonces, se llegó a la conclusión -que posteriormente se reflexiona- y se llega al resultado de que no, que eso era totalmente falso, que en el momento de determinada pasión aquello funcionó casi como el mecanismo para consumar el error, la falta.

Incluso cuando Rivas Mira se separa del ERP, recuerdo que fue la primera vez -y esto resulta un tanto contradictorio porque lo tradicional hasta antes de la separación de Rivas Mira, era que toda disidencia iba siempre mezclada con un cuota de  interpretación negativa en términos de seguridad y la medida era inmediata, igual que en los casos anteriores; era la pena de muerte-, y recuerdo que discutimos mucho por primera vez, muy a pesar, digamos que podí­amos tener un cierto lastre del pasado, en ese caso nosotros aceptamos que no í­bamos a cometer otra vez el mismo error y llegamos a la deducción de que debí­amos aceptar eso como una disidencia polí­tica, a  pesar de que se fue solo.

¿Y por qué la aceptamos como una disidencia polí­tica?, porque realmente habí­an serias diferencias con él en ese momento y las diferencias estriban todas en el plano orgánico-disciplinario. Por ejemplo, alguien que hace un rumor o genera un descontento era considerada como una actitud de insubordinación y la insubordinación entonces  significaba pena de muerte; una conclusión bastante común entre las izquierdas armadas que lleva incluso a fenómenos en algunos casos hasta patológicos, dirí­a yo.

Para nosotros fue tan duro el golpe de los primeros años; el efecto que generó el caso de Roque fue tan grande que nos lleva a transformarnos realmente porque es un golpe dado en una edad muy temprana; a tal grado que eso transciende en nosotros.

Ya cuando estábamos en la etapa de la guerra abierta, cuando existí­a el uso de la pena de muerte contra espí­as, era lo que más pensábamos antes de hacer una cosa de ese tipo y tení­amos una polí­tica y era de reconocer todo lo que hací­amos. Incluso, de eso tiene un registro bastante claro la Cruz Roja y el Arzobispado, que toda la vida le reconocimos cada cosa así­ supiéramos que nos traí­a una consecuencia polí­tica.

Por ejemplo, en el caso de Roque hay quienes en el año 77 decí­an que era una ingenuidad hacer una autocrí­tica; sin embargo, la vida nos fue dando la razón porque fuimos siendo reivindicados, asegurándonos de nuevo un espacio entre los revolucionarios… Habí­a derecho a que la gente se sintiera molesta.

– Se habla de un juicio, de que Dalton murió por fusilamiento, ¿cuál es la realidad?

–  Sí­, hay un juicio… un juicio, te voy dar incluso una incidencia de ese juicio que nunca se la he dicho a nadie; creo que fueron dos momentos del juicio. En uno de esos dos momentos llegó Felipe Peña, uno de los fundadores de las Fuerzas Populares Liberación (FPL)- con un pensamiento renovador totalmente distinto al que tení­a Cayetano Carpio (Marcial)-, una de las gentes que admiré y quiero mucho, era casi un hermano para mí­, igual que Rafael Arce, y él me hizo una reflexión que te digo no se me olvida nunca porque tení­a razón y me dijo: «Mira, están  cometiendo un graví­simo error»; simultáneamente habí­an otros, no voy a profundizar más, que nos recomendaban que lo hiciéramos; pero Felipe me dijo, «esto que están haciendo ustedes aquí­, está totalmente amañado».

¿Qué  capacidad, en el contexto de clandestinidad, con gente muy joven, sin ninguna formación profesional puede tener valor un juicio? Evidentemente, que aquello más parecí­a un juego, no habí­a ninguna posibilidad de acumular pruebas, la posibilidad de defensa era incipiente; en ese sentido, yo me atreverí­a ahora a llamar juicio a aquello; no fue nada más que crear las bases para poder terminar de acometer la falta grave.

Si  hay una parte de la historia del proceso nuestro como organización que yo quisiera borrar, serí­a esa, rectificar y tener a Roque entre nosotros. Indiscutiblemente no hubo juicio, aunque nosotros hayamos dicho que eso fue un juicio. Entonces se llega a esa conclusión y se toma la medida de pena de muerte por fusilamiento por llamar a la insubordinación y se le pone la carga de que era agente enemigo, etc., etc.

A estas alturas no me gusta ni decirlo, porque no tení­a ninguna correspondencia con la realidad y es que esto tiene que ver con el nivel de fanatismo y romanticismo con el que se nace.

– ¿Cuáles fueron los cargos en concreto que le formularon?

