miércoles, 22 mayo 2024

“Más mal que la primavera”: el amor y el amor romántico en Roque Dalton (Notas a partir de un libro inédito)

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Con el título El amor me cae más mal que la primavera, Dalton agrupó 29 poemas que dejó preparados en los últimos meses de 1973 antes de partir de Cuba con destino a su país de origen, donde se incorporaría a la guerrilla y sería ejecutado quince meses después

Por Daniela Lauria y Pablo Solana (ambos son autores de este texto)

Roque Dalton nació el 14 de mayo de 1935 en San Salvador, y cuatro días antes de esa fecha, pero en el año 1975, fue asesinado. Aprovechamos la conmemoración para compartir un poemario casi desconocido y para analizar cómo fue variando el tópico del amor a lo largo de su obra.

Un libro levemente inédito              

Con el título El amor me cae más mal que la primavera, Dalton agrupó 29 poemas que dejó preparados en los últimos meses de 1973 antes de partir de Cuba con destino a su país de origen, donde se incorporaría a la guerrilla y sería ejecutado quince meses después. Hasta ahora, este poemario no fue publicado tal cual el autor lo concibió y se mantiene prácticamente desconocido fuera de El Salvador.

No se supo de su existencia hasta fines de los años ochenta, cuando los poemas se difundieron por primera vez en una revista salvadoreña llamada Istmo, que ya no existe. Después, fueron incluidos en dos antologías, hoy agotadas, que solo se publicaron en formato físico en El Salvador: En la humedad del secreto (1994)selección de Rafael Lara Martínez; y en el tomo III de No pronuncies mi nombre. Poesía completa (2008), a cargo de la Dirección de Publicaciones e Impresos de El Salvador. Sin embargo, el conjunto de poemas no fue editado como libro independiente. Tampoco la mayoría de sus poemas se incorporaron en las diversas recopilaciones que se realizaron en distintos países ni en las que circulan de manera libre en la red.

Dalton escribió estos poemas a partir de 1969. Los agrupó, los ordenó y decidió el criterio para su publicación en 1973. Entre una fecha y otra, pasó casi todo el tiempo trabajando en Cuba. Y, durante el último año, preparándose además para sumarse a la lucha guerrillera en El Salvador.

Ese último tiempo de su estadía en Cuba fue muy productivo. Redactó decenas de ensayos para las revistas Casa de las AméricasTricontinentalCine CubanoSantiago, y para la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes, y la Unión de Periodistas de Cuba; guionó al menos tres obras de teatro; una de las cuales, llamada Caminando y cantando, se estrenó con cierto éxito en La Habana; empezó a escribir dos novelas que quedaron inconclusas, tituladas Dalton y CIA, Miriam. Terminó varios libros, algunos publicados antes de su muerte como Miguel Mármol. Los sucesos de 1932 en El Salvador (1972) y Las historias prohibidas del Pulgarcito (1974). Y también dejó listos Un libro rojo para Lenin (editado por primera vez en Nicaragua en 1986) y Un libro levemente odioso (1988).

Dalton contaba para ese entonces con un prestigio que traspasaba fronteras. En 1969, su libro Taberna y otros lugares había ganado el Premio Literario “Casa de las Américas” en la categoría Poesía. El jurado destacó la “avanzada representatividad de sus poemas en el contexto de la más actual expresión poética en lengua castellana”. Tenía a su alcance diversas posibilidades de edición. Ya había publicado –o estaba por hacerlo– en México y en Costa Rica (y, por supuesto, también en Cuba). En 1973, cuando terminó el poemario que difundimos de modo completo a continuación de este texto, mantenía contactos con editoriales en distintos países, tanto de América como de Europa. Le cuenta a Aída Cañas, su expareja, en una carta de junio de ese año: “Organicé las ediciones de Mármol para Italia, Francia y Estados Unidos, que si salen van a dar algunos pesos para ustedes. Te mandaré un detalle minucioso de cómo están las cuentas pendientes y las tramitaciones que se harán con nuevas posibles ediciones”. El amor me cae más mal que la primavera, sin embargo, fue el único de los poemarios que Dalton dejó ordenados para enviar a imprenta que no se publicó.

“Poesía, que no estás hecha sólo de palabras”

Un análisis exhaustivo de la obra de Dalton exige una dedicación que excede estas líneas. Ese esfuerzo se hizo, hasta el momento, de manera fragmentada: hay quienes estudiaron su poesía, pero no su obra ensayística; quienes abordaron su biografía sin poner el énfasis suficiente en su opción revolucionaria; y aún está vacante el estudio de su labor teórica en torno a los debates sobre el marxismo y la lucha armada. Se pueden consultar diversos trabajos, algunos disponibles en línea, para acercarse a los distintos aspectos de su vida y su producción literaria [1].

Poner el foco en El amor me cae más mal… permite esbozar una interpretación también parcial, aunque poco explorada, sobre el modo en el que Dalton trató a lo largo de su obra poética el tópico del amor.

En los últimos años, su obra encontró en internet y en las redes sociales una vía legítima y válida de difusión masiva. Sin embargo, la réplica de sus poemas de manera imprecisa y descontextualizada impide comprender su poesía en el marco de sus condiciones de producción. En el caso de Dalton, obviar esa dimensión implica un serio riesgo porque sus versos son el resultado de una imbricación única, excepcional, entre su creatividad literaria y sus decisiones de vida; entre sus relaciones personales y su compromiso con la lucha por la revolución.

Para poner en contexto la lectura que presentamos, es útil apoyarse en la periodización que propone el salvadoreño Luis Melgar Brizuela, quien distingue una primera etapa de la poesía de Dalton desde sus inicios hasta el año 1964, un segundo momento que llega hasta 1973, y un tercero desde entonces hasta su muerte dos años después. Melgar Brizuela considera que El amor me cae más mal que la primavera forma parte del “segundo Dalton”, la fase más extensa y más experimental desde el punto de vista creativo, que abarca, además de este poemario inédito, los libros Taberna y otros lugares Un libro levemente odioso.

