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sábado, 24 de julio del 2021

Los refugiados como armas de destrucción masiva

Este rápido revés fue gatillado por hechos que ocurrieron a miles de kilómetros de distancia. En horas del amanecer del 2 de septiembre de 2015, en Bodrum,

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CAMBRIDGE ““ En el verano de 2015, parecí­a seguro que el ex Primer Ministro canadiense Stephen Harper iba a ganar su cuarta elección consecutiva, la que tendrí­a lugar en octubre. Sin embargo, su Partido Conservador obtuvo solamente 99 de los 338 escaños de la Cámara de los Comunes. Dicho partido no triunfó en ninguna circunscripción en Toronto, ni en todo el litoral del Atlántico. Por su parte, el Partido Liberal, liderado por Justin Trudeau, terminó consiguiendo la segunda mayor victoria de su historia ““184 escaños”“ a pesar de haber estado en tercer lugar al inicio de la campaña electoral.

Este rápido revés fue gatillado por hechos que ocurrieron a miles de kilómetros de distancia. En horas del amanecer del 2 de septiembre de 2015, en Bodrum, Turquí­a, una familia sirio-kurda abordó un bote en el que pretendí­a llegar a Grecia. Sin embargo, el bote zozobró a los pocos minutos y Rihanna Kurdi, junto a sus dos hijos, Ghalib y Aylan, se ahogaron. Un fotógrafo turco, Nilí¼fer Demir, publicó en Twitter la imagen del cuerpo del pequeño de tres años, Aylan Kurdi, que yací­a en una playa. Esta fotografí­a sacudió al mundo ““y puso fin a la carrera polí­tica de Harper”“.

Durante la primavera anterior, Harper habí­a ordenado al ministro de Ciudadaní­a e Inmigración, Chris Alexander, que revisara la polí­tica de refugiados de Canadá para cerciorarse de que no se estaba permitiendo la entrada de terroristas, una directiva que prácticamente paralizó el sistema. Un mes antes, Harper habí­a contemplado prohibir el uso del niqab en lugares donde se prestan servicios públicos, lo que hizo que surgieran sospechas acerca del motivo al que verdaderamente obedecí­a la decisión sobre los refugiados.

Tima Kurdi, una tí­a de Aylan Kurdi con residencia en Vancouver, habí­a estado tratando de conseguir que él y su familia llegaran a Canadá, pero esto fue impedido por las decisiones de Harper con respecto a los refugiados. De pronto, una polí­tica que supuestamente iba dirigida a proteger a la ciudadaní­a frente al terrorismo islámico, se convirtió en una polí­tica ofensiva para el concepto que tienen los canadienses de sí­ mismos: ser una sociedad abierta y compasiva. Harper lo pagó muy caro. 

Al sur de la frontera canadiense, las cosas no podrí­an haber sido más distintas. Allí­, Donald Trump triunfaba en las elecciones presidenciales de noviembre prometiendo prohibir la entrada al paí­s de musulmanes, construir un muro en la frontera con México, y crear una "fuerza de deportación". El primer intento de implementar su prohibición fue revocado por los tribunales de justicia, pero solo después de haber creado caos en aeropuertos, confusión en universidades, y trastornos en familias. Y ahora el gobierno de Trump está elaborando una nueva prohibición.

De acuerdo a avances recientes en psicologí­a y neurociencia, existen dos posibles razones para explicar por qué los estadounidenses y los canadienses reaccionan de manera tan diferente. La primera se basa en los descubrimientos sobre la toma de decisiones en el contexto de incertidumbre que propone la llamada teorí­a prospectiva, desarrollada en las décadas de 1980 y 1990 por Daniel Kahneman y Amos Tversky.

Toda restricción a la inmigración, dirí­an Kahneman y Tversky, entraña un compromiso entre dos errores. El error Tipo I implica dejar entrar a un supuesto terrorista, mientras que el error Tipo II consiste en prohibir la entrada a extranjeros inocentes. Para formular una polí­tica apropiada es preciso equilibrar estos dos riesgos, teniendo en cuenta sus probabilidades relativas y la importancia que se le otorgue a las vidas salvadas de residentes y a las vidas trastocadas de inmigrantes potenciales. ¿Cuántas vidas inocentes se está dispuesto a desbaratar o a poner en peligro para evitar un ataque terrorista?

