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viernes, 22 de octubre del 2021

La emancipación final de la especie

Sólo se alcanza mediante la libertad y la creatividad igualitarias

En 1789, al final del Epílogo de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía, Olympe de Gouges, inspirada en el espíritu antimonárquico de la Revolución Francesa, concluye diciendo que “Si intentar conceder a mi sexo una consistencia honorable y justa se considera en este momento como una paradoja por mi parte y como tentar lo imposible, yo dejo a los hombres venideros la gloria de tratar esta materia…”

En los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, buscando una superación de la ideología burguesa como la mera modernización de la enajenación del trabajo, Marx dijo que “La mujer, considerada una presa y objeto que sirve para satisfacer la concupiscencia colectiva, expresa la degradación infinita del hombre que no existe más que para sí […] La relación inmediata, natural, necesaria, de los seres humanos es la relación del hombre y la mujer. […] Es por lo que, basándose en esta relación, se puede juzgar el grado general de desarrollo del hombre. La característica de esta relación muestra en qué medida el hombre, en tanto que ser genérico [hombre-mujer], se ha convertido en hombre y se concibe como tal…”

Aparte de la concepción marxista del desarrollo humano como medible por medio de establecer el tipo de relación social entre hombres y mujeres, la lucha de éstas por la equidad en materia social, económica, política y cultural ha recorrido un largo trecho. Después de Susan B. Anthony, Emeline Pankhurst, Shirley Chisholm y otras, los feminismos eclosionaron en el horizonte cultural y político, al extremo de que sería interminable consignar una lista de mujeres que, como Alexandra Kollontai, Indira Gandhi, Simone de Beauvoir, Angela Davis, Susan Sontag, Hélène Cixous, Silvia Federici, Judith Butler y tantas otras, han contribuido desde disímiles perspectivas a concretizar el reto de Olympe de Gouges de realizar “la gloria de tratar esta materia”. Ellas (y no los hombres) asumieron la propia voz para definir su destino histórico frente al sistema patriarcal y sus instituciones: la familia, la propiedad privada y el Estado. Y en buena hora.

El giro posmoderno de los años 70 en el primer mundo y de los 90 en el tercero, vino a influir algunos feminismos con la llamada ideología de género, la cual es parte de las políticas culturalistas del capitalismo financiero (Rothschild-Rockefeller-Soros) que las promueve y sufraga para sustituir la histórica lucha de clases con las fragmentadas luchas por especificidades culturales (que tienen derecho a existir). Por su parte, el marxismo posmoderno sigue vinculando la lucha de las mujeres a la lucha de clases; y lo que ambas posturas forjan integra ―en parte― el vasto debate teórico y los varios activismos en pro de la emancipación femenina del sistema patriarcal.

Pienso que la lucha de las mujeres sí debe articularse con las luchas contra el racismo, el neocolonialismo y el capitalismo, pero no en clave multiculturalista (sino de clase), porque la lucha de ellas no es culturalista, sino por la concreta realización plena de la especie humana por medio de la libertad y la creatividad igualitarias. Es la lucha de la especie por su emancipación final de la enajenación del trabajo. Pues, como dice Marx, “basándose en esta relación [hombre-mujer], se puede juzgar el grado general de desarrollo del hombre” como ser genérico, es decir, como especie humana formada por hombres y mujeres. Incluidas sus muchas variantes sexuales y de género, que tienen pleno derecho a existir.

www.mariorobertomorales.info

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