“Para acostarse con la misma muchacha”

Veamos algunos versos de los poemas que forman parte del “primer Dalton”:

Mujer: hoy que amanezco
con un grito distinto entre las venas,
tomo tu mano musical, rodeo
con miel suave titánica la vida.
Hacia tu cuerpo y tu futuro parto desde mí mismo.
Advengo
hasta tu amor mundial. Avanzo y canto.

(Mía junto a los pájaros, 1958)

Abro mi anatomía primitiva
para que me fecunde tu sonrisa.
Amor,
amor,
¿qué me sucede cuando substituyes
la vibración nupcial que me despierta?
Encomiendo a tu cuerpo,
a tus secretos dones adversarios,
a tu manera de mirarme,
a tu brutal huida,
a tu tenaz ofrecimiento inacabado,
a tus ansias de amar que me adivinan
como un soldado atónito
encomiendo a tu sangre apresurada;
a tu total medida
que me deja el abrazo sin lugares (…)

(Tu misión, 1959)

De esa misma época es también “Aída, fusilemos la noche” (Aquí tenemos estas cuatro manos / y tenemos mi voz. / Nos respaldan tus ojos / y tu suave / manera de ir queriéndome), uno de sus textos más divulgados, escrito a los veinte años, en el que declara su amor y sella su compromiso con quien sería su primera pareja, su esposa, la madre de sus tres hijos y su colaboradora de mayor confianza hasta sus últimos días.

Junto a Aída Cañas, consecuente militante de la causa revolucionaria

Con el paso del tiempo, sin embargo, el propio Dalton renegaría del lirismo tradicional y del amor romántico que signaron esa etapa temprana de su poesía. En el poema IX de la serie titulada “Los Hongos”, que incluyó en el libro Taberna… (1969), bromea sobre el tema y afirma que algunos de aquellos versos “no los volvería a escribir”:

Acepto que mi poesía no es ya la de antes, la que gustaba tanto
al Padre Landarech (…)
Recuerdo nítidamente, por ejemplo,
que le envié por correo el primer poema de amor que hice en Cuba.
(…) El poema decía, más o menos, así:
´(…) ¡Oh dilatada heroína de mi espera! / De pronto te he visto. / Como de una raza lavada de toda mancha / se te miraban los perfumes /
así fueran una guirnalda circundándote. / Testimonio y estremecimiento de la Luz / en medio de la noche, / eras como la dulce espada de los niños guerreros / que amanecen dormidos bajo el rocío en días de cosecha. / Oh, halago de mi fiebre, / amor que por el amor me has victimado / la jerarquía de la rama nueva / sea contigo. / La soledad del desierto me aquejaba / pero hoy mi lecho será todopoderoso / ¡Oh deleitosa muerte de la búsqueda!´ /
Todo lo bonito que Ud. quiera, Padre, pero eso de “Oh, dilatada heroína de mi espera” no lo volvería a escribir aunque fuera imprescindible para acostarse con la misma muchacha.

Ese arrepentimiento es contemporáneo a la escritura de los poemas que integran El amor me cae más mal…, que expresan una mirada sobre el amor con la que, como veremos más adelante, el “segundo Dalton” parece sentirse más a gusto.

No hace falta resaltar la importancia de todo verso que se descubra, o que se pueda rescatar del olvido, si se trata de la obra de un poeta de la talla de Roque Dalton. Los motivos inexplicables por los cuales el poemario no se editó vuelven aún más relevante su difusión. Si lo que se busca es analizar el lugar que ocupó y el sentido que fue adquiriendo el tópico del amor en su obra, es imprescindible prestar especial atención a esta serie de textos poco conocidos.

Antes de detenernos en los poemas que dan cuenta de su experiencia y su mirada más radical (de la literatura, de la revolución y también de los vínculos sexoafectivos), es justo aclarar que en su obra las remisiones al amor exceden por mucho la noción de amor romántico.

Un amor eficaz

Desde su poesía temprana aparecen referencias al amor filial, familiar. La mención a su madre destaca entre ellas como en “Oíd” (madre, mi madre, madre, / la única bella sombra / capaz de odiar a todo el que me cerró con motivos / la ventana en el rostro). Pero otro aspecto, que en un principio permite pensar en la influencia que ejerció sobre Dalton el poeta peruano César Vallejo, irá prevaleciendo a medida en que avance su obra: hablará del “amor a la vida”, como en el poema de sus primeros años “Compañero perenne” que dedica a Miguel Ángel Alfaro:

“(…) manteniendo la llama
del amor a la vida.
(Y es que amar a la vida
es odiar la miseria)”.

También escribe “Al olvido tenaces dimos muerte completa / viajeros de la misma religión amorosa” (“Para cuando la muerte…” en Los pequeños infiernos, 1962), frase que se acerca al concepto de amor eficaz propuesto por el cura guerrillero colombiano Camilo Torres, a quien Dalton se referirá varias veces en sus poemas clandestinos.

En sus ensayos de Praga vuelve al mismo planteo: “Amor a la humanidad, el mejor método para llegar a la verdad y una fuerza que asegura la realización de la esperanza: ¿se puede concebir otra base mejor para la poesía?” (“Recuento en Praga”, 1967). Esta cita anticipa la idea que Dalton debatirá con el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (también sacerdote católico) acerca de la necesidad de tomar las armas “por amor a la humanidad y al bien social” (“Apuntes de dos encuentros con Ernesto Cardenal”, 1972). Es justamente en ese punto donde reside, para Dalton al igual que para Camilo Torres, la “eficacia” del amor al prójimo: el compromiso no debe quedar sólo en las palabras, sino que también se deben asumir los riesgos del combate. No es casual que la noción del amor más allá de los vínculos de pareja o filiales surja en el salvadoreño asociada a referentes religiosos: él mismo reconocerá su formación jesuita, que no dejará de influir en su poesía y en su concepción del mundo. El cristianismo de liberación fue una de las corrientes determinantes en la constitución de las organizaciones guerrilleras de aquel entonces.

