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jueves, 13 de mayo del 2021

Crisis polí­tica va más allá de Bukele y nuestras fronteras

Ante el potencial surgimiento de un movimiento polí­tico de nuevo cuño, el statu quo polí­tico responde con ambivalencia, subestimación y negligencia. Conformes con la demonización y descarte de Nayib Bukele, el FMLN y los intelectuales otrora crí­ticos de la entidad polí­tica responden con tipificaciones individuales y desprecio del fenómeno real que representa el rechazo casi generalizado de la clase polí­tica en El Salvador. ARENA y demás partidos se callan agazapados sin la menor sospecha de que el calor de ese incipiente movimiento se vaya a tornar en un huracán polí­tico que barra con ellos a su paso. Los aludidos entre los empleados activistas de la clase polí­tica responden pavoridos cuando escuchan sus mismas explicaciones en voz alta del fenómeno y el alcance que la respuesta popular puede tener. Las primeras reacciones de la asamblea legislativa que intenta proscribir el accionar del movimiento joven me recuerdan a la Ley de Orden Público con la que respondió el gobierno del depuesto General Romero en 1977, en su intento por detener la organización y movilización popular de las organizaciones populares, (Bloque Popular Revolucionario, Fuerzas de Acción Unificada, Ligas Populares 28 de Febrero y otras) que rechazaban el sistema electoral fraudulento con el que se mantuvieron en el poder por casi medio siglo los militares.

Entre las voces más conspicuas de la actual coyuntura están las de ex militantes del partido oficial, uno que otro funcionario público y hasta excomandantes, como Roberto Cañas, quien fuera también candidato a alcalde de la capital. Salvador Samayoa no solo niega el estado crí­tico de la democracia electoral, sino que tilda de “alaracos” a los que avizoran su deterioro, tildando a Nayib Bukele de narcisista agrandado.  Mientras el ex comandante Cañas califica de soñador al edil y al igual que otros intelectuales del frente aseguran que el alcalde de San Salvador no tiene tropa para organizar el partido que le ayude con sus pretensiones presidenciales.  El ex comandante Juan Ramón Medrano dice que “si Bukele cree que va ganar las elecciones de 2019 está equivocado”.  Los militantes por su lado, se han limitado a publicar y debatir en sus muros las posiciones de estos personajes, incluyendo las recomendaciones y falta de presencia territorial de Bukele en publicaciones de Paolo Luers. Además de limitado y aterrorizado, el enfoque de los defensores del statu quo, es ambivalente al menospreciar la capacidad de Bukele y a la vez poner  todas las trabas legales y mediáticas posibles al emergente movimiento.

Por otro lado, las opiniones de los militantes del frente parecen contrastar con las de sus compañeros desempadronados del partido entre 2009 y 2012 después de la elección de Funes. Estos borrados de la nómina partidaria, junto a los jóvenes adeptos a Nayib Bukele o simplemente detractores del FMLN y ARENA son la mayorí­a abrumadora que debate en las redes sociales.  Entre los exiliados por la guerra, desterrados por los terremotos y la violencia vecinal hacia Estados Unidos, cobra fuerza una organización que parece sentir que esta es la suya.  En algunas ciudades de dicho paí­s ya están legalizando las organizaciones con las que apoyarí­an al movimiento en El Salvador.  Aunque no esté claro su apoyo a Bukele o al derrumbe de la clase polí­tica, parece que en terreno cibernético el movimiento Nuevas Ideas está ganando la batalla a los que apoyan a los partidos tradicionales.  Los areneros están jugando un bajo perfil en esta coyuntura. La mayorí­a no parece percibir que el asunto que los tiene en conflicto no es la salida del alcalde Nayib Bukele, sino la percepción del rol que han jugado los partidos polí­ticos frente a la situación de inseguridad económica y social que vive el paí­s, exacerbada cada dí­a más con la violencia que no cesa debido al creciente control territorial e influencia en los órganos del estado que ejerce el crimen organizado.

