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lunes, 17 de mayo del 2021

La Sala de la desestabilización

Sacudir a un magistrado del Tribunal Supremo Electoral es una acción cí­nica, abusiva, anti-histórica, anti-democrática, derivada de los propósitos neoliberales del capital, local y transnacional.

Las intenciones de implosionar dicho tribunal, no son nuevas. Recordemos cómo los 4 magistrados han venido desbrozando el camino para que las decisiones de todo un paí­s queden, autoritaria y totalmente, en manos del mercado, donde el capital impone sus reglas.

Ya habí­an destituido al presidente del TSE, a magistrados de la Corte de Cuentas, del Consejo de la Judicatura y de la misma Corte Suprema; se pasaron por el inverso arco del cielo el artí­culo 85 de la Constitución, resolvieron cambiar a última hora las reglas electorales en el 2015 imponiendo el voto del caos y después se pasó llevando a los diputados suplentes. Esto, para no seguir con un rosario de trámites jurí­dicos a favor del capital transnacional y de bloqueo y desestabilización nacional.

La Sala acumula graves errores y ofensas. Hasta su más ferviente público se avergüenza del manoseo irresponsable que realiza (hoy por órdenes, suspendió las investigaciones a los sacrosantos instaladores del neoliberalismo en el paí­s).

¿Hay que recordarle que el fin del conflicto polí­tico armado se hizo también tras el forcejeo de aceptación de algunas reformas a la constitución de 1983, una constitución elaborada con el sostén y aprobación de los gringos en plena guerra?

Muchos, en la izquierda y la derecha, confirman –no pocas e interesadas veces evitando que la luz llegue a descubrir el pecado estructural del sistema que acusaba Monseñor Romero- que la guerra fue producto de la exclusión, oscuras cacerí­as y matanzas polí­ticas que realizaba el régimen militar.

A propósito, hace unos dí­as falleció el último tirano militar. ¿Coincidencias, similitudes?  El tirano fallece y la Sala retoma su bandera: la bandera de la estafa de la voluntad popular y la de los avaros rufianes.

¿Están jugando con fuego los cuatro magistrados? Esos señores que antes les temblaban las piernas cuando era de ir a ver los cadáveres de campesinas y campesinos masacrados y cercenados en San Pedro Perulapán, en Cinquera, San Vicente o Chalatenango…

Estos magistrados de la Sala pecan de ignorancia histórica, asunto que no creemos. Van como santos inquisidores, vestidos de blanco, encapuchados y con antorchas, atropellando los conflictivos procesos y correlaciones de entendimiento de las fuerzas nacionales.

Abiertamente, los magistrados saltan serviles a las quejicas y melindrosas solicitudes del capital y sus peones jurí­dicos y mediáticos. Pero aún logran esconder –no para todos- su oscura agenda compartida con las transnacionales y el consenso imperial: desmontar, minimizar y neutralizar a las fuerzas sociales, culturales y polí­ticas que bregan realmente por un cambio estructural en el paí­s. A otros, los tienen como macetas decorativas y parlantes, “esterilizadas, inteligentes y técnicas” del capitalismo  “democrático” controlado.

Armando Salazar
Armando Salazar
Columnista Contrapunto

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