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jueves, 29 de julio del 2021

La nueva izquierda

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Superando los avatares de la Guerra Frí­a y ya en el contexto de post-post-guerra serí­a válido preguntarnos: ¿cuál es o debe ser el verdadero o legí­timo lugar de la izquierda polí­tica? Con la finalidad de vitalizar el concepto de ideologí­a y la posición partidaria. Obviamente no estamos en el fin de los tiempos ideológicos, sino en el marco de una crisis ética ““o crisis de honestidad polí­tica-; en efecto, el pueblo ha enviado un mensaje de castigo en las últimas elecciones, pero esto no agota la necesidad pragmática de definir algunos postulados para la izquierda contemporánea y para discutir sobre su resurgir ““o renovación-, o su final de oposición de segunda categorí­a.

 

I.- Ética y prácticas consecuentes, debe ser un eje transversal ideológico y pragmático de las dirigencias, lí­deres y funcionarios; ya no hay espacio para posibilitar un modelo dual y antagónico entre el discurso y la vida privada. Hay que recuperar el sentido de honestidad y predicar con el ejemplo. Una persona de izquierda ““sin pauperizar su vida y sin apologí­as de la pobreza- tiene que ser sobria y austera, sino que siga rumbo a la derecha. Se puede transitar ““y traicionar- muchos lo han hecho, pero no es válido que estén cerca del partido, menos adentro.

 

II.- Entre el Estado y el Mercado, la izquierda se debe ubicar parcialmente hacia el bienestar, y en él, más cerca de un Estado que controle y regule la voracidad de los mercados; la mano invisible siempre opta por satisfacer las necesidades mercantiles y fomentar el consumismo, y lo que necesita la sociedad es más humanidad (capitalismo responsable versus depredador). El crecimiento económico puede ser importante, pero no es ni debe ser un criterio unilateral de progreso, desarrollo o bienestar; hay otros criterios con indicadores menos visibles que se deben crear y comunicar que apuntan a humanizar las estructuras económicas, productivas, etcétera.

 

III.- Honrar la Revolución y los principios por los que mucha gente entregó su vida; y esto supone una crí­tica acérrima a varios vectores de deshumanización: a) Tolerar la supremací­a del poder y del dinero como criterios de relevancia personal y social; b) No valorar la opinión pública ni el periodismo independiente denunciante; c) Distanciamiento de lo cientí­fico y de la intelectualidad; d) Olvidar el legado de los combatientes y mártires (la revolución no fue obra de un Comandante); e) Acostumbrarnos a convivir con la pobreza y la miseria humana como algo sistémico; f) Observar con apatí­a la sociedad dual, por un lado los que tienen oportunidades y por otro, los condenados a repetir los ciclos de miseria; g) Menospreciar y / o descuidar el arte y la cultura.

 

IV.- Entre igualdad y libertad, se impulsa lo primero respetando lo segundo; buscamos que todos tengan oportunidades de ser”¦; oportunidades educativas, de salud y vivienda; y a la vez se fomenta la libertad en función de lo humano. Es un error anteponer la libertad a la igualdad o viceversa, estos conceptos deben caminar de la mano, retroalimentándose, sin asumir un protagonismo uno sobre el otro.

 

V.- Sobre los imperios, y las actitudes imperialistas como formas de dominio utilizando mecanismos económicos, polí­ticos y militares, se deben condenar y denunciar; pero será fundamental presentar en la denuncia o en la postura datos, información y conocimiento, sobre posiciones de olfato, supuestos o tradiciones. La izquierda contemporánea debe ser tan beligerante como inteligente y cientí­fica; existen otros imperios al acecho, más dañinos, cercanos y perversos.

 

VI.- Ir a las fuentes revolucionarias o marxistas, pero saber qué se debe tomar y qué tiene vigencia hoy en un contexto global e hipereconomicista y tecnologizado; esto supone saber de dónde venimos, pero también una prospección hacia dónde vamos. Es un tema de identidad y de racionalidad manifiesta, pero es necesario “revisar” diversas escuelas y actualizar su contenido y sentido, entre Maoí­smo, Fidelismo-, Stalinista, Troskista o Granmsciana, etcétera; la izquierda debe estar en su lugar ideológico, ni cerca del centro ni embriagada por las tendencias tecnológicas; debe estar a la izquierda, sino se desmorona su razón e institucionalidad; y esto demanda lectura y discusión técnica; dejamos de leer a Marx para dedicarnos a las redes sociales y a responder a las legiones de idiotas (U. Eco).

 

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