A juzgar por la complejidad de intereses aglutinados en la oposición al status quo que epitomiza Nayib Bukele, el edil no podrí­a responder a todos siendo presidente.  Además de la diversidad polí­tica e ideológica de la base que se está formando, Bukele no contarí­a con el apoyo de los partidos representados en el primer órgano del estado para echar adelante un plan de gobierno consecuente con quienes lo apoyan.  La Constitución aprobada por la Asamblea constituyente, que bajo la presidencia de Roberto D’aubuisson hizo omnipotentes a los partidos polí­ticos en 1983, es la que ventila o empantana cualquier plan gubernamental. Contra esa prerrogativa que tienen ARENA, FMLN y los demás partidos es que la población pensante, que quiere honestamente democratizar al paí­s, deberá dirigir sus baterí­as. Es la apertura a candidaturas independientes que le darí­a igualdad de derechos polí­ticos a los patriotas que desde el exterior están participando en mejorar sus vecindarios, comunidades y que en definitiva reducen la pobreza del paí­s.  Los gobiernos de ARENA y FMLN se han limitado a canalizar la ayuda monetaria de los hermanos lejanos para desarrollar su paí­s, pero no les han dado espacio para participar en su administración, lo cual no solo es de limitada solvencia, sino que refleja una visión pobre y estrecha.

Pero como la causa y solución a la problemática no es Nayib Bukele, su triunfo electoral no detendrí­a el descontento entre la población que por ahora se aglutina a su alrededor.  Allí­ es donde la clase polí­tica y especialmente el frente fallan, no solo en subestimar la capacidad del por hoy lí­der de dicho movimiento, sino a la masa que se educa, se convoca y se organiza en las redes sociales.  Tanto la falta de actualización en el uso y role de la tecnologí­a por parte de los dirigentes polí­ticos, como culpar ingenuamente el uso de las redes sociales por los jóvenes como causante de su desprestigio y derrumbe, constituyen una negligencia increí­ble. Hace una semana escuché la opinión de una persona de dirección del frente y me decí­a que la culpa es de los jóvenes que se dejan enredar por las redes sociales. Eso es como culpar a Benjamí­n Franklin y a Thomas Edison por los focos rojos de los burdeles del siglo del siglo XIX.

“Los que hacen imposible las revoluciones pací­ficas, van hacer inevitables las revoluciones violentas” John F. Kennedy.

El frente, no necesariamente su dirección, tiene una oportunidad de oro en esta crisis.  Sin salirse de la institucionalidad estatal, que es lo que abiertamente se ganó con la negociación, el FMLN podrí­a proponer una reforma constitucional que amplí­e los derechos polí­ticos de la ciudadaní­a residente dentro y fuera del territorio, que respete los derechos humanos de la mujer, garantice la seguridad social e integridad fí­sica de todos los contribuyentes de dentro y fuera del territorio. Un programa de esa altura le ayudarí­a al frente no solo a reactivar su militancia adormitada en la sorpresa, adulación y miedo, sino a reincorporar a sus ex miembros crí­ticos por hoy a la deriva, y atraer nuevos miembros que le darí­an un poder real frente las fuerzas conservadoras del paí­s. Las redes sociales han sido el vehí­culo para derribar dictaduras bien enquistadas en el poder en el norte de ífrica y resto de arabia. El activismo que tomó a las organizaciones populares salvadoreñas más de una década de pinta, pega y volanteo para concebir la lucha armada y deponer un gobierno, con Facebook y YouTube a las juventudes de hoy dí­a pueden tomarles uno o dos años. Así­ es que el FMLN y sus militantes en vez de echarles la culpa a las redes sociales aglutinadas en este nuevo movimiento que se avecina, deberí­an de aprender a usarlas, por lo menos para darse cuenta que las fronteras están abiertas para su futuro polí­tico.

Mauricio Alarcón
Mauricio Alarcón
Columnista Contrapunto

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