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miércoles, 23 septiembre 2026

El Himno sin Patria

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Por: Julio Enrique Ávila

Si la música tiene un poder trascendental sobre los sentimientos humanos, ¿por qué no aprovechar la fuerza de su ritmo creador, en todas las formas posibles, para educar las conciencias hacia la paz? Pero hacia una paz verdadera, desinteresada, sin vencidos ni vencedores, que sería la única perdurable, pues otra no sería “paz” sino simplemente tregua, un descanso convencional y engañoso.

¿Cuándo aparecerá el gran espíritu, el alma-cima, capaz de recoger todo ese anhelo de paz, de buena voluntad entre los hombres; y la angustia y el odio a la guerra que flota hasta en las aguas y los vientos, para crear el gran himno, henchido de amor fervoroso, que haga estremecer las almas en una sola ansia fraternal?

¡Un Himno de la Paz!  ¡Un himno poseído por el poder divino que solo otorga el amor!  Una melodía íntima y grandiosa, que borre los colores y los recelos, las fronteras y los idiomas, y que impulse a los hombres en los brazos de los hombres!

¡El Himno del Mundo!… Pero para que este mensaje maravilloso pueda realizarse, ¿cuántos años, cuántos siglos habrán de correr todavía sobre la tierra? ¿Cuántos crepúsculos torturados y cuántas noches de vigilia vivirán las almas de las madres y de las viudas? ¿Cuántas hogueras voraces serán aún apagadas con la sangre de los padres y de los hijos?

El mundo rueda, ahora más que nunca, bajo el signo de Marte. Las patrias, las patrias guerreras, que no han querido la paz, cerraran sus puertas al himno que trae su mensaje. Y el himno de la paz vagará errante, incomprendido, por el planeta en llamas, diciendo su palabra de amor… Será un himno vagabundo, desterrado… ¡El Himno sin Patria!… ¿Hasta cuándo?

San Salvador, febrero de 1938

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Julio Enrique Ávila
Julio Enrique Ávila
Escritor salvadoreño, Autor de El Salvador, Pulgarcito de América.

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