Los sacerdotes revolucionarios Camilo Torres y Ernesto Cardenal

En Dalton, sin embargo, el amor a la humanidad se expresa condicionado por su opción ideológica que le impone realizar un determinado recorte. El “bien social” no será resultado de la buena voluntad del género humano en su conjunto, sino de “los mendigos, los marihuaneros, los indocumentados, los primeros en sacar el cuchillo, mis hermanos”. De allí que uno de sus textos literarios más clasistas se llame, precisamente, “Poema de amor”:

Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como “silver roll” y no como “golden roll”),
los que repararon la flota del Pacífico en las bases de California,
los que se pudrieron en las cárceles de Guatemala, México, Honduras, Nicaragua por ladrones, por contrabandistas, por estafadores, por hambrientos
los siempre sospechosos de todo (“me permito remitirle al interfecto por esquinero sospecho soy con el agravante de ser salvadoreño”),
las que llenaron los bares y los burdeles de todos los puertos y las capitales de la zona (“La gruta azul”, “El Calzoncito”, “Happyland”),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo de las picadas del escorpión o la barba amarilla en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.

Estos versos integran el libro Historias prohibidas del Pulgarcito, escrito durante los mismos años en los que fue tomando forma El amor me cae más mal…

“Donde empiezan los líos”

La poeta Lil Milagro Ramírez, determinante en la poesía del “último Dalton”

Pero al motivo amoroso le quedará, aún, un último giro de reconceptualización que se verá plasmado en el “tercer Dalton”, el de las Historias y poemas de una lucha de clases (ese fue el título que Roque Dalton dio al libro que finalmente se conoció como Poemas Clandestinos). Allí se hace eco de los planteos provenientes de la segunda ola feminista. “El sexo es una categoría política”, apunta como epígrafe del poema “Para un mejor amor”, y agrega la autoría de esa cita para no dejar dudas: Kate Millett [2], una escritora y activista feminista estadounidense que había publicado en agosto de 1970 Política sexual, libro en el que plantea la tesis que el poeta salvadoreño retoma de esta manera:

Nadie discute que el sexo
es una categoría en el mundo de la pareja:
de ahí la ternura y sus ramas salvajes.
Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
y los días divididos
(él, buscando el pan en la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el final del mes).
Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo son para ella
o sólo son para él.
Donde empiezan los líos
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.

Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no del sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm,
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.

El enfoque que impregna el poema es marxista, porque apunta al corazón del orden político y económico capitalista, pero también es feminista, porque lo que cuestiona es la implicancia de ese orden en el sexo, en la división de roles de género y en la consecuente subordinación de la mujer. Esta novedad conceptual en su obra va de la mano de un recurso estilístico que ya había empleado previamente en otros poemas, como es la inclusión de un epígrafe que orienta la línea argumentativa del texto, una forma de intertextualidad manifiesta habitual en escritos razonados, pero más extraña e inesperada en la poesía.

Este poema figura bajo la autoría del único nombre de mujer que Dalton crea en este libro, Vilma Flores. A diferencia de los seudónimos, los heterónimos a los que el poeta apela dan voz a distintas personas, con sus propias identidades y modos de ver y significar el mundo, como da cuenta en los datos biográficos consignados de cada uno de lxs personajes-autorxs a lxs que atribuye los poemas que componen el libro. Se trata de un procedimiento literario que otro escritor altamente valorado por los poetas del siglo XX, el portugués Fernando Pessoa, implementó a lo largo de toda su obra de manera magistral.

Las breves líneas que se proporcionan sobre Vilma Flores, la supuesta autora de la poesía inspirada en el feminismo de Millett, brindan indicios certeros en torno de la fuente de influencia del poeta. Dice de Vilma que “fue primero estudiante de Derecho pero abandonó su carrera para trabajar en una fábrica textil y poder participar en la organización de la clase obrera de manera total. Nació en San Salvador, en 1945”. Quien se corresponde con esta descripción es la militante revolucionaria Lil Milagro Ramírez, fundadora del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), organización de la que Roque formaba parte activa cuando escribió los poemas clandestinos. Sobrevivientes del ERP relatan que él y ella fueron pareja durante ese último tiempo de sus vidas. Roque fue fusilado en mayo de 1975, y Lil Milagro fue secuestrada por los militares salvadoreños un año después, quienes la mantuvieron secuestrada hasta que se supo de su muerte en 1979.

Poeta desde edad temprana al igual que Dalton, hija de padre maestro y madre profesora, criada en una casa llena de libros, Lil Milagro efectivamente había estudiado Derecho y nacido, al igual que ficticia Vilma Flores, en 1945 en San Salvador. En 1966, mientras cursaba sus estudios universitarios, dos de sus poemas ya habían sido publicados en el número 60 de Cultura. Revista del Ministerio de Educación de El Salvador, donde se referían a ella como “la más joven poetisa salvadoreña en la actualidad”.

“En una facultad aún con poca presencia femenina en donde las muchachas nos maquillábamos con cuidado y nos fijábamos en un bonito vestir, a ella parecía no importarle esas cosas”, relata su amiga Miriam Medrano, realzando su incipiente rebeldía respecto de los roles de género. “Simone de Beauvoir le iluminó el pensamiento con la igualdad de la mujer frente al hombre”, recuerda Dagoberto Gutiérrez, compañero de militancia de Lil durante aquellos años, y agrega que ella era “jefe guerrillera, maestra del pensamiento, instructora de la paciencia, amaba la poesía por encima de todo y la revolución fue siempre su sueño”.

¿Fue a través de ella que Dalton pudo conocer las lecturas feministas que comenzaban a circular en los años 70 en EEUU, y que solo era factible que llegaran a un país como El Salvador a través de los selectos ámbitos de cierta intelectualidad? Es lo más probable, ya que, clandestino en su país, clandestino también los últimos meses en Cuba, y habiendo vivido en la isla los años previos, resulta muy difícil de imaginar otro origen para una referencia de ese tipo. No era, en absoluto, fácil toparse con esas ideas en La Habana, menos aún durante los años del Quinquenio Gris (1971-76), como se denominó a ese período de rigidez cultural e ideológica de la Revolución.

Otro indicio de la identidad de la joven poeta salvadoreña que se esconde detrás del heterónimo de Vilma Flores surge del “Tercer poema de amor”:

A quienes digan que nuestro amor es extraordinario
porque ha nacido de circunstancias extraordinarias
diles que precisamente luchamos
para que un amor como el nuestro
(amor entre compañeros de combate)
llegue a ser en El Salvador
el amor más común y corriente
casi el único.

