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sábado, 23 de octubre del 2021

Grandezas y miserias de nuestra literatura

Con este titular, en diferentes épocas y medios de comunicación social (MCS), he escrito sobre la realidad de nuestra Literatura, en memoria de tantos escritores ya fallecidos y con reconocimiento a quienes todavía seguimos en la tarea creativa, a pesar de lo ingrato del medio.

La tradición literaria de El Salvador ha sido fecunda. Su historia, a partir del S.XX, registra significativa cifra de poetas, escritores, periodistas, ensayistas, dramaturgos…, quienes con su obra han hecho trascender nuestra cultura, ya reconocida casi mundialmente.

Prudente es omitir nombres para evitar injustas omisiones. Pero sí, es válido mencionar movimientos o grupos literarios, lamentando las omisiones: Grupo Seis, Grupo Octubre, Círculo Universitario OEV, La Generación Comprometida, Los Cinco, Piedra y Siglo, La Masacuata, La Cebolla Púrpura, la Asociación de Escritores Salvadoreños (AES), La Casa de Zacate, Comunidad de Escritores Salvadoreños (CES), Los Cinco Negritos, Vuelta de Hoja, Taller Francisco Díaz, La Quincena….

Desde mi niñez/adolescencia he sido asiduo lector. Me atraía la buena Literatura nacional, de las distintas épocas y géneros. La cuestión era leer, leer con fruición y de manera sostenida. Libros y autores nacionales de calidad eran también favoritos, no sólo para adquirir conocimientos sino también para deleite del espíritu. Una bella manera de existir.

También era importante el Periodismo Literario que contribuía al desarrollo socio cultural del país. Desde muchos años antes, en mi natal Villa El Rosario, Morazán, leía con fruición las paginas literarias de las principales periódicos: Filosofía, Arte y Letras de El Diario de Hoy; Revista Dominical de La Prensa Gráfica y Sábados de Diario Latino, coordinadas por prestigiosos escritores, como Luis Mejía Vides, José Enrique Silva, Juan Felipe Toruño, Quino Caso, Serafín Quiteño, Ricardo Trigueros de León…

Pero, aquellas páginas fueron suprimidas, sin duda porque la Literatura no les es rentable. Hoy, los espacios son acaso remedo de aquellas páginas, por no dejar de poner algo que parezca cultural. Delito de lesa cultura.

En cuanto a la edición de libros, salvo casos seleccionados por la  Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI), al resto les -nos- toca la auto publicación. Mucha entrega y poca retribución, salvo la satisfacción de contribuir con el proceso bibliográfico del país.

En una entrevista con Marisol Briones, exquisita poeta y especial amiga, en su programa “Cultura con vos” en YSUCA,  comentábamos  las vicisitudes del escritor salvadoreño, en su afán quijotesco de publicar un libro.

Hay esfuerzo, sacrificios, desvelos… pero también, a cambio, mucha satisfacción. Es ya como una tradición. Con ligeras excepciones, los libros salvadoreños publicados por las más recientes generaciones, y que aparecen en los rincones menos visibles de algunas librerías, son creatividad, esfuerzo editorial y promoción de sus propios autores.

Sobre esta realidad conversamos con Marisol Briones en su programa. Y la entrevista giró en torno al texto de la reciente  nota periodística mía: “El dilema/odisea del escritor nacional”: que, en una parte, decía:

“El dicho popular “repicar, oficiar la misa y pasar la balanza”, para significar que alguien realiza todas las actividades (proceso) de un proyecto, parece ser una constante que define la labor del escritor salvadoreño, quien -salvo mínimas excepciones- para dar a conocer su obra, la crea, se auto publica y se va por el mundo, casa por casa, de amigo en amigo, para poder promoverla y resarcir un poco la inversión que hizo en la imprenta.

Y si -por esos milagros, en este caso inexistentes- el escritor lograra recuperar el total de lo desembolsado ¿quién le reconocerá la creatividad, el talento, la redacción a veces de años y, lo más grave, el esfuerzo personal para la divulgación y promoción de su libro?

Publicar un buen libro es un trabajo de especial importancia para el país; por tanto, siendo ese aporte muy significativo, recibir respaldo oficial no es simple necesidad sino innegable derecho.

Durante los últimos gobiernos -y casi siempre- una verdad culturalmente triste ha sido ver marginada la Cultura, como una cenicienta. Casos de reconocidos escritores olvidados, son prueba fehaciente de la indiferencia y falta del debido reconocimiento oficial  a grandes pensadores nuestros…”

Todo lo anterior, tan sólo una parte de las grandezas y miserias de la Literatura y de los escritores salvadoreños, en su patriótico afán de promover la cultura, alimento espiritual de los pueblos.

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