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viernes, 3 julio 2026
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El susurro fantasma.

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Por Carlos F. Imendia

Hablar de Maximiliano Hernández Martínez , el clásico dictador que está grabado en el pensamiento de los salvadoreños como héroe o villano , el teósofo de impecable uniforme verde olivo que admiraba la estructura y el manual del nacional-socialismo alemán y que cuya literatura traducida fue impartida a toda su nata militar. El término Martinato surge de una dictadura militar prolongada de casi 14 años, que marcó profundamente la historia moderna de El Salvador, principalmente por el capítulo más oscuro, la Matanza de 1932, la insurrección campesina.

El Martinato, había cimentado en la sociedad salvadoreña una especie de satisfacción, entre ella la estabilidad macroeconómica , y el orden fiscal, propiciada por grandes estrategas y profesionales que rodeaban al presidente de la República, ante una vigilada supervisión  militar, en las periferias de este esquema  se desbordaba la crisis (como suele suceder) y el costo de maquillar una nación.

La Gran Depresión en EE UU ,  la gran protagonista de las desgracias de “las provincias centroamericanas” incluyendo al pulgarcito, pero  sin embargo existía una extraño clima de estabilidad, reducción de gastos, orden militar de las finanzas, etc. Mientras América se hundía ,El Salvador estaba a flote económicamente.

Dentro de la doctrina militar, determinó el comportamiento del mismo gobierno,  con valores como el de la austeridad, compromisos de deuda y mantener la estabilidad monetaria, eso tenía contento al poder económico.

“En la Época de Martínez no había delincuencia ” decía la gente mayor, las abuelas y eso se sustenta en la reducción de la criminalidad, un control territorial agresivo, de patrullajes y represión,  algo que llegó a conceptualizar una especie de eslogan : “Orden y Estabilidad”.

Este gobierno tuvo detractores, que lo llevaron a perseguir y a casi eliminar a la oposición, cuando resaltaba el tema de estabilidad, era porque existía un control autoritario. Surge también una teoría de que la exposición de la nación salvadoreña  ante el mundo por medio del Martinato, no se hubiera obtenido la estabilidad con la que contaba el país sin control y mano fuerte.

Detonantes como la matanza campesina del 32, el cierre del espacio político, la eliminación de la oposición, la censura,  fomentó un problema estructural, un descontento que no se manifestaba pero se acumulaba. Ahí surge el susurro fantasma, malestar de la clase media, de los estudiantes, profesionales y empleados públicos, la admiración de Martínez por régimen autoritario, lo que fue aislándolo, y debilitándolo.  No era de esperarse un estallido de protestas estudiantiles, convulsiones dentro de la cúpula militar  y finalmente una huelga de brazos caídos que pone en jaque al Martinato.

Con la muerte del joven José Wright  (ciudadano americano) por parte de la fuerzas del Martinato genera una crisis diplomática con Estados Unidos, a tal punto de que los norteamericanos  pensaron intervenir militarmente en El Salvador, el hecho  (Un catalizador emocional) generó una indignación nacional e internacional, El 9 de mayo de 1944 Martínez deja el poder  en contra de su voluntad y bajo presión.

Carlos F. Imendia
Carlos F. Imendia
Comunicador, publicista y mercadólogo salvadoreño; columnista y colaborador de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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