No caben dudas de que el “amor entre compañeros de combate” que Dalton propone en sus últimos poemas clandestinos alude al que sostuvo con Lil Milagro en esos meses turbulentos previos a su muerte.

“Lo que falta”

El amor me cae más mal que la primavera parece operar como una especie de bisagra entre el romanticismo inicial y el quiebre estilístico y conceptual que experimenta a partir de la época de Taberna… y que, como vimos, da un nuevo giro en los planos de la forma y del contenido en sus últimos escritos. El desplazamiento en el modo de concebir y tratar poéticamente el amor y los vínculos de pareja encuentra su correlato en la trayectoria política y militante del poeta, que incluye, por supuesto, sus relaciones afectivas.

Junto a la directora teatral Miriam Lezcano, su compañera durante los últimos años en La Habana

Este conjunto de poemas, preparado para ser impreso como libro, se inicia con una inequívoca dedicatoria: “A Miriam”. La destinataria es Miriam Lezcano, una talentosa directora teatral de 30 años en ese entonces, graduada en actuación en la Escuela Nacional de Arte de Cuba, licenciada en Historia en la Universidad de La Habana, que años más tarde viajaría a completar su formación al Teatro de Arte de Moscú. Roque estuvo en pareja con ella durante sus dos últimos años en Cuba, entre 1971 y 1973. Además de haberle dedicado el poemario, Dalton proyectó una novela que llevaría su nombre como título, la que finalmente por falta de tiempo no concretaría. A Miriam se refiere en sucesivas cartas como “mi amor”, “cabecita de fósforo” (era pelirroja), “mi culito blanco” (en las fotografías se puede advertir su piel extremadamente clara). A partir de abril de 1973 ya no se verían más: el poeta debió pasar los últimos meses aislado, completando su preparación para el paso a la guerrilla.

En El amor me cae más mal… se observa una mirada más descontracturada y flexible sobre los vínculos amorosos y sexoafectivos que la que pudimos apreciar en el primer Dalton:

“Responsabilidad”

Salí a cazar muchachas con un arpa
y endomingadas flechas de melcocha.
El amor yo lo busco
de las proposiciones de amor me defiendo.
A mi alrededor pueden cacarear las mozas
más perfectamente peludas
que yo retiraré mi anzuelo
y ofreceré ramilletes de pompas de jabón.
Yo toco el piano con mi dedo más memorable.
El amor es una fiera que se suicida
frente a la jauría jadeante.

“Guerra”

Mi verdadero conflicto
hondureño-salvadoreño
fue con una muchacha.

“Epigrama”

                                                         A M.L.

Somos la pareja menos infinita y menos adánica
que podría encontrarse en estos últimos treinta años de historia.

Desde el punto de vista muscular
apenas hemos hecho poco más que dos perros.
Desde el ángulo cultural
hemos despertado bien pocas envidias.

Pero este amor nos ha devuelto mejorados al mundo
y, entre nosotros, inolvidables.

Ahora vamos a hacer que alguien sonría
o paladee un pedacito de dulce tristeza
hablando de nuestro amor en este poema.

Aunque Miriam era su relación más estable en ese momento, lo cierto es que hay varios poemas dedicados a otras mujeres: A María del Carmen; a B. C.; a C, in memoriam; a una muchacha checa llamada Zdena; y en el resto de las composiciones no se priva de dejar rastros de la diversidad de sus gustos y opciones a la hora de explorar vínculos diversos de sexo y de amor. En cuanto al estilo poético, acompaña esta nueva manera de representar el amor, menos idealizada, con pasajes en los que predomina el tono humorístico, la (auto)burla e, incluso, la ironía.

_ _ _

Notas:

[1] En Las brújulas de Roque Dalton, Luis Melgar Brizuela realiza un detallado análisis de su obra poética. De allí tomamos la periodización a la que hacemos mención en este texto, aunque, vale aclarar, que eso no implica una coincidencia con las categorías y los juicios que el crítico vuelca en el examen más específico de la obra de Dalton. El archivo en PDF de ese libro se puede consultar o descargar acá. En El ciervo perseguido, Luis Alvarenga realiza una biografía que ayuda en gran medida a contextualizar la poesía de Dalton en clara y explícita sintonía con sus elecciones de vida. Una versión digitalizada de ese libro se puede consultar o descargar acá.

[2] En las ediciones impresas de Poemas Clandestinos el apellido que figura en el epígrafe aparece como Mills en lugar de Millett. Este detalle abre distintas posibilidades de interpretación: uno, Dalton pudo haber elegido jugar con el cambio sutil, en un libro donde recurre a múltiples heterónimos y ningún nombre es el que es; dos, simplemente pudo haberse equivocado al escribirlo; o tres puede tratarse de un simple error de transcripción de unos manuscritos que, recordemos, se corresponden con su estadía en la guerrilla y las dificultades de la clandestinidad. Sin embargo, la precisión de la cita no habilita dudas respecto de la autora. En su libro Política Sexual (Ediciones Cátedra S.A., 1995, pág. 68) Millett afirma: “El esbozo siguiente, que cabría describir como «unos cuantos apuntes encaminados hacia una teoría del patriarcado», se propone demostrar que el sexo es una categoría social impregnada de política”.

– – – –

* Daniela Lauria es doctora en Lingüística (Universidad de Buenos Aires) e investigadora del Conicet (Argentina). Su última publicación es Lengua y política. Historia crítica de los diccionarios del español de la Argentina (Eudeba, 2022). Administradora del Observatorio Latinoamericano de Glotopolítica en Facebook

** Pablo Solana es editor en La Fogata Editorial (Colombia), integrante del equipo de Revista Lanzas y Letras.

Ig: @p.fierro

El amor me cae más mal que la primavera***

A Miriam

El amor
El amor es mi otra patria
la primera
no la de que me ufano
la que sufro

Cortometraje
Amor mío amanece
saciados fuimos con el fruto de bronce

El fruto de bronce nos había cegado
su belleza negaba que fuese para comer
pendiendo ahí del árbol
como la niña de los ojos de los grandes museos.

Por ello me complazco del viaje
a lomos de la ballena comedora de rosas.