–  Básicamente fueron dos, el cargo más importante que se le imputaba era el de promover la insubordinación y la deserción; el segundo fue un cargo adicional que en realidad nunca llegó a documentarse sino que fue un cargo bajo sospecha.

El cargo insubordinación para aquel entonces se podrí­a considerar como real, pero de lo que se estaba tratando era de un problema polí­tico, o sea, parte de los problemas de la etapa fundamentalista de una organización en desarrollo. Lo que él estaba haciendo era tomando contactos con gente para convencerlas polí­ticamente de su posición y eso a la luz de nosotros -en la otra posición- era considerado divisionismo.

Habí­a hablado con un compañero que era muy importante, que fue el primer explosivista, Pancho, y lo habí­a incitado a que no obedeciera, que se insubordinara, a  que se fueran juntos porque estaba planteado claramente un problema polí­tico.

El segundo cargo en realidad fue formulado bajo sospecha  a raí­z de una historia que la conocí­an muchos en el paí­s y es en relación a su fuga de la cárcel de Cojutepeque (1964); hecho en el que quedó como un chisme, de que se produjo su fuga porque habí­a colaborado la CIA.

A esto, ya no a la luz de nuestra posición de aquel momento, no a la luz de aquel debate que tení­amos entre nosotros, sino explicándome este fenómeno con la misma lógica que explicó la parte nuestra, el problema es que Roque estuvo con un conflicto dentro del Partido Comunista y en éste también era tradición que los que disentí­an se les cargaba con motes de este tipo y cualquier cosa era considerada inmediatamente peligro de agente enemigo.

Todaví­a recuerdo, incluso, que en los años 70 a los que comenzamos a formar los primeros grupos armado se nos tachó de ser de la CIA; era parte de la lógica de la época. Pero, de ninguna manera aquello tení­a ni la más mí­nima seriedad.

A partir de ahí­ se consideró que era un peligro si se le  dejaba en libertad ya que eso podí­a afectar a la seguridad del resto; estas son las argumentaciones más fuertes que en una etapa de clandestinidad se arguyen para no atender los problemas que a veces constituyen disidencias polí­ticas; incluso, hasta en algunos casos se llega a entender que son disidencias polí­ticas pero por el temor a que se deriven en problemas de seguridad, entonces se incurren en faltas tan  graves como el ajusticiamiento y los fusilamientos y la tendencia de eliminar a un opositor, a un adversario polí­tico.

– Cuando habla de incitación a la insubordinación y de un problema polí­tico, ¿a qué problema se refiere?

-Veámoslo  con dos ópticas; cuál era nuestra óptica en aquel momento de inmadurez,  de esta etapa fundamentalista de la organización y cuál serí­a la óptica  hoy.

En aquel momento una cosa así­ era considerada una falta graví­sima porque atentaba contra la cohesión interna, la seguridad, la disciplina, pero el problema es que eso coartaba la libertad en el plano  polí­tico. Pero esa es nuestra óptica hoy.

Cuando en 1976 se produce la separación que podrí­a ser calificada de deserción de Alejandro Rivas Mira, nuestra organización a raí­z de todas las consecuencias que habí­a tenido la cuestión de Dalton, no la consideró exactamente una deserción, o sea, muy a pesar de todos los problemas que  esto implicaba para nosotros fue considerada una disidencia.

¿Por  qué?, porque evidentemente habí­a una diferencia polí­tica con respecto a  los conceptos de disciplina y a la práctica polí­tica que comenzábamos a  desarrollar en la organización para fortalecerla internamente y eso es lo que lleva a disentir e irse, o sea, él estaba pensando en otro tipo de organización; pero nosotros llegamos a esa conclusión basados en la experiencia dramática que implicó lo de Roque.

– Cuando dice que Roque estaba incitando a que otra gente tomara una posición polí­tica ustedes lo interpretaron…

Nosotros  lo interpretamos como que estaba dividiendo a la organización, por eso lo importante es aclarar que hay dos posiciones, que las mezclo en el análisis. Se me hace difí­cil argumentar en un sentido sólo lo que pensábamos en aquella época porque fue una posición absurda: era una etapa graví­sima. Evidentemente habí­a mecanismos como una separación polí­tica que era totalmente lógica; se pudo haber optado por esa ví­a y no se dio ese chance.

