lunes, 24 de enero del 2022

Dialogar con las maras

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Por Álvaro Rivera Larios

Gobiernos de Arena negociaron con las maras, Gana negoció con las maras, el Fmln negoció con las maras y lo mismo está haciendo el actual gobierno de Nayib Bukele. Gobiernos de distinta ideología armaron más al ejército y a los demás cuerpos de seguridad y los lanzaron en contra de las maras, mientras que en algún momento se sentaban a negociar asuntos puntuales con ellas ¿Por qué razones, más allá de quien esté al frente del Estado, se ha fijado esa pauta gubernamental que combina la represión y el diálogo secreto con los delincuentes?

A muchos les basta con repudiar estos contactos y denunciar las sucesivas mentiras de los distintos gobernantes acerca de su lucha en contra de una de las delincuencias más peligrosas del planeta. Pero las condenas no son explicaciones, no nos dicen el por qué la mayoría de nuestros dirigentes han reconocido en la práctica a las maras como sujetos de negociación.

Me aventuro a decir que el futuro gobierno que sustituya a Bukele lo más probable es que repita la pauta de la represión contra estos grupos y las negociaciones secretas con ellos. Reconozcámoslo, tras sucesivas oleadas represivas, tras una larga serie de manos cada vez más duras, tras atestar nuestras cárceles de mareros y de matar a muchos, el dinosaurio sigue ahí.

Tenemos gestores realistas del poder, gestores pragmáticos en el peor sentido de la palabra, que ocultan a la ciudadanía sus cambalaches con el dinosaurio y que persiguen cínicamente a políticos de gobiernos anteriores que hicieron lo mismo que ellos hacen hoy. Tenemos una opinión pública, muy dada a la moralina y el legalismo, que tiene serios problemas para entender las heces de la realidad.

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Debemos repensar esta trágica situación y las maneras de superarla, mientras nos rodean los discursos de pragmáticos amorales y de moralistas que no conciben que para resolver ciertos problemas es inevitable mancharse las manos en lo real. Y después de tanta bala, tanta cárcel, tanta mentira y tanta moralina retórica, lo real es que el dinosaurio sigue ahí.

Todas las oposiciones que hemos tenido hasta ahora han sido oportunistas al utilizar el tema de las maras y sus crímenes para desgastar al gobierno de turno. La oposición actual a Bukele no es una excepción. Si Bukele no representa las nuevas ideas, el estilo de sus opositores es más de lo mismo. Todas las oposiciones han cometido el error de instrumentalizar este asunto en vez de convertirlo en un problema de Estado e interés nacional que debería abordarse al margen de partidismos políticos cegatos y miserables. Lo primero en torno a este asunto debería ser el diálogo, lo segundo debería ser el diálogo y lo tercero también, diálogo entre los partidos políticos y diálogo en el seno de la sociedad civil para llegar a situar el diálogo con las maras en una plataforma consensuada que conduzca a su desmovilización.

Lo malo no es dialogar con las maras, lo malo es hacer cambalaches cortoplacistas con ellas desde los partidos y las instituciones. Si este diálogo está bien plantado y planteado en un programa de medidas que conduzca a la desmovilización de las maras ¿Por qué no se habría de intentar?

El juego de las obstaculizaciones partidistas mutuas, la falta de una auténtica visión de Estado por parte de todas las dirigencias, todos los gobiernos y todas las oposiciones, le ha dado oxígeno a las maras. Hay que cerrarles ese oxigeno de una vez por todas y abordar este asunto como un desafío estratégico nacional que obliga al diálogo generalizado para salir de este trágico atolladero.

Y de este diálogo, lo repito, habría que salir con una política transparente de diálogo con las maras que esté inscrita en un programa de medidas policiales, sociales y económicas que conduzcan a su gradual desmovilización. De lo contrario, el dinosaurio va a seguir ahí.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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Álvaro Rivera Larios
Escritor, crítico literario y académico salvadoreño residente en Madrid. Columnista y analista de ContraPunto
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