miércoles, 18 de mayo del 2022
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Condenas igualitarias para hombres que no apoyan la maternidad

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Sorprendentemente, para la sociedad salvadoreña, es muy fácil juzgar la acción de una mujer, sin antes juzgarse a sí­ misma sobre qué errores está repitiendo en la manera de enseñar y acompañar  a los jóvenes, y su propio actuar. Sorprendente, porque al leer los comentarios, no se observa un hombre diciendo que él, como “embarazador” no serí­a capaz de permitir que un hijo suyo pasara por algo tan penoso, por tanto, tampoco serí­a capaz de negarle apoyo a la mujer con la que se acuesta, desprotegiéndose a sí­ mismo, de un preservativo, que además le asegurarí­a salud a ambos.  Y, para más bochorno humano, las mujeres que condenan a Sandra, solo hablan desde su realidad, también obviando la responsabilidad del hombre. Quizás por suerte, ellas cuentan con trabajo, apoyo familiar, o por lo menos una fuerza incorruptible y por lo tanto incomparable con otros casos donde se culpabiliza y amenaza a la embarazada, a la que deja de ser virgen  y a la que le describen un futuro desafortunado si transgrede la meta que la familia o sociedad le proponen. Callejones sin salida.

Habrí­a que preguntarle a cada personaje involucrado en esta historia si por casualidad en su mente pasó echarle toda la culpa a Sandra de su embarazo (incluso a Sandra misma). Si el preservativo lo usan los varones, ¿por qué solo ella lo deberí­a proponer?, y  si el Pastor habla de dignidad y no caer en tentación, ¿por qué serí­a ella la única que no supo “controlarse”?. Cuando las maestras daban aviso sobre la presencia del hombre, ¿Valí­a tanto la palabra de la estudiante como para no corroborar?

Cuando un adulto se cierra y pregunta con un afán de condenar, mortificar y proyectar un panorama de castigo, se juega con lo mismo que en el libro del Génesis de la Biblia sucedió, algo como: “no vayas a decepcionarme, porque te morí­s y te mando al infierno” en vez de: “lo que sea que hagas, protege tu cuerpo y alma y cuenta conmigo”. Prohibir sin opción de acompañamiento, solo conlleva a caer en error. Y según la Biblia, el Señor lo sabí­a y por eso los mandó a la Tierra, y no los dejó absolutamente solos. Esa es la parte que parece que en la casa y la escuela falta aclarar. “Espero que no te equivoques, pero si te pasa, haré todo para puedas sobrellevarlo y crecer”.

Por otro lado, es sabido que biológicamente, los jóvenes están conociendo su cuerpo cambiante y nuevo que ocuparán por muchos más años de lo que duró la infancia. Se es inocente de sentir deseo y confusión por inexperiencia. La experiencia de vida otorga mejor manejo de las situaciones. Bajo esta perspectiva, igual condena caerí­a a la persona mayor, con extrema ventaja de vida y además con un oficio que darí­a para cuestionar por qué en casos de estupro o violación por parte de religiosos sí­ se permite decir que son humanos y por eso se equivocan.

En general, mientras no existan opciones legales que evalúen y  favorezcan los casos de abuso sexual, peligro de muerte y una educación laica que no condene los métodos anticonceptivos, o bien, mientras las iglesias paren de promover como mayor razón de vida la procreación desmedida de la humanidad, se van a repetir estos casos.

Señores: Si no se quieren hacer cargo de cualquier situación posterior, usen preservativo, no espere a que la mujer se acuerde de tomar pastillas y además, le funcionen, así­ se queda tranquilo de tener que hacerse cargo moral del descontrol que pueda sufrir su compañera, por su desgana de apoyo.

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Iris Monge
Columnista Contrapunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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