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jueves, 13 de mayo del 2021

El Kobi no existe

Trump y Bolsonaro, ambos presidentes que negaban la existencia del virus, lo contrajeron. Un compañero de trabajo, quien está lleno de teorías conspirativas como esa que Bukele nos encerró para robarse el dinero, tuvo que convertirse en creyente cuando uno de sus empleados falleció por Covid. Decir que no existe es una falacia; no protegerse, una estupidez.

Londres está nuevamente en cuarentena estricta. Brasil lleva ya 7 millones de infectados. En EEUU, más de 100,000 personas han sido hospitalizadas diariamente -por día- en los últimos 5 días. Corea ha reportado la mayor cantidad de muertes en un solo día, a pesar de tener un sistema avanzado de localización de contagios. El mundo entero está en vela mientras la gente en nuestro país trata la pandemia como si nada, aun cuando los datos oficiales muestran que los contagios han ido en ascenso en las últimas semanas, es decir, estamos ante un rebrote y hay que redoblar las medidas.

Veo gente caminando por las calles sin mascarillas, vendedores ambulantes que solo se la ponen para atender al cliente, buses hacinados y sin protocolos de distanciamiento, gente creyendo que, como ya no se habla del asunto, eso quiere decir que ya pasó y de todos modos ya vienen las vacunas. Hay que ser proactivos para evitar contraer el virus, pues es preferible sentir que te asfixia la mascarilla a que te asfixie la enfermedad, aislado y sin tus seres queridos de tu lado.

Las festividades de Navidad y Año Nuevo están a las puertas. Los visitantes del extranjero no paran de llegar y las reuniones de trabajo, de amigos y familiares se incrementan y, con ello, el riesgo de contraer el virus. Hay que ser extra cuidadosos con las medidas de bioseguridad para que enero no nos encuentre como a Estados Unidos que, semanas después de sus reuniones familiares de Thanksgiving, se ha dado un incremento de casos.

Y aunque el dicho rece “el que por su gusto muere, que lo entierren parado”, las personas que se exponen a sí mismas también exponen a sus familias y de paso a los demás que encuentran en su camino. Esta gente que no se cuida es como el borracho que maneja ebrio: es un atentado para su vida pero principalmente para la vida de los demás que no tienen nada que ver con el asunto del borracho. Que sobreviva el más apto, diría Darwin. 

No se trata de ser fatalista, pero hay que ver la realidad que vivimos y la que se aproxima. Mientras escribo esto me reportan que ya no hay camas en los hospitales e insisto que los próximos días serán claves para no tener semanas difíciles en enero ni cuarentenas obligatorias en febrero.

El Salvador es un país vulnerable en distintos frentes y, si el dengue nos doblega, el Covid-19 no ha sido ni será la excepción. La única manera de detener el virus es siguiendo las reglas: hay que lavarse las manos, usar mascarillas, evitar aglomeraciones y mantener la distancia física, “Hands. Face. Space” -dicen los británicos. Nuevas cepas del virus se siguen descubriendo y, aunque las vacunas ofrecen esperanza, la pandemia sigue. No bajemos la guardia.

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Nelson López Rojas
Columnista Contrapunto

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