Prácticamente con lo de Roque estuvimos al borde de una guerra con los compañeros de la Resistencia Nacional, cosa que era un absurdo y que no habrí­a sido el único ocurrido en América Latina, ya han habido hechos similares en Colombia, Argentina y en otros  paí­ses. – Se consideró durante algún tiempo que habí­a un enfrentamiento en el ERP entre una tendencia militarista y otra polí­tica  la que trataba de incorporar las masas a la lucha armada.

– Yo pienso que no; que se trató de un problema básicamente de inmadurez. El problema es que lo que constituí­a el aparato militar en la organización estaba más del lado del ERP.

Pero la prueba del nivel de coincidencias polí­ticas no de hoy, sino a lo largo de casi todo el proceso de la guerra con la Resistencia Nacional, prueba que en realidad  no habí­a una gran diferencia polí­tica.

Incluso, ¿cuál era el punto de división más fuerte con la izquierda tradicional en aquel momento? Era el problema de la lucha armada y Roque era un antidogmático  y toda su obra va en ese sentido. Era un crí­tico de los partidos comunistas, pero esto llegó a tener incidencias. Cosas que hoy parecen ridí­culas, como por ejemplo, los debates entre las corrientes marxistas-leninistas pro chinas con las corrientes revolucionarias más pro cubanas el hecho de las divergencias de las relaciones entre Cuba y la Unión Soviética, cosas que en mi opinión ahora me parecen ridí­culas pero que fueron parte de esa infancia dogmática de la formación de nuestras organizaciones.

Con relación a los compañeros de la Resistencia Nacional, ellos tení­an la parte más importante del aparato polí­tico de la organización que básicamente era el Frente de Acción Popular Unificado (FAPU).

Hablar de militarismo… si apenas éramos un puñado de gente; estamos hablando de 1975 y básicamente aquel fue un problema de inmadurez.

– ¿Cuál fue la actitud de Dalton en el juicio y a la hora de su ejecución?

La  actitud de Roque, en las partes que pude darme cuenta, fue de estar constantemente señalando que eso era un error, que debí­a de investigarse  más.

La actitud durante la ejecución fue de oponerse a ella en el  sentido de señalar que no, que eso iba a ser un graví­simo error, que era una injusticia.

Pero quiero señalar una cosa que es importante. Cuando se hace este tipo de preguntas hay como una búsqueda de conferir que en esa etapa existí­a la posibilidad de procesos muy ordenados y serios.

Yo me voy a remitir a la etapa actual, por ejemplo, una de las cosas que los organismos internacionales de derechos  humanos imputaron al FMLN fue precisamente lo de los juicios sumarios y  el FMLN hizo muchas defensas de formalizar esto. Lo cierto es que si en  la etapa de guerra de mayor desarrollo con territorios bajo control, el  FMLN no fue capaz de tener una polí­tica ordenada, un marco jurí­dico, digamos informal, de funcionamiento para este tipo de cosas, sino que tení­an una alta cuota de un trabajo de inteligencia y una alta cuota también de arbitrariedad y por eso considero que en esto se cometieron muchos errores en unas zonas más que en otra y que en una zonas se cometieron errores graví­simos en ese sentido.

Entonces en aquella etapa  muchí­simo más, actuaba el sentido más emocional, la pasión de las  ideas, de las posiciones que se tení­an. No era algo ordenado, de pruebas, documentos y evidentemente aquello no podrí­a llegar a tener la calidad de un juicio serio, por eso no se puede hablar de que haya habido un proceso.

– ¿Se le dio a conocer a Dalton de qué se le acusaba?

–  Sí­, se le hizo saber; hubo reuniones en las que participó, se discutieron las cosas y todo, pero evidentemente no habí­a una oportunidad real de defensa, pero lo importante a señalar es que en esas  condiciones era muy difí­cil, los códigos que se aplicaron fueron más bien basados en elementos subjetivos, porque las condiciones hace imposible que se pueda acumular pruebas, documentos, no se puede prolongar mucho el tiempo de una cosa de esa.

Entonces, lógicamente la tendencia es siempre a que la conclusión sea siempre la de condenar al que está en una situación de este tipo.

Ya después cuando estábamos en una etapa más avanzada de la guerra; recuerdo que cuando ya tení­amos condiciones para retenciones prolongadas pudimos resolver muchos casos sobre la base de la retención prolongada, investigación y en algunos casos descubrimos que no habí­a problemas.

Por  ejemplo, el caso de un compañero que pasó retenido casi un año por un cargo de ser parte de una infiltración que intentaba destruir la Radio Venceremos y que descubrimos que efectivamente no tení­a nada que ver. Pero el problema fue porque lo habí­a señalado una persona a la que sí­ habí­amos efectivamente comprobado pruebas.

