Por Francisco de Asis Lopez Sanz
En las últimas dos décadas, los fondos de inversión han ganado protagonismo en la cooperación al desarrollo. Con recursos públicos limitados y necesidades crecientes en países en vías de desarrollo, instituciones multilaterales, gobiernos y actores privados han explorado formas innovadoras de movilizar capital. Los fondos de inversión para el desarrollo (notablemente, el llamado blended finance) han surgido como una opción para combinar rendimiento financiero e impacto social. Pero, a pesar de su atractivo, también sobrevuelan dudas críticas.
Uno de los grandes atractivos de estos fondos es su capacidad de movilizar recursos privados hacia sectores clave como infraestructura, energía renovable o inclusión financiera. El Banco Mundial, por ejemplo, subraya que “los recursos públicos por sí solos no bastarán para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible; la inversión privada es esencial”.
Otro punto fuerte es que estos fondos aplican criterios de eficiencia financiera: evaluaciones rigurosas, enfoque a la sostenibilidad y corresponsabilidad entre actores privados, públicos y beneficiarios. Además, ayudan a atraer capital internacional hacia regiones con poca inversión extranjera directa, apoyándose en cofinanciación, garantías o esquemas de riesgos compartidos. Como decía un informe del PNUD, “la combinación de inversión pública y privada multiplica las posibilidades de financiar proyectos que transformen economías locales”.
Finalmente, el auge de la inversión responsable, con criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), ha permitido que el sector privado ya no solo se pregunte por el retorno financiero, sino también por “la huella social que deja”.
No obstante, subsisten motivos para la prudencia. Uno de los riesgos principales es que la búsqueda de rentabilidad pueda eclipsar los objetivos sociales. Oxfam lo resume claramente: “cuando los intereses financieros dominan, los proyectos menos lucrativos pero esenciales para comunidades pobres suelen quedar excluidos”.
Hay también preocupaciones por la transparencia. Un informe de Eurodad en 2024, advertía que “la opacidad de muchos vehículos financieros dificulta saber si realmente contribuyen al desarrollo o simplemente maximizan los beneficios privados”.
Además, sigue existiendo la volatilidad de los flujos de capital: una crisis global puede provocar retiros abruptos de inversión y dejar proyectos fundamentales en limbo. También está la tensión entre plazos de retorno financiero —relativamente cortos— y procesos de desarrollo social, que requieren décadas.
Aquí hay una crítica reveladora: un documento reciente del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, elaborado por Mariana Mazzucato, afirma con contundencia que “el blended finance … marca claramente como fracasado lo que prometía ser una solución”. El texto destaca que, en 15 años, el volumen anual se ha estancado en apenas unos 15 000 millones de dólares, muy lejos de los 5 a 7 billones anuales que se necesitan para alcanzar los ODS. Además, solo el 16 % corresponde a finanzas climáticas, y los países de bajos ingresos movilizan apenas 0,37 USD de capital privado por cada dólar público invertido, frente al 1,06 USD en países de renta media baja .
Este dato revela el corazón del problema: blended finance continúa siendo un mecanismo limitado, que no moviliza el capital privado necesario y perpetúa desigualdades entre regiones.
Los fondos de inversión orientados al desarrollo son una herramienta innovadora con potencial real: movilizan recursos, estimulan eficiencia y pueden atraer capital hacia regiones marginadas. Sin embargo, como bien advierte la ONU, el modelo blended finance —tal y como está hoy— es insuficiente para cerrar la brecha de financiamiento del desarrollo sostenible.
Por ello, deben entenderse como instrumentos complementarios, no sustitutos de la ayuda pública. Se necesitan estructuras robustas de transparencia, rendición de cuentas y marcos que garanticen que los fondos respondan a prioridades nacionales y a comunidades vulnerables, no solo a criterios de rentabilidad


