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viernes, 23 de julio del 2021

¿Evolución o creación?

¿Evolución o creación?

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Los evolucionistas no creen en la existencia de un Dios creador, pero para ellos es fácil creer que el universo fue creado a partir de una gigantesca explosión equivalente a la explosión de billones de bombas atómicas que los cientí­ficos llaman el “Big Bang”, y que dio origen a las galaxias, estrellas y planetas, y que por supuesto, todo ocurrió de una forma no planificada, sino descontrolada sin una supervisión inteligente.

En tal teorí­a, la primer célula viviente fue creada a partir de un casual movimiento de átomos sin una reacción fí­sica y quí­mica inteligentemente guiada, así­ como el espectacular sistema solar donde vivimos fue creado por una casualidad de tal manera que todo el maravilloso equilibrio entre todas esas tremendas masas llamados planetas suspendidos y girando en perfecta armoní­a alrededor del sol fue un simple golpe de suerte. Lo cual hace a esta teorí­a anticientí­fica por sí­ misma.

Aun más, una teorí­a para que sea teorí­a debe ser probada, y la tan llevada y traí­da "teorí­a de la evolución" nunca ha sido probada, por lo que simplemente es una hipótesis. El mismo Darwin admitió que lo que él veí­a era el resultado de millones y millones de años atrás, y que habí­a que encontrar las evidencias en fósiles que probaran la transición de una especie a otra para probar su hipótesis, cosa que él esperaba que lo harí­an cientí­ficos que vendrí­an después de su muerte, los que, más de 150 años después, no han  podido encontrar dichas evidencias a pesar de años de investigación por cientí­ficos modernos. Así­ que, los que la llaman "teorí­a", la llaman así­ en un acto puro de dogmática fe ciega, y no por una verdad cientí­fica.

Cientí­ficos como Newton y Einstein, concluyeron, que existen leyes invisibles con precisión matemática que gobiernan la materia y la energí­a de la "naturaleza", que irrefutablemente no pueden ser de otro origen más que el de una mente divina. Cientí­ficos modernos como el profesor de Bioquí­mica en la universidad de Harvard y premio Nobel de Medicina, George Wald, quien hizo estudios del ADN concluyó con estas palabras, "Que ese misterioso código solo pudo ser creado por una mente infinitamente inteligente, y que antes de todos estos descubrimientos, muchos tení­amos la tendencia a creer lo imposible, que la vida apareció de forma espontanea".                

Es de sentido común el preguntarse como con semejante calor de tal explosión pudo sobrevivir una minúscula primer partí­cula viviente que con el tiempo originó la vida en una infinidad de expresiones, la cual los evolucionistas no tienen idea de donde tal primer partí­cula surgió. Igualmente con tal calor, es improbable que pudiera existir agua pero aseguran los evolucionistas que la vida empezó precisamente en el mar, y que los peces se convirtieron en reptiles y los reptiles en aves porque deducen que sus esqueletos muestran inequí­vocos signos de una evolución.

Nada de esas especulaciones son valederas ya que en el mar continúan viviendo los peces, además, el esqueleto en los insectos recubre el cuerpo y no reside dentro como en los otros animales, y las plantas no tienen ni siquiera esqueleto, así­ que, los insectos, las plantas, y el hombre, que es el único que tiene espí­ritu, y que es precisamente lo que lo distingue de los otros seres vivientes, no encajan en ninguna forzada forma de querer justificar lo que con la mayor ignorancia algunos llaman “cadena evolutiva”.    

Los evolucionistas no pueden esbozar una idea inteligente sobre de donde surgió ni la explosión del “Big Bang”, ni mucho menos los billones de billones de toneladas de material que explotó, de donde según ellos, surgieron las galaxias, estrellas y planetas. Desde luego que el Dios creador además de su simple palabra pudo valerse de mecanismos que desconocemos para llevar adelante su creación, pero en algunos paí­ses se ha enseñado el evolucionismo para desvirtuar la existencia de Dios, y así­ más fácilmente convencer a la gente de que la revolución, el estado y su gobernante, es Dios. En otros, porque sin el respeto a un Dios, la corrupción en todas sus manifestaciones corre con naturalidad, libre y sin freno, cosas que podemos ver y constatar por nosotros mismos, y con nuestros propios ojos. 

No hay excusa para no ver la mano del Dios creador, la cual se manifiesta claramente a simple vista en el planeta tierra empezando por la gravedad, la atmósfera y su perfecta combinación de oxí­geno y otros gases, todo obedece a un orden inteligente para permitir la vida tal como la conocemos. Los sofisticados órganos y sistemas de plantas y animales, y además de eso el espí­ritu en los humanos, todo, es obra de una ingenierí­a e inteligencia tal, que no puede ser atribuida a la casualidad o a golpes de suerte, sino a un Dios infinitamente poderoso, lo que no es entendible por la mente de los evolucionistas.

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