¿Pero cómo se podí­amos hacer eso 15 años atrás?, imposibles. Recuerdo que en una ocasión se discutió  la posibilidad de sacar a Dalton del paí­s, pero cómo se sacaba, no se podí­a; o sea, de una manera muy informal, como una alternativa y frente al cúmulo de problemas de seguridad se llegó a la conclusión de que no habí­a otra alternativa y que habí­a que hacer la ejecución.

Recuerdo que en un momento el ERP publicó un comunicado en el que diferenciaban la actitud que habí­a tenido Pancho a la hora de la ejecución y la que habí­a tenido Roque Dalton; decí­an algo así­ como que Pancho habí­a tenido una actitud «proletaria» y Dalton, «pequeñoburguesa».

– El problema era que Pancho era una gente sin la formación polí­tica que tení­a Roque, entonces ésa era la actitud lógica, consecuente en esa posición. Mientras que Roque era una gente con argumentos, con lógica, con posición, descubrí­a que lo que se estaba  haciendo se tení­a que evitar. Yo dirí­a que si le hubiéramos hecho caso…, Pancho no nos dijo ustedes están cometiendo un error, Roque sí­ nos dijo que estábamos cometiendo un error.

Yo devalúo totalmente lo que dijimos en aquella época, lo que dijimos en ese entonces serí­a un  argumento de tipo fundamentalista, o sea, lo que pesaba más, lo que impactaba más era la aceptación simple de los cosas, pero evidentemente cuando vimos cuáles  fueron los costos de este terror, el llamado que nos hizo Roque de manera persistente al decir que nos estábamos equivocando, tenemos que darle la razón.

¿Vale la posibilidad  de considerar que pudo haber sido el enemigo de la guerrilla, en el fondo, el culpable de la muerte de Dalton?

– Esto es bien importante tenerlo en cuenta, y creo que lo remitirí­a a cosas que ya dije. Aquí­ no hubo ardid de nadie, fue un error nuestro.

Nosotros en medio de la pasión de este error, de este mal tratamiento fruto de la  etapa fundamentalista sale este argumento y luego los que están fuera viendo la situación en el fondo con el mismo esquema vienen y sacan que «no fue Roque el de la CIA», sino que fue una manipulación de la CIA desde afuera, lo que condujo a su muerte.

Cuando se dice que si no  fueron los ejecutores «tontos útiles» de alguna conjura contra el propio movimiento insurgente, yo creo que no tení­a la CIA la capacidad de llegar a este nivel, si lo hubiera tenido nos acaba.

¿Qué pasa ahora con Roque?, ¿dónde está su cadáver? En algún momento se dijo que se iba a entregar a la familia.

–  Correcto, hemos estado trabajando en eso con un equipo de los compañeros que tení­an la información con el propósito de buscar un momento que era de lo que te hablaba hace un rato, que nos permitiera reivindicarnos y enmendar en parte la falta.

Hasta ahora desgraciadamente no hemos tenido resultados porque es mucho tiempo, hay que tomar en cuenta que hablamos de 18 años. Esperamos que al poder crear un equipo un poco más amplio podamos tener resultados, pero también está el riesgo de que no los tengamos. De cualquier forma con eso o sin eso, nosotros vamos a buscar el momento propicio para ese proceso de explicación de mayor profundidad en el caso, para adoptar una  posición más en forma y darla a conocer como organización.

En la  coyuntura de la Comisión de la Verdad no quisimos; nos preguntaron si querí­amos tocar el caso, pero esto era poner el asunto de Roque en medio  de todo esto, era como desnaturalizar lo que en realidad fue; no sólo estaba fuera del tiempo sino también fuera del contexto polí­tico; era una falta de otro tipo, dada en otra situación y más bien lo hubiera diluido.

Queremos que se sepa que efectivamente reconocemos el error y cambiamos.

¿Cree que éste ha sido su más grande error?

-Mira,  yo creo que sí­, y tiene elementos que te pueden marcar en sentido positivo y te pueden marcar en sentido negativo. En sentido positivo qué  te marca: que es de tal dimensión y que faltaba tanto por vivir que nos  ayudó a no equivocarnos en ese sentido.

