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sábado, 24 de julio del 2021

El paí­s que tenemos

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Un dí­a de semana. Pupuserí­a en la “clase mediera” colonia San Luis en San Salvador: sujeto con apariencia de reguetonero o hip hopero chic, ya ni se (gorra abultada en el frente, pantalones deportivos ajustados en los tobillos, suéter, cadenas al cuello y otros ataví­os) con dos policí­as élite a los costados. Éstos le ven muy de cerca fijamente al rostro, intimidándole. El reguetonero no se inmuta. El joven tiene además una súper moto. Los policí­as élite se aproximan aún más a su cara. No le dicen nada. Sólo se aproximan.

Yo, tení­a unos segundos de haber llegado al lugar y hací­a mi orden. No me percaté de nada hasta que las señoras de la plancha desoyeron el detalle de mi orden. ¿Cuánto es?, les repetí­. No me hicieron caso por estar atentas a la intimidatoria conducta policial hacia el joven reguetonero. Una de ellas reaccionó: ¡disculpe!, me dijo. No hay problema, respondí­. Las veo un poco distraí­das. Si, dijeron. ¿Pero se sienten más seguras, supongo?, pregunté. ¡Si, cómo no!, me respondió rápidamente un joven que cobraba las pupusas, que no se si aporta al relato pero portaba aretes.

Al fin, una señora que aparentemente era familiar del joven con apariencia de reguetonero, les decí­a a los policí­as como reclamándoles pero sin levantar la voz: ¡ustedes por la vestimenta se dejan llevar! Uno de los policí­as se cansó de sólo intimidar e inició el procedimiento: ¡dame el DUI!, exclamó con tono golpeado. ¡¿Dónde viví­s?! Siguió. Mientras, el policí­a que parecí­a a cargo le explicaba a la señora en tono mesurado que andaban tras un sospechoso. Le dijo además: "mire, si no actuamos contra los delincuentes entonces nosotros somos culpables. Y si actuamos también. Entonces…"

Unos minutos después, se retiraron con actitud de superhéroes parando el tráfico y exhibiendo su moderno armamento y equipo, tal cuales GI JOE o cosas así­. Inmediatamente pensé en su formación, ¿estarán los policí­as realizando el sueño de sus vidas inspiradas en pelí­culas como Rambo o cualquier otra serie o peli de Hollywood que ensalza al ejército gringo? Por otra parte, ¿la súper moto y apariencia del joven reguetonero o hip hopero, será el estereotipo soñado e inspirado por canales de tv cable como HTV?

En este punto quedaba elucubrando pensamientos inconclusos y esperando mis pupusas. Por un momento temí­ por alguna represalia de las personas de la pupuserí­a por mis preguntas impertinentes, a quienes en primer momento supuse que la policí­a les estaba salvando de pagar la extorsión que trágicamente es cobrada por jóvenes a fuerza de miedo para someter la voluntad de quienes poseen o trabajan en los microcomercios como tiendas y pupuserí­as.

Era la primera vez en esa pupuserí­a. Hay quienes señalan que la apariencia pesa en el ligero escrutinio policial para proceder contra un sospechoso. Mientras estuve en ese episodio ningún policí­a me preguntó nada. Muy probablemente porque no tengo 25 años y no me visto como reguetonero o hiphopero chic.

Los estereotipos pesan en todos/as nosotros/as y pesan aún más en casos como los que relató dí­as atrás el escritor Allan Barrera, recientemente retenido por jóvenes soldados en plena calle a la entrada de un café en la misma colonia San Luis, sometido a un micro juicio sumario por el delito de portar el cabello largo, tatuajes y viajar en moto. Afortunadamente Barrera salió bien librado, pero en el peor de los casos, los estereotipos pesan en los jóvenes que pasan a querer formar parte de grupos delictivos o de las fuerzas de seguridad del Estado, en ambas perspectivas buscando casi las mismas cosas: ser “alguien” matando o intimidando.

Este es el paí­s que tenemos.

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Herbert Vargas
Colaborador
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