Por eso en el purísimo castillo encontré la verdad.

(No lo penséis más:
en el centro del mundo hay un lecho magnífico
y ello no contradice a la ciencia
que nos habla de tantas clases de fuego).

Larga distancia
Te sueño y sigo durmiendo
no me despierto ya manoteando por tu rostro
como un buscador de perlas clama por el aire
bastantes lámparas me ha costado esa desesperación.

Ahora tengo que esforzarme para recordarte
regando como humareda amarilla los jacintos

Sólo en medio de ciertos orgasmos
producidos coralmente en dos o tres islas del Caribe
veo de nuevo tu voz diciéndome buenos días
disfrazada de gnomo joven
desde la profundidad de la almohada vecina

Sólo con respecto a tu oreja derecha
me es dado materializar el recuerdo
entonces la cojo y la uso de ocarina
o de mitad de nuez o de cenicero para guardar presillas

Supongo que no te habré causado mayores molestias
siempre he tenido el cuidado de hacer un estudio comparativo
de los husos horarios
y sólo me tomo el atrevimiento en las horas de menos tránsito

En todo caso queda la vía del telégrafo para conocer tu opinión

No es una fórmula de mi solemnidad
siempre supe tratar a las vírgenes
a las niñas imperecederas ancladas en el extranjero
como un año verdaderamente bisiesto
como la Independencia Nacional

Llámame
cablegrafíame
averigua qué posibilidades otorgan los satélites de comunicaciones

Mi memoria es ya un recurso como de otro siglo
no tiene nada qué hacer
frente a esta modernísima hambre que tengo de ti

Llámame
cablegrafíame
tu voz se verá de lo más bien en cualquier telegrama

Lo verdaderamente importante es la velocidad
viejo signo del siglo que no me había llegado antes
tan cerca del corazón

Despertar cerca de Niza
Gracias oh flor por su recuerdo
gracias pajarito gruñón
por despertarme en ella
gracias viento del mar porque tu clima
llama espejo al espejo y rostro al rostro
“mierda” a la lágrima y “mal tiempo
que pasará” a la soledad.

Zdena
Como Antígona eres, o quizás no,
quizás es sólo una manera pomposa de limitarte.
En todo caso, como las mujeres de Hemingway,
más propia para novia de un piloto
de Air France.

¿Qué haces, pues, junto al pobre poeta
de quien ni siquiera eres el gran-amor-de-la-vida,
a quien realmente no conoces, aunque debes haber oído decir
que sienta bien su compañía?

Él podría decirte que desnuda lo asustas,
que antes de poseerte precisa preguntarse, como Manuel Galich:
¿Esto es lo mío?
Y que sólo te ama
cuando la voz burlona de su Dios le dice:
“Sí, anda, tonto”.

Él es quien considera que Malraux
es hoy un escritor de segundo orden,
que Sartre no está mal
y que Durrell se marchitó en manos de los agentes enemigos.

Y, olvídate,
el poeta jamás te comprará collares;
te romperá muchas medias, eso sí,
te obligará a gastar la ropa que menos te gusta
y hasta te insultará y te golpeará
y te obligará luego a ayudarlo
con el remordimiento.

Ay, muchacha,
de seguro que tú eras para otro,
en alguna parte alguien cometió un error estupendo:
el poeta no tiene más remedio
que rendirse a la felicidad,
llamarte (por no dejar) “mi bestia espléndida”
e incorporarte a su dolorosa cultura,
como los pajarracos de la noche abren su nido
al ave del paraíso.

                                            Mayo de 1965.

Sobre el poema amoroso
Amor mío hay un poema
de desoladas uñas clásicas
que se nos niega en esta enfermedad

Torpor de ensayo,
mueca
alcanzo a levantar
ojeo oteo
con una sana sordidez
palabras sin enchufaduras
pero con la mayor olla de pasión
justamente en el centro

El sueño es bello de alguna manera
de otra manera
las multitudes no pelearían
por subir a su púlpito.

Pero a mí déjame esta vigilia
esta comodidad crispante
donde cada palabra
podrá ejercer sus derechos
únicamente si se desnuda por completo

“Corazón”: palabra justamente prohibida
por el tiempo y la política
aunque sin exagerar

Y este pequeño dolor
es sólo cansancio en mis ojos

Acecho el poema
eso es todo

Ahogado en ella
                                                   (Discurso)
Acostarse contigo es la geografía
pero los lectores no deben temer una enumeración localista
recurso que ya es un lugar común en la poesía latinoamericana

Sólo diré que adoro hacerte así con el dedo meñique
en lo que vendría a ser el lago de Atitlán

Lo demás estará basado
en mi pobre visión de la vida erudita pues
prefiero contar el significado de besarte
después de tomar un buchito de rompopo
hija de ingleses llena de flores corintias
con tus propias nubes para las noches favorables
impaciente en la merienda de las diez
más bien matizada en estas membranosas siestas del trópico
entre luciferina y circense
en el anochecer recién quemado con cognac

Oh diálogo húmedo de numerosos engrudos
embobamiento rosado porque has dicho “ven”
responsabilidad corrupta que desemboca en la sabiduría
aquí todo es piel
resuelta en tres nudos de vellosidad enigmática
llama a un hospital de Venecia
el corazón se me ha llenado de lama verde
por la armonía de tus aguas recipendiarias

Convalezco de ti
no sé si necesito un médico o un jardinero
llama no obstante a un hospital de Venecia
sigo quemándome en tus mieles
desde que fuimos incluidos en calidad de tigres en el Arca de Noé
mina profunda mina para extraer grandes pedazos de noche
tu pupila confesa en su negrura pero negrura de aceite
gimiente y veloz me empapa el grisú de tus galerías

Llama a un hospital
comunica inclusive mi verdadero nombre
me salvarán en ambulancias homéricas
de tus cangrejos y tus almejas gigantes

Mágico buchito de rompopo eres el principio de la liberación
borracho que come dulce está perdido
y yo necesito otro enemigo que me libere de esta mujer

Necesito consejos
necesito dictámenes benevolentes
necesito con urgencia respiración artificial

La joie de aimer
No me ames
para agotar tu destino.

No me ames
con la fe de construir una tragedia contemporánea.

Ríete a todas luces, cariño.

Ríe en toda esta etapa de bella vecindad.

Ríete, ríete,
aunque sea de mí.

De acuerdo: es cierto que te pareces a May Britt

Tu cabello es harina de otro costal
prohibido representarlo en este lado de la Cortina de Hierro
enamorado de los saltos mortales casi un exiliado español
tu cabello es mi Guatemala mi Brasil y mi iglesia de San Julián
[Cacaluta
merece un premio a la mejor realización en el Festival de Pessaro
tu cabello es el capitán Corisco de mi corazón
no lo cambiaría ni por las obras completas de Tom Mix
a tu cabello “no le interesa determinar el género; prefiere
la ambigüedad, o que los críticos sean quienes determinen”
tu cabello es parcamente herecliteano no abusa de la dialéctica
tu cabello abofetearía a quien lo comparara con una bandera
[conciliatoria
pero no esquivaría la linajuda similaridad con una gaviota que cae
herida por un granizo tropical
áspero y enemigo como la misma reyerta
tu cabello es como cuando uno chupa un jocote de corona sazón
después de un gran trago de aguardiente de quince centavos
y arroja luego diabólicamente la semilla sobre la espalda de
[un perrito
que dice “juick” con una tristeza Walt Disney
y huye hacia lo desconocido de la noche entre las carcajadas de
[los borrachos
en tu cabello he perdido saliva lágrimas y palabras
un esquema de cuento de Malcolm Lowry en prueba de galeras
y diez diapositivas Agfacolor con iconos de Rubliov
tu cabello quisiera vivir en Alejandría
pero se tiene que quedar aquí en La Habana
en un húmedo rincón del Vedado que sólo en muy escasas ocasiones
logramos construir entre tu espalda y mi pecho
tu cabello necesita solamente una guacamaya lunática
para que suene como las selvas de mi país
tu cabello es harina de otro costal es decir
tu cabello es ahora
blanco

Yo insisto en que es más bello su negro natural.

Hablar y no hablar contigo
El poeta
ese oficiante pasado de moda
payaso de la lujuria volátil
horticultor de secretos famosos
te ama como sabe
anacrónicamente
demonizándote
angelificándote
dejando ver el cobre
de sus mentiras
las armas con que ya se repite

(Oh brillo que le falta al poeta
oh magia que no es capaz de crear
oh clima en suspenso como en el ojo del ciclón
que no se le concede:
actuemos todos como si ustedes no fueran
indispensables)

Mujer inteligente se aproxima
                                     (6 de julio de 1970. A M.
               Aeropuerto Internacional José Martí, La Habana)

La parafernalia de la mesura
paradójicamente
te hizo imprescindible no traer flores.

Pero ella viene volando como uno de los amigos de Neruda
desde las vecindades de la Staatoper de Viena
todo lo fenomenológica que puede.

Ordena tus fetiches, Roque Dalton
tus privilegios precoces entre la intelectualidad
ponles bigotes a todas tus Giocondas
hoy correrá peligro el argumento de la desnudez.

Ella es la antítesis de la inmolación
Antiexhibicionista desenmascarante cinematografical
ella es la estrella de la Abadía de Ciencias del más citado país
viene galopando entre los deseos más oleaginosos
pero hoy correrá peligro el argumento de la desnudez.

La prueba está en que ha usado un telegrama venezolano
o sea que si no descubres el matiz insufrible en esta historia
estarás inmediatamente perdido.

Por mi parte lo que tú quieras, Roque Dalton
dime solamente en qué te puedo servir
dime si te alcanzo un sacacorchos o un saco de corchos
o de una vez al mismo Schopenhauer
a la mierda tu experiencia con las niñas acomodadas
esta vez correrá peligro el argumento de la desnudez.

No corras a ciegas dentro de ti mismo
no trates de huir
no tendrías dónde ocultarte
ahora ya es más tarde que nunca.

Afila tus grandes frases
el lenguaje puede siempre fracasar pero es más duradero
adiéstrate en negar las más claras derrotas.

Ella viene volando vestida de talento no hay remedio
aunque algún truco eficiente debe haber.

Al fin y al cabo son los recuerdos los que ungen sus deseos.

Lo verdaderamente seguro es que en esta ocasión
correrá peligro el argumento de la desnudez.

Lo que falta
          “…la otra persona, como persona, se ha convertido
                                 en una necesidad para él…”
                                                       Marx

“Los clásicos son interesantes”:
blasfemia mía de ayer, al salir de ver Romeo y Julieta.

Hoy aumentó la cuota de tomates para ensalada
y aparecieron unas acelgas enormes.

El pan sobra, los huevos alcanzan, el arroz y los frijoles
aburren como las cataratas.

La escasez da un poco de hambre mental
y muchísima de la otra, decía ayer el gordo Flores.

Pero con la merluza y dos bistecs
dejaremos atrás la semana.

Lo que verdaderamente falta en Cuba
eres tú.

35 años
  I
Pero la castidad, vieja hedionda, serpiente seca,
visita que hemos de esquinar y confundiremos con la muerte
es una sentencia que al fin y al cabo
alguien tiene que merecer.

Mañana es viernes.
No tentarás a tu señor.

  II
Una de las caras del amor es la muerte,
en el humo de esta época eternamente juvenil.

¿Qué me queda ante ti sino la perplejidad de los reyes,
los gestos del aprendizaje ante la crecida del río,
las huellas de la caída de bruces entre la ceniza?

La propia juventud decrece
y trota la melancolía como una mula.

Queen
Cuando hubo amanecido y saltaste de la cama hacia el sol
de hecho hablaste de las limitaciones de Baudelaire

Porque la poesía no fue el único milagro
para el que me dieron permiso
sino que también me lo otorgaron para ti.

Mañana de domingo
Ante el espejo abierto
toco desnudo la guitarra.

Un verano de naipes marcados
me agobia más que el alcohol
más que las vibraciones
de estas sienes
conciliadoras con la disciplina.

¡Oh la cultura roja, el horizonte
previsto, las esponjas
para minimizar el porvenir!

Miriam se lava desnuda
la cabeza
y el clima vuelve a la mitad de agosto, zambullidor.

Rompí un monóculo teatral
porque la habitación es demasiado pequeña.

Pienso y pienso.

En tiempo de las cruzadas fue un verdadero azote
El amor en su forma anestésica
puede diagnosticarse
si se investiga la presencia del bacilo
en un pedazo de tejido cortado,
en el producto de las escarificaciones,
en la serosidad de un vegigatorio
o en un pedazo de nervio.

Hasta ahora no se conoce
ningún tratamiento eficaz.

Dice Dieulafoy:
“Si el médico no puede curarlo,
debe esforzarse por prevenirlo
mediante el aislamiento de los enfermos”.

Why not?
Tu rodilla no puede seguir así
debe crear almohaditas para mi barbilla.
De otra manera,
¿cómo,
desde dónde voy a morderte esa parte precisa del muslo,
la que vive solamente para mí sus semanas,
perfumándose como una j oven manzana autocrítica,
tía de la lavanda, prima-hermana del sándalo?

Tu cuerpo no debe aumentar mis preocupaciones.
Bastante tengo ya con estudiar el Mercado Común
[Centroamericano,
suficientes problemas me han traído
las ocurrencias en la frontera chino-soviética.

Una pequeña gaveta de mesa de noche
en tu rotunda nalguita derecha
tampoco me vendría mal para guardar mis pañuelos,
mis sellos coreanos, mis llaves,
las piedrecitas de las vecindades de Varadero.

Y una regaderita con leche de cabra siempre fresca,
prendida con un clavito de oro a tu ombligo,
para bien servir y renovar el jardín de las delicias,
disfrazarlo de alfombra eterna de la bienvenida,
de pastelillo para el mejor cumpleaños del príncipe,
de alberca rústica para que nade el alma.

¡Oh!

que salvaste la fogata de la destrucción
al levantarte en medio de la hierba
y dividir el tropel de búfalos en dos grandes manadas,
una que se fue directamente al abismo que ni siquiera daba
[en el mar
y otra que se convirtió en una pequeña sábana de bueyes
[Mendelsohnianos
ofensivamente aptos para alimentar a nuestra descendencia
[por los siglos
de los siglos


que intentaste salvar mi alma leyéndome interminables editoriales
[de Pravda
y artículos de fondo de Nuestra Palabra
mientras yo solamente pensaba en robar el fuego espumoso,
[el fermento
de la peor propaganda inseminadora,
la playa de la lepra en ocasión de algunas noches africanas,
pero también la única representante de la luna irreal,
[la maravillosa,
en la tierra;
la imposibilidad de Miguel Ángel,
la causa de los mohines de Benvenuto Cellini,
la tragedia emplumada o encuerada de los mercados franceses,
el alarde comparatorio que justifica a los melocotones por no
[poder hacer la historia,
la quincallería de las casas de putas;
tu carne, quiero decir,
Ruperta,
si me perdonas la expresión.

Cortazariana
Oliendo a leche como una sala cuna de Baltimore
con el ritmo de una prostituta balinesa
o el de un gol de Pelé pintado por Chagall
camina a la orilla del mar
mi poetisa joven 1969

¡Qué esplendor el de sus equivocaciones
al citar a Michaux!
Su luz
que hizo a Vallejo autor de Residencia en la Tierra
es el vientre en que ahora descanso
y al que los diccionarios geográficos
llaman tan duramente ” trópico”.

Dejando aparte toda hipocresía cultural
confieso mis intenciones únicas a su respecto:
verla desnuda
y retilar su muerta.

Para entendernos
Me enamoré de ti porque te parecías muchísimo a una muchacha que, a su vez, tenía el rostro casi idéntico al del personaje de un sueño sensacional, soñado hace ya mucho tiempo, que llegó inclusive a despertarme.
A despertarme para siempre, digo.
Debo aclarar que me refiero a esa época contradictoria en que yo odiaba todo lo que me emparentara con el hecho de tener quince años de edad. Pero esto no es lo importante.
El personaje del sueño era una especie de niña-mujer sumergida en un estanque de nácar, en cuyo contorno bailaban dos guerreros pipiles ornamentados con plumas de guara y caracoles. Al verme comenzó a salir del agua: su cuerpo era como el de una boa constrictor decorada con dibujos sicodélicos y se movía con una gracia similar a la del spaghetti que es extraído de la boca del nene por su propia mano, para luego volver a ser chupado vertiginosamente ante los bufidos reprimentes de papá.
Pero en alguna forma se las arreglaba para hacerse sentir bella.
Claro, estaba su rostro, que era la inocencia y la promesa encarnadas, taciturno y estimulante a la vez. Mas lo que manifesté antes estaba referido al conjunto de aquel ser extraño y maravilloso. Quiero decir: no era la simple ofrenda de un rostro de mujer en la punta de un fuelle revestido con cuero de culebra. Era una concepción de lo fe menino, aprehendible al primer contacto de los sentidos, en el lenguaje del sueño.
Cuando vi que iba a hablarme, sin embargo, me sentí como las masas del pueblo amantes del cine primitivo, ante la posibilidad de oír a Charlot. O sea: levemente tocado por una especie de piadoso temor y ambiciosa espectativa.
No fui decepcionado.
Dijo: “El mar escurre de los dardos al enemigo pañuelo. El horizonte hostigado nos ve; mas, si desapareciésemos, la piel de la noche sudaría lágrimas de niño”.
La severidad de mi sentido crítico fue traicionada por mi corazón.
Aquella proposición cuasilorquiana me llenó de ternura, pese a saber, como el que más, que el lugar común es el tío de todos los vicios.
Al ir a besarle las mejillas estalló en sellos postales cubanos e indonesios color sepia y tutti-frutti.
Yo desperté entonces, con la plena convicción de tener ya marcado un camino en el amor, que me sería imposible sortear o vadear así me casase con siete mujeres intachables, o me volviese leproso y loco a la vez o ingresase en un club de asesinos de niñas negras, cuyos cadáveres ornaran, pintados con laca roja como los cursis jarrones chinos de ébano, el bar.
Algunos años después, en Santiago de Chile, conocí a una niña de catorce años cuyo rostro se asemejaba hasta el asombro al de aquel espléndido reptil (usado este vocablo como sinónimo de “lo lúbricomuscular-al-tiempo-que-brillante” y no de “rastrero “). Iniciamos una breve relación amorosa que fue echada a perder por mi emoción excesiva ante lo que consideraba un grandioso cumplimiento de mi destino mágico. Ella terminó casándose con un diplomático mexicano, que tenía un párpado lamentablemente gacho.
Y vino el día en que alguien me llevó de la mano hasta ti y pronunció las palabras que abrieron las puertas del cielo y del infierno al mismo tiempo: “¿Se conocen Ustedes?”.
Eso es todo.

Guerra
Mi verdadero conflicto
hondureño-salvadoreño
fue con una muchacha.

Home sweet home
Vino el problema con la golondrina.
Mis amigos me lo decían
pero yo siempre contesté filosóficamente
que de las mujeres mejor no hay que hablar.
Ella ya me había perdonado
que sufriera reacciones a la vista de la Catedral de Pamplona
y que tuviera que entrar a rezar en la Capilla Sixtina
bajo un paraguas.

Ayer se fue hacia el crepúsculo
en la bandada de las seis.

Moraleja:
para esto de iniciar una crianza
de pececillos japoneses
lo peor es estar casado con una golondrina celosa.

Verte desnuda
A María del Carmen.
Pececillos de la imaginación
desnudos caramelos que se, perdieron
en la escalera al cielo
perlas hirsutas
entreabiertas abuelas
pepinos salados del alba
sabiduría metamorfoseada
¿por dónde os debo penetrar
oh colección de hierbas y cosas
organizada con el pretexto
de un nombre de mujer
de un modo de ilustrar
a la muchacha con que siempre soñé?

Epigrama
                                                           A M.L.
Somos la pareja menos infinita y menos adánica
que podría encontrarse en estos últimos treinta años de historia.

Desde el punto de vista muscular
apenas hemos hecho poco más que dos perros.
Desde el ángulo cultural
hemos despertado bien pocas envidias.

Pero este amor nos ha devuelto mejorados al mundo
y, entre nosotros, inolvidables.

Ahora vamos a hacer que alguien sonría
o paladee un pedacito de dulce tristeza
hablando de nuestro amor en este poema.

Responsabilidad

Salí a cazar muchachas con un arpa
y endomingadas flechas de melcocha.

El amor yo lo busco
de las proposiciones de amor me defiendo.

A mi alrededor pueden cacarear las mozas
más perfectamente peludas
que yo retiraré mi anzuelo
y ofreceré ramilletes de pompas de jabón.

Yo toco el piano con mi dedo más memorable.

El amor es una fiera que se suicida
frente a la jauría jadeante.

Cita
                                              Para C., in memoriam.
Tu desnudez es la eternidad
debo decirlo ahora
porque no fue sólo el agua sino que será siempre la sed
porque había sido el peligro y el premio
la pregunta contestada para la sal de todas las playas del mundo.

La toqué y me vistió de luz y sombra
me hizo pedacitos la sabiduría para que la repartiese por los caminos
me hizo tener hijos de oro y enemigos náufragos en la hiedra
me dio un nuevo nombre que sonaba como un golpe central
soltado por el desencantador en la puerta invencible.

Sé que por otra parte pronto te fugarás de la tumba
construirás una vena hacia el mar
(hasta donde nuestros cardos filiales
tiemblan por su podrido porvenir)
y surgirás como el hermoso amanecer para esos ebrios
que olvidaron su religión y su mugre
en las esquinas de la última noche.

Descansa hasta esa fecha:
sin que se entere la paz cobra fuerzas de fiera
y en el dorso quemado de una hoja otoñal
escríbeme la hora
y el nombre de la playa.

Casi elegía
                                                 Para B. C.
No es que me entusiasmara demasiado tu olor a miel
yo venía de un hervidero de abejas
y prefería asociaciones de ideas que culminaran en Bambi
pero el maduro azar y sus implicaciones
las labores astrales de las señoras que dan los permisos
lo echarían todo a perder.
A pesar de que tu aspecto de venadito era reglamentario
y tu desnudez no tenía aún la menor herrumbre
por el contrario atraía a los gatos como un tazón de leche
y en ella se podía uno refugiar de la policía
o retener a la Cenicienta hasta el siguiente atardecer
o cortar mangos tiernos ya peladitos y salados
o mojar puntas de flechas en una estrofa de la Internacional.

¿Por qué entonces nuestro retrato de bodas
iba a ser el retrato de bodas de nuestros hijos?
Las hojas s e secaron entre las obras de Kipling
huélelas y recuérdame
límpialas de diamantes y recuérdame
pon polvo de su polvo en los deseos de tu juventud.

La culpa es de la vida que se deja vivir amor mío.

Siempre
Si me olvidas
olvídame con toda tu alma
olvídame con todo tu cuerpo
olvídame con todo tu amor
olvídame
siempre
vuelve a olvidarme
siempre
lucha
persiste
en el olvido
siempre

Hasta luego
Volveré
inmediatamente
amor
espérame
no voy a volver tarde
nunca más voy a volver tarde
sólo voy a volver
y cuando vuelva
será temprano de por sí
siempre que vuelva será temprano
e incluso
a lo mejor
será temprano para siempre
no te enojes duerme
un poquito
ahora es demasiado
tarde pero yo
voy a correr
en un sentido contrario
al del mundo
para que se nos haga más temprano
a todos
contra el sol voy a correr
apretando los ojos
hasta que todo lo demasiado tarde
desaparezca
todo será muy rápido
alcanzaré a llegar
a tiempo para despertarte
con el ruido de la prisa
o la intromisión
de la mañana que ha llegado conmigo
y no quiso esperar
disciplinadita
a la puerta.

*** Estos 29 poemas que integran El amor me cae más mal que la primavera se corresponden con los publicados en el tomo III de No pronuncies mi nombre. Poesía Completa. Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 2008.

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Pablo Solana
Pablo Solana
Pablo Solana, escritor argentino, es editor en La Fogata Editorial y la revista Lanzas y Letras (Colombia). Colaborador de ContraPunto
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