De ahí­ cometimos otro tipo de errores pero ese tipo de errores no volvimos a cometer nunca, jamás. La prueba está en que nuestra organización no se volvió nunca más  a dividir, nunca tuvimos un problema polí­tico interno y ahora  que tenemos discusiones y debates internos ahí­ está entera, entera; jamás volvimos a resolver una diferencia interna con una medida de ese tipo. Nos marcó tanto como que fue el error más grave, más difí­cil, porque es el que nos pudo haber destruido o sea más adelante podí­as cometer un error pero difí­cilmente retrocedí­as, o sea, otros podí­an seguir el camino, incluso, hace poco cuando salió esta resolución de la Comisión de la Verdad, yo le decí­a a un compañero que cuando me enteré de la resolución que en el plano subjetivo me parece que es injusta independiente de que la acepte, es injusta; sólo me recordó los momentos  más difí­ciles que he vivido en todo el proceso y uno de ellos, el primer momento más difí­cil, fue el perí­odo de Roque Dalton.

Incluso,  implicó la separación de compañeros a los que uno querí­a mucho, o sea, por un lado, está lo de Roque, por otro lado está el desaparecimiento de  Lil Milagro, quien más formó en el plano ideológico-orgánico para el trabajo revolucionario y el caso de Pancho que también muere con Roque en el mismo fusilamiento, que era el primer constructor de armas populares y explosivista de nuestra organización.

Entonces tiene una cantidad de implicaciones subjetivas bien grandes y te digo eso nos marcó, pero menos mal en sentido positivo.

– ¿Qué siente cuando oye hablar de Roque Dalton?

Un  sentimiento de responsabilidad, siempre me recuerda la falta y por otro  lado, el hecho de pensar lo que hubiera significado si hubiera estado vivo en esta etapa… eso nunca lo dejo de pensar. Roque era una gente con una imaginación increí­ble, incluso, era la gente más amena que tení­amos, con una capacidad de comunicación y de interpretación de los hechos, con sentido de comunicación hacia abajo que yo no lo he vuelto a  ver en la organización ni en El Salvador, ni dentro del FMLN, ni dentro  de la izquierda.

 Era un arma poderosa de comunicación que perdimos en virtud de una falta de la más desgraciada que pudimos haber cometido.

– ¿Cree que esto que está diciendo puede concluir con ese tabú que prácticamente ha existido en el caso Dalton?

– Yo creo que es difí­cil: creo que se puede ir reduciendo su peso.

Hay  quienes pensarán que es cinismo, que es pragmatismo, lo he oí­do, me ha tocado en algunas ocasiones escuchar que otros piensan que es eso, pero no, yo lo hago con toda sinceridad y no lo hago con el sentido de limpiarnos, pienso que no, que limpiar totalmente esa carga es bien difí­cil.

Sólo de imaginarse lo que la derecha piensa y maneja sobre este caso: lo que incluso dentro del seno de la misma izquierda, en medio de las pasiones polí­ticas piensa usar… pero ni modo así­ es, hay páginas en la historia de uno que quisiera borrar y repetirla y rehacerla pero eso no se puede. Tener el valor de reconocer los errores es algo que a la larga fortalece tus opiniones.

¿Están dispuestos ustedes a hacer un reconocimiento público de este error, que quede recogido en un documento?

–  Creo que en parte he respondido a esto: creo que no se trata de reparar  la imagen pública de Roque. Prácticamente el problema acá es cómo medianamente poder señalar un error que volvió a repetirse en nuestra organización.

Yo creo que Roque está reivindicado, no es cuenta de  éste, el problema es la pérdida fí­sica de Roque, pero su pérdida en términos de imagen creo que no existe, más bien el problema acá es que el reconocimiento nuestro es para poder reivindicarnos nosotros, ese es el punto, no se trata de que él haya quedado manchado.

Por eso otra de las lecciones que nos dejó Roque es que la verdad es un arma revolucionaria. Tarde o temprano, las cosas se saben y por ello reconocer los errores es un elemento sumamente importante, a veces puede  tener que esperarse condiciones, etc., etc., pero a la verdad es algo que hay que dar un espacio.

Y en relación a la posibilidad de publicar un documento, serí­a quizá esta la primera vez que doy una declaración a nombre de la organización sobre este caso en la que he dado más elementos de información que en ningún otro momento y evidentemente es parte de una decisión que tení­amos y bajo determinadas condiciones de tal manera que se pudiera destacar el hecho, que no quedara perdido.

Nosotros estábamos por dar pasos como éste.

__
*Entrevista publicada en el Excélsior de México, mayo de 1993.

spot_img

También te puede interesar

Jorge Dalton
Cineasta cubano-salvadoreño. Director de cine y documentalista. Reside en El Salvador y es colaborador de ContraPunto
spot_img

Últimas noticias