jueves, 12 de mayo del 2022
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El adulto contemporáneo

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"Somos el target de la publicidad, la generación X, la presa codiciada de la boa constrictora, los que podemos adquirir colecciones enteras de nostalgia": Gabriel Otero, sobre el adulto contemporáneo.

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Por Gabriel Otero


Hablemos del pragmatismo postmoderno, lo único que tenemos en común usted y yo en esta época que nos tocó vivir como adultos contemporáneos, el nexo entre la temporalidad y la praxis vital que a la larga serán nuestras únicas defensas, antes que este mundo nos engulla y regurgite nuestros cráneos.

En el ánimo ecléctico de estos tiempos, ¿a quién se la habrá ocurrido mezclar los adjetivos adulto y contemporáneo? seguramente a algún enajenado advertising expert, redescubridor de la semántica, al que hicimos millonario a causa de nuestras nostalgias.

Alelados pensamos alejar nuestra vejez mediante la invocación: las imágenes remedio de la locura, surgen vertiginosas empalmadas a las sensaciones, afirmamos siempre que el pasado fue mejor que el presente, escuchamos sonidos estremecer recuerdos, los estímulos nos aturden en todos los flancos, reaccionamos salivando como perritos pavlovianos y no nos percatamos que Maquiavelo ha reencarnado en los mercadólogos con matices aún más perversos: dinero mas poder a más no poder es la consigna, la manipulación de mentes y conductas es lo consuetudinario, el homo sapiens tecnológico está más endeble que nunca.

Somos el target de la publicidad, la generación X, la presa codiciada de la boa constrictora, los que podemos adquirir colecciones enteras de nostalgia hibernada en pepsi retro, discos, libros, películas, series de televisión, coches, lociones y ropa, todo en corte clásico bajo la ilusión global de bienestar.

Somos los apocalípticos integrados, juego de contrarios como proclamaba hace unos años Umberto Eco, somos un segmento bastante amplio, coexistimos los que crecimos en los años ochenta, pero no se asuste amigo contemporáneo, ¿lo puedo llamar así?, le aclaro que esta familiaridad patibularia nos convierte en cómplices.

Pronto cambiaremos de estatus, ¿acaso no expira la vida en un suspiro?, tenga la certeza que en un plazo máximo de veinte años nosotros seremos parte de la nostalgia ya no como adultos contemporáneos sino como adultos en plenitud, clientes seguros y esperados de funerarias y crematorios, ya no seremos un nicho de mercado sino que buscaremos nuestros nichos en criptas, cementerios y mercados, sólo entonces conoceremos la sabiduría de los gusanos mientras nuestro polvo se esparce hacia el centro de la tierra.

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Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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