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jueves, 4 junio 2026
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Dos personajes distópicos y una liviandad

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Gabriel Otero

El Neo Imperialismo del Siglo XXI nació en la madrugada del 3 de enero de 2026 en Caracas, los caprichos de la historia juntaron a un dictador distópico, Nicolás Maduro, causante de la diáspora de ocho millones de venezolanos, que fue depuesto por otro personaje aún más distópico, Donald Trump, presidente del país más poderoso del planeta, que en su segundo mandato regresó más impredecible, errático y segregacionista que nunca.

¿Liberar a los venezolanos estará relacionado a que la tierra de Bolívar posea las reservas de petróleo más extensas y duraderas del mundo? No hay cabida para la ingenuidad y malos pensamientos, el mundo libre está lleno de sentimientos nobles y es magnánimo con las causas justas, aunque lo abanderen intereses de sórdidas corporaciones.

También hay oportunidad para la liviandad, dicen que los bailes de Maduro  en ceremonias oficiales  durante el asedio estadounidense fueron la llama que encendió la mecha, un Trump megalómano autorizó la invasión y el operativo relámpago para la extracción y encarcelamiento del tirano, debido a su intolerancia por sus imitaciones dancísticas.

Por otra parte, en tres semanas de lo que va del año los regionalismos económicos se están abriendo paso frente a la globalización, y Estados Unidos ha regresado con más bríos para convertirse en el gendarme del continente americano y en sacar de su sarcófago a la vieja Doctrina Monroe y desempolvar el Gran Garrote del inefable Teddy Roosevelt, además, de abandonar todas las organizaciones internacionales en las que tradicionalmente ha sido líder.

Trump oscila entre dinamitar la relación con sus aliados y los deseos de invadir otros territorios como Groenlandia, llenos de “tierras raras” con esos 17 elementos químicos cuyos nombres son parecidos a los del santoral mineral como: escandio, itrio, lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio.

Todos utilizados en alta tecnología y en la fabricación de imanes y quién sabe qué otros artefactos desconocidos para los mortales silvestres, y hoy se vive la incertidumbre previa a una conflagración mundial. Hace poco más de un año escribí: “algo apocalíptico está pasando con la humanidad que erige un pedestal y ensalza a los anti lideres al considerarlos seres iluminados” (1).

Y se da un paso gigante para saltar al abismo, porque solo las mentes torcidas verán natural el considerar criminales a niños de cinco años y encarcelarlos (2), tal cual sucedió en Minneapolis durante una redada. La brutalidad del Servicio y Control de Migración y Aduanas (ICE) es asunto diario y la resistencia civil empieza a manifestarse después de dos muertes documentadas en video: la de la poeta Renee Nicole Good y la del enfermero Alex Pretti.     

Menuda tarea les queda a los votantes norteamericanos pensantes, que creían que su centenaria democracia y sus contrapesos funcionarían como dique para contener la mar de atrocidades cometidas por el hombre que eligieron presidente.

Antes de que se incendie el mundo, tienen el deber histórico de rectificar.

Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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