Kahneman y Tversky sostienen que al calcular probabilidades, la gente comete errores sistemáticos, producto de que busca ejemplos en su memoria. Si uno recuerda los ataques en Parí­s y en Niza, sobreestima la probabilidad de terrorismo. Si uno ha estado expuesto a la fotografí­a de Aylan Kurdi, puede que estime lo contrario. 

Al manipular la prominencia de un recuerdo, uno afecta la percepción del riesgo y el cálculo de la decisión. Es posible que sea por esto que el bando de Trump ha estado exagerando el peligro de ataques terroristas inventando incidentes inexistentes, como la "Masacre de Bowling Green" y, más recientemente, uno especificado solo como "anoche en Suecia".

Trump puede sostener que todo peligro para un estadounidense es inaceptable, independientemente de cuántos Aylan Kurdi mueran y cuántas vidas se trastoquen. Sin embargo, de ser así­, ¿cómo se puede pedir a soldados estadounidenses que arriesguen sus vidas en Mosul o Kandahar? ¿Acaso no es la preocupación por el bienestar de los demás lo que justifica que se exija este sacrificio, aunque sea en parte? ¿Es realmente una tradición estadounidense no ocuparse de lo que les suceda a los demás?

El segundo descubrimiento proveniente de investigaciones psicológicas, resumido por Bruce Hood en su libro The Self Illusion [La ilusión de sí­ mismo], se relaciona con el papel desempeñado por la conciencia en la toma de decisiones. Investigaciones realizadas recientemente en laboratorios muestran que nuestros pensamientos conscientes elaboran ex post justificaciones convincentes para muchas decisiones que nuestros cerebros tienden a tomar de manera inconsciente.

Por ejemplo, es posible que el expresidente estadounidense George W. Bush haya decidido invadir Irak y derrocar a Saddam Hussein por muchas razones: ventaja estratégica, preocupaciones humanitarias, y hasta competencia con su padre. La mayor parte de ellas no involucraba armas de destrucción masiva. Sin embargo, este fue el argumento que se utilizó porque era el más fácil de justificar, dado el contexto.

¿Es la protección de los estadounidenses el motivo real para que se prohibiera el ingreso de musulmanes, o es posible que existan otros? Analicemos el hecho de que dicha prohibición se aplicó a siete paí­ses. ¿Por qué se consideró el paí­s de origen como predictor útil para determinar quién puede que sea un terrorista? Al fin y al cabo, en Estados Unidos ningún refugiado musulmán jamás ha cometido un acto terrorista, como tampoco lo ha hecho ningún nacional de los siete paí­ses especificados por Trump. 

¿Representa mayor peligro un sirio que padece de cáncer o un académico iraní­ destacado, tan solo a causa de su paí­s de origen? ¿No se puede confiar en el Departamento de Estado y en los servicios de inteligencia para que formulen estos juicios, sin recurrir exclusivamente a la información sobre el paí­s de origen?

La cuestión es que puede que la prohibición de la entrada de musulmanes ¬”“como asimismo la construcción del muro en la frontera con México”“ se relacione menos con sus justificaciones expresas que con otras consideraciones, incluso inconscientes. Después de todo, la polí­tica no fue diseñada por el aparato de seguridad nacional sino por Stephen Bannon, estratega principal de Trump y abierto guerrero contra la cultura dominante.

Es muy posible que el apoyo a tales medidas obedezca  a la inquietud que provoca pensar que si se permite que personas que realmente no son como "nosotros" pasen a formar parte de "nosotros", en realidad dejaremos de ser "nosotros". Pero, ¿realmente serí­amos "nosotros" si renunciáramos a ser abiertos y compasivos?

Traducción del inglés de Ana Marí­a Velasco

Ricardo Hausmann, ex Ministro de Planificación de Venezuela y ex Economista Jefe del Banco Inter-Americano de Desarrollo, es Director del Center for International Development at Harvard University y profesor de economí­a del Harvard Kennedy School.

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Ricardo Hausmann
Analista de